OPINIÓN

El mito del granero

Todo argentino ha escuchado alguna vez el mito de que Argentina fue “El Granero del Mundo”, pero casi ninguno actualmente vivo llegó a conocer realmente aquella época de bonanza económica - y mucho menos a disfrutarla ya que fue para unos pocos - en los inicios del modelo agroexportador. Incluso hoy, que Argentina sigue padeciendo de un ya acabado modelo agroexportador de materia prima sin ningún tipo de valor agregado, que aun acabado, aporta un gran porcentaje de las arcas del Estado, no puede salir a flote y hace ya unos 10 años entró en una curva negativa de decrecimiento económico que parece no tener fin y que sigue arrastrando al fondo del mar a toda la sociedad argentina.

El mito del granero

Dylan Grandicelli // Miercoles 29 de mayo de 2024 | 20:44

(Por Dylan Grandicelli) Las estadísticas del Granero del Mundo hoy son imbatiblemente negativas, con 6 de cada 10 chicos que no comen en la Argentina, y aproximadamente el 50% de pobreza según datos del INDEC, se derriba el falso mito de que producimos alimento para 400 millones de personas, cuando no le podemos dar de comer ni al 15% de ese dibujado número.

En estos tiempos que demandan velocidad de consumo, y de producción del suelo, el trabajo agricultor de nuestra extensa y rica tierra se ha centrado principalmente en la soja, ya que con los agregados químicos no agroecológicos que se utilizan en los territorios, se acelera mucho el proceso de crecimiento, cosecha y venta, en detrimento de la salud de la tierra misma y de los pobladores que rodean esas cosechas.

La fértil tierra Argentina, la famosa pampa húmeda a la que tantos tangos hacen referencia, tan extensa para producir, está siempre en manos de latifundios, de unos pocos afincados rurales que no permiten crecer a los medianos y pequeños productores rurales de alimentos, por lo tanto son estos quienes fijan el precio sin competencia tanto de lo que exportan como de lo que comercializan internamente.

Esta puede ser la matriz de una discusión de fondo en la Argentina, un mismo jugador con el monopolio de toda una cadena productiva, ya que no contentos con la tierra, también son ellos quienes fabrican los agroquímicos que usan, como es el caso de Monsanto, utilizando la tierra como un negocio financiero agroexportador sin importarles el cuidado de la tierra ni de los consumidores de lo que producen. En vez de convertirnos en un país modelo en producción de alimentos saludables y sustentables, somos presos de unos pocos terratenientes que no permiten el crecimiento de la competencia ni la diversidad de nombres en un mismo negocio.

Eligen explotar la tierra para vender lo que producen para consumo animal como es el caso del uso que le da China, nuestro principal comprador en materia agro , por encima de Brasil y Estados Unidos. Volvemos a remarcar, es un mito que se produce alimentos para 400 millones de personas, sino que el gran grueso de su producción termina siendo para consumo animal, animal que ni siquiera está en argentina dándole un valor agregado fuera de nuestro país y de nuestros esquemas de producción, animales que en muchas casos luego son comprados por argentina de forma insólita pagando el valor agregado a países que ni siquiera tienen nuestra tradición de producción cárnica.

El tema alimentos es hoy un eje central del mundo que viene, a nivel geopolítico junto con el de energía serán dos de las discusiones más centrales de los próximos años y nosotros estamos, como se dice en criollo, estamos rifando el Changüí.

Lo que se plantea es que la argentina comience de una vez por todas a transitar el Siglo XXI con un plan federal y sustentable en materia de soberanía alimentaria en el que las provincias y los municipios tomen un rol estratégico en el control de estas producciones. Recuperando el aprovechamiento del suelo que nos está faltando, nuestra militancia tiene que estar fuertemente enfocada en estos temas porque son centrales para la argentina y para quienes creemos en planificar una argentina a 50 años, que cuide sus recursos, su tierra, que cuide la salud de sus habitantes, que genere empleo y rompa con el modelo de regalar lo que se produce acá para volcarnos a formas agroecológicas y de fortalecimiento de todos los productores y no solo de los grandes, rompiendo así con el monopolio de la cadena de producción y acercando el productor al consumidor como en las viejas prácticas de la argentina de los tambos. Este es un tema que merece la pena el foco y la planificación.

En la Argentina que venga después de este desastre, debemos diagramar un programa de inversión, de potencialización y de incentivar el hábitat en las zonas rurales, así tanto como Estados Unidos y China lo están haciendo, demostrando que hay coincidencias en los modelos más contrapuestos del mundo cuando de cuidar realmente a la población propia se trata.

Hay que incorporar estos territorios a la agenda política argentina, ya que en definitiva son la gran extensión de nuestra tierra, Por supuesto esto acompañado de un programa ferroviario, de conectividad, de vías terrestres y navegables, de acceso a la tierra, a la vivienda con planificación y no hacer casas por hacer, de universidades públicas bien distribuidas, de tecnología al servicio del valor agregado.

Así generando un todo que revierta la matriz de concentración poblacional y productiva tan dañina que tenemos y que tantos problemas nos ha causado, tanto directa como indirectamente. En la hora de repensar la argentina y de volver a ser una potencia, esta cuestión no puede quedar afuera para terminar con el centralismo y los problemas estructurales que hasta hoy solo han generado una mirada puesta en el área metropolitana abandonado el resto del país.

Si realmente queremos salir adelante, es menester garantizar una mejor calidad de alimentación en la población y de potenciar todo lo que se puede generar en torno a la cadena productiva y en cada comunidad, no se puede mirar adelante con esta escandalosa cifra de gente con hambre por debajo de la línea de indigencia que nos brinda el INDEC.

 

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