POLÍTICA

El método y la época: "Al Gobierno le falta construir una epopeya propia"

"El Frente de Todos (FdT) fue un “contrato electoral” exitoso. Exitoso porque ganó, pero antes de eso, porque le permitió al peronismo construir un canal de diálogo con la Argentina “líquida”. Ese conglomerado flexible que no forma parte de las dos minorías intensas, que cohabita el centro del espacio político, que pendula y define elecciones en el sistema político. La Argentina aspiracional.

El método y la época:

indiepolitik.blogspot.com // Miercoles 14 de octubre de 2020 | 11:34

Sin embargo, desde el 10 de diciembre a esta parte, el FdT no logra resolver satisfactoriamente un “contrato de gobierno”: una agenda y una cadena de mandos. El gobierno funciona como un esquema de pujas y vetos cruzados, con una agenda minimalista, muchas veces en pugna, y un liderazgo más enfocado en administrar tensiones internas que en conducir y transformar. El “método” Frente de Todos.

El problema con este método, tenue, incrementalista, que podría funcionar en una democracia desarrollada sin necesidades de reformas estructurales, es que, gobierna un país que precisa una terapia de shock para poder avanzar. ¿Puede modificarse un método? Si, en tanto dispositivo colectivo. Lo que aquí denomino “un contrato de gobierno” para la coalición.

Un nuevo método. Una nueva etapa. Una “canción urgente” para la coalición electoral, que necesita dejar de ser coalición “en” gobierno, para transformarse en coalición “de” gobierno. Y en el mismo movimiento, recuperar el stock de confianza social y económica: ir por delante de las expectativas. ¿Cuáles podrían ser los capítulos de un relanzamiento coalicional anclado en un contrato de gobierno?

En primer lugar, el gobierno necesita una agenda. Necesita sacralizarla, traducirla en un plan, comunicarla y ejecutarla. Una agenda que enamore y empuje hacia el futuro. Que sea nacional y federal. Y que colonice todos los intersticios de la coalición: Poder Ejecutivo y Poder Legislativo. De lo contrario y en su ausencia, existen tantas agendas como corrientes al interior de la coalición. Una crisis de subjetividad, que alimenta el faccionismo interno y emite señales confusas hacia la sociedad (y el mercado).

En segundo lugar, el gobierno necesita resolver la cadena de mandos y dotarse de musculatura política. El Estado no puede ser un campo de batalla de las facciones de una coalición, porque ese juego balcaniza la capacidad gubernamental, aislando a la coalición de la sociedad. Una especie de endogamia gubernamental: la agenda es la coalición. Y la culpa no es de las facciones ni de su poder relativo. Ninguna facción política se va a desempoderar. El déficit es la dificultad del pináculo para constituirse y ejercer el poder político. Parafraseando a Andreotti, el poder desgasta a quién no lo ejerce.

En tercer lugar, el gobierno necesita adquirir una ergonomía anfibia. Así como la colonización privada del Estado durante el macrismo generó problemas de interacción con la realidad, el aislacionismo público respecto del sector privado puede conducir al mismo callejón sin salida: sesgos cognitivos. Es importante construir una autonomía relativa, donde las decisiones públicas incorporen el conocimiento que aporta el mercado y la economía real. Hay que salir de las lógicas binarias: mercado sin Estado, Estado sin mercado. Necesitamos un ecosistema colaborativo permanente entre sector público y privado. El poder reside en edificar una relación virtuosa entre Estado y Mercado, no en la ausencia de esa relación.

En cuarto lugar, el gobierno necesita federalizarse. Si uno se aleja unos kilómetros de la General Paz, la impresión que se desprende es que Argentina ha ingresado en una etapa confederal, donde los Gobernadores han recuperado autoridad soberana, a la par que el “Estado Nacional” se reorganiza en una suerte de “Estado AMBA”. Esa “sensación” de vacío en los territorios, podría comenzar a corregirse si se amplía el horizonte geográfico de reclutamiento de cuadros político-gubernamentales, y se correlaciona la ejecución presupuestaria con un plan y una agenda federal".

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