armas a Bolivia

Jorge Rachid: El "plan cóndor" vive para derrocar gobiernos democráticos populares

No se necesitan militares entrenados en la Escuela de las Américas de Panamá bajo la doctrina de Seguridad Nacional de los años 60, tampoco es necesario implementar Alianzas para el Progreso o el ALCA, como justificativos de la colonización de excusa económica. Desde el Consenso de Washington en adelante está claro que la democracia debe tener un solo signo: o es el Mercado ordenador social y económico o no es democracia.

Jorge Rachid: El

Sábado 10 de julio de 2021 | 20:44

En función de esa máxima, imponiendo un universal colonial, se han desarrollado en la región una serie de instrumentos jurídicos, políticos, mediáticos, de servicios secretos y operaciones económicas, destinados a deteriorar, denigrar, perseguir y encarcelar dirigentes populares, en procesos destituyentes y judiciales, utilizando herramientas institucionales corruptas, que han deteriorado las democracias como eje de representación de los pueblos.

Han sido los procesos neoliberales, brutales en lo social, asaltantes de los bienes soberanos, saqueadores seriales, asesinos en la represión política, propiciando linchamientos mediáticos y creando enemigos ficticios en las Comunidades excluidas, sin excepción en América Latina.

Nunca dudaron ni antes ni ahora, de avanzar a cualquier precio de vidas humanas, en el asalto al poder. Lo han realizado, con los cipayos locales en la coordinación necesaria de sus empleadores y financiadores, que además cooptaron los organismos internacionales regionales para tal fin, cuyo primer paso era la destrucción del UNASUR.

Por esa razón poner el foco de los acontecimientos de Bolivia, en la provisión de armamento de la Argentina y el apoyo del entonces Presidente al gobierno usurpador, no alcanza porque no nació de su inteligencia política, sino de las órdenes emanadas desde los círculos de poder que manejan el Plan Cóndor vigente.

Así como en los 70 secuestraban y asesinaban personas, hoy destituyen gobiernos, con la coordinación política de la OEA y al apoyo de los países miembros del Grupo de Lima, justamente creado para diluir el UNASUR, bloquear Venezuela, Nicaragua y Cuba, más allá de cualquier razón esgrimida, avasallando la voluntad de los pueblos.

Decía Hannah Arendt en el juicio a Eichman en Israel, que la “banalidad del mal” es lo insoportable de saber que personas de vida cotidiana, familiar y social, a la hora de ejecutar órdenes son fríos asesinos, con la precisión quirúrgica necesaria, que les exigen sus colonizadores, como bono de entrada al mundo de los privilegios. Esa colonización del sentido, ejercitado por los medios hegemónicos y una oposición filonazi, sigue hoy en nuestro país, pese a la victoria del Gobierno popular, con el objetivo de destituirlo.

No son amores ideológicos, son intereses concretos que llevan a ejecutar órdenes como llevar armas a Bolivia o encarcelar a Lula, perseguir a Correa o derramar cientos de procesos judiciales armados por los servicios secretos locales e internacionales.

El espionaje es la principal arma de acumulación logística, la extorsión la forma de empleo direccionada, la ejecución siempre en manos locales que se manchan de sangre. Pasó con las dictaduras cívico militares, pasa con los procesos de democracia limitada al Mercado y la cooptación de dirigentes políticos y sociales, más otros salidos desde la fábrica de imágenes, antes que del compromiso con el pueblo.

El resultado es siempre el mismo, dolor social inmenso, exclusión de las mayorías populares, represión y asesinatos, bombardeo sobre la opinión pública con falsas noticias, manipulación de la Justicia, pérdida de los derechos individuales y sociales en un magma de gran hermano político, que termina volcando personajes débiles, egoístas o ambiciosos, arrojados a los brazos del colonizador.

Es difícil instalar una verdad cuando la mentira impera dominante, tan débil como una lucha sin pueblo, en donde las supuestas vanguardias llena de verdades claman por una revolución que la comunidad no acompaña, por estar mimetizada con los cantos de sirena del enemigo, como Ulises que tuvo que atarse al palo mayor para no caer seducido por las guerreras en Artemisa y seguir su viaje a Cirse.

Pero lejos de atarse como Ulises, en la lógica neoliberal de la cultura dominante, la construcción del pensamiento pasa por el dominio de la voluntad hacia el crecimiento infinito, del consumo voraz, del individualismo como proyecto de vida, situaciones de vida que van naturalizándose entre las comunidades antes solidarias, llevándolas por generaciones a la diáspora social.

Así funciona el Plan Cóndor en América Latina, desde lo político pero de armas llevar, ante el menor fracaso de los otros instrumentos institucionales, jurídicos o mediáticos de destrucción masiva de las esperanzas de los pueblos, destruyendo proyectos de vida, implosionando comunidades, dividiendo familias, instalando el odio como paisaje político, el caos como fórmula de agitación y la crisis siempre “terminal” para justificar procesos destituyentes o golpistas.

Esa lucha esos colonizadores externos e internos la llaman “grieta” cuando son dos modelos confrontados en la construcción de modelos sociales y económicos. Pudieron llamarlo federales y unitarios, monárquicos o republicanos, probritánicos o españolistas, revolucionarios y conservadores, personalistas o anti, peronistas o anti, liberales o populistas pero siempre con la misma estructura de pensamiento: Patria o Colonia.

Esta situación se vivi hoy en Latinoamérica, con mayor virulencia desde la pérdida de hegemonía del imperio del norte, en sus incursiones fracasadas hacia el Oriente lejano, con una pérdida notable de la influencia del dólar en las operaciones comerciales y financieras, con predominio del Banco Asiático de infraestructura e inversión frente al FMI, con el avance del yuan en operaciones cruzadas con libra esterlina, rublos y otras monedas, con Europa volcándose al Pacífico, remontando el silo XVl de su despertar Atlántico, perdiendo la centralidad del mundo oocidental.

Por eso sufre Latinoámerica, porque el neoliberalismo libra en estas pampas su batalla final, en su patio trasero, pretendiendo seguir usurpando soberanías y controlando económica y políticamente. Es el resultado esperado de una derrota que marca el principio del fin, que como todo imperio tomará su tiempo e intentará recuperarse como hizo Roma ante su inminente caída, adoptando el cristianismo, recreándose en nuevas máscaras políticas, pero sin el ejercicio hegemónico del mundo. América latina es el último bastión del mundo Unipolarn, de ahí nuestra preocupación por los tiempos a venir que deben ser claramente des-coloniales.

El peronismo es la llave en su Comunidad Organizada de esa ecuación, es la fuerza coordinada de la memoria e identidad de los pueblos latinoamericanos, por fuera de los esquemas economicistas tanto de capitalismos de Estado como liberales, es la recomposición de los seres humanos y la naturaleza en un mundo más digno y más justo, donde vivir valga la pena, sin excluidos ni miserables, ni descartables, sino integrados en una comunidad de Justicia Social donde las instituciones del Estado estén al servicio de las mayorías populares y no sirviendo la mesa de los privilegiados del poder.

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