opinión

Reflexiones urgentes, por Raúl Dellatorre

El gobierno fue a elecciones contra sí mismo. Como mirándose frente a un espejo y preguntándose: qué hice mal, qué hice bien, qué dejé de hacer.

Reflexiones urgentes, por Raúl Dellatorre

Martes 14 de septiembre de 2021 | 19:40

En un gobierno popular, ese espejo es el pueblo. Y la imagen que le devolvió ese espejo es durísima. Lo que hiciste bien (cuidar la salud de la población) no alcanzó, porque es lo que debe hacer cualquier gobierno en una pandemia (aunque muchos no lo hayan hecho). Pero lo que no hiciste o hiciste mal, en este gobierno, el del pueblo, no se perdona: que haya hambre, pobreza, millones trabajando de forma absolutamente indigna para manotear una bandejita plástica con algo de comida. Salarios y jubilaciones que no alcanzan, frente a precios de alimentos cada vez más lejanos. A un gobierno con columna vertebral en el peronismo, eso no hay cómo dejarlo pasar.

Adonde fueron los votos no importa, al menos en este primer análisis. Ya se trate de “los mismos que nos metieron en este desastre social y económico”; o a otros que posan de candidatos “antisistema” cuando enarbolan políticas de desaparición de organismos del Estado y de las regulaciones, que es lo más funcional a los sectores dominantes en este sistema que uno pueda imaginar; o una izquierda testimonial y con invisible vocación de poder. O hayan elegido no ir a votar.

Que no se pudo avanzar en las metas de justicia social porque hubo problemas? Sí, claro. De eso se trata, de enfrentar los problemas y vencerlos. Y no se los venció. En la tierra arrasada que dejó el macrismo, también quedaron destruidas las herramientas para construir un nuevo estado de cosas. Un Estado debilitado en sus instrumentos, y un poder económico más concentrado.

En esas condiciones, la prioridad era recuperar el manejo de la política de ingresos. Y si bien el Estado del FdT intervino en favor del ingreso nominal, medido en pesos, de jubilados y trabajadores, y asistió a los no asalariados y desplazados del mercado de trabajo, no logró dominar la otra pata del ingreso real: los precios. Estos quedaron en manos del sector dominante, de ese poder concentrado, y el gobierno no acertó a tener una política que los pusiera en caja o, al menos, fijara límites a su voracidad.

Al término de esta primera mitad de mandato, este condicionamiento resultó fatal. La inflación desatada por los grupos dominantes barrió con todas las “mejoras” que el gobierno implementó en materia de ingresos de la población. Ese sector formador de precios –monopolios en la oferta de insumos principales y de productos de consumo masivo—se burló y pisoteó la pauta oficial de que “los salarios le ganen por unos puntitos a la inflación”. Ni la “ayuda oficial” vía AUH, IFE, Tarjeta Alimentar y muchos otros beneficios monetarios llegaban a cumplir sus objetivos, porque la inflación se los iba comiendo de a poco.

Ese sector dominante está atento a la puja distributiva, sin descuidar que su puja es, además, política. Y en estos dos años venció en ambas. Ganó la primera y le asestó una derrota al gobierno también en la segunda, como reflejo de esa herida en el ingreso real de la población.

La batalla es contra ese sector dominante, más que con los sectores políticos que lo representen directa o indirectamente. Desde el domingo pasado, ese sector dominante se siente ganador, y vela las armas para sus próximas conquistas, que ve venir de la mano de la debilidad del gobierno, si éste no reacciona y cambia el rumbo.

Ahora, reclaman un acuerdo urgente con el FMI, mediante un programa de ajuste que siga las pautas económicas y monetarias que ese organismo imponga.

Amenazan con una desestabilización cambiaria antes de las elecciones de noviembre, si el gobierno no cede ante sus pretensiones. La “euforia en los mercados” de este lunes no es más que una demostración de fuerza de este bloque financiero, brindando “un alivio” después de los resultados de las elecciones de las PASO, como para dejar en claro “quién manda”.

Desde la Mesa de Enlace rural también amenazan, pero dejaron en suspenso por unos días el cese de actividades en la comercialización a la espera de que el gobierno “entregue” las restricciones a las exportaciones de carne, como ellos pretenden. De lo contrario, amenazan con hacer ruido, mucho ruido, si el gobierno insiste en su política de administrar el comercio exterior.

Debería estar claro dónde está el enemigo, y que no hay forma de escapar a esa batalla: hay que darla. Debería existir la capacidad de explicarle al pueblo el sentido de esta batalla, por qué y contra quién se pelea. Debería existir una voluntad firme de fortalecer el Estado para cumplir con sus ambiciosos objetivos, en favor de las mayorías. Debería sumarse aliados en el campo nacional: trabajadores, organizaciones sociales, empresarios, víctimas de ese mismo enemigo, escuchando sus necesidades y sus propuestas para dar juntos esta batalla.

Pero hasta aquí, no se hizo. Ahí está, quizás, parte de la explicación de la distancia entre el voto minoritario que se cosechó y las grandes mayorías que debería representar este proyecto de gobierno.

Raúl Dellatorre. Director de Motor Económico y Motor de Ideas/ Economista y periodista-

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