El período proselitista se vio sacudido por infortunios, hechos de violencia y hasta un caso de campaña sucia que enrarecieron el clima. La falta de debate en Provincia fue el corolario justo de la campaña.
Diego Bocchio // Jueves 24 de octubre de 2013 | 22:14
La mejor síntesis de la campaña electoral 2013 la sirvió en bandeja Elisa Carrió, candidata a diputada del frente porteño UNEN, con la imagen de su figura recostada en el pavimento, en el marco de uno de sus tantos tiroteos verbales con el senador K Aníbal Fernández. Es la discusión política por el piso.
Menos gráficos, muchos de sus colegas aportaron a la causa. Dos que no son candidatos en estas elecciones pero que siempre ganan pantalla con declaraciones altisonantes, el propio Fernández y el procesado jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, se cruzaron duro esta semana y la edificante discusión acabó con un desafío a concurrir juntos a someterse a una rinoscopía.
Otro legado clave de esta campaña deslucida lo aportó la provincia de Buenos Aires, donde, una vez más, fue imposible materializar un debate público entre los principales candidatos. En esta ocasión, fue el tigrense Sergio Massa quien eludió el debate, como otras veces fueron los postulantes kirchneristas los que desistieron del convite.
Así, lo que el candidato “renovador” renovó fue la vigencia del viejo apotegma de la política criolla según el cual quien marcha adelante en los sondeos no concede debate, donde es más lo que arriesga que lo que tiene para ganar.
Pese a que el escenario para la candidata a senadora por
En la categoría de diputados, en tanto, se produjo uno de los puntos más altos de esta campaña alejada de cúspides, con el debate entre Juan Cabandié y Elisa Carrió, con Sergio Bergman como espectador de lujo.
Lástima que fue apenas un debate en cada caso, exclusivamente en los estudios de un solo canal de televisión -de cable- y sin la presencia de los postulantes que vienen remando desde atrás. Uno de los interrogantes que deja flotando la cuestión es por qué no se toma a las universidades públicas como escenarios de debate.
Infortunios
La dolencia y posterior intervención quirúrgica de la presidenta de
En otro registro, el nuevo accidente ferroviario de Once también removió sensibilidades al tocar una fractura expuesta en la sociedad, fundamentalmente en el Conurbano Oeste, que es la subregión cuya población más demanda el servicio del Sarmiento.
Violencia
El ataque en Santa Fe a la casa del gobernador Antonio Bonfatti, y la emboscada en Jujuy a la candidata kirchnerista Milagro Sala, aun cuando no estén dilucidados todavía sus responsables, motivaciones ni posibles conexiones con la coyuntura política, sin dudas enrarecieron el clima preelectoral.
Se trató de dos episodios demasiado graves: el primero, se sospecha, encerró un mensaje mafioso al dirigente socialista por parte del narcotráfico. Para uno de los principales rivales del Frente Progresista de Bonfatti, el exmandatario provincial Jorge Obeid, fue ni más ni menos que “el hecho más grave desde la vuelta a la democracia”.
El segundo episodio pudo haber terminado en el asesinato de la reconocida dirigente social jujeña. Según el fiscal que investiga el caso, los perpetradores del atentado “dispararon a matar” a Milagro Sala.
Ante ese panorama, los episodios de violencia política que se observaron en el Conurbano bonaerense parecen simples anécdotas; empero, fueron múltiples y de peligrosas connotaciones, aunque no todos hayan tenido la misma trascendencia mediática.
El más promocionado de los episodios fue el ataque a la caravana de Sergio Massa en
Derrapes
Carrió no fue la única en derrapar en la campaña. El candidato del Frente de Izquierda y de los Trabajadores Néstor Pitrola lució carriotizado al burlarse vía twitter del accidente que produjo la muerte de una diputada nacional y el delicado estado de salud que mantiene en terapia intensiva hasta hoy al gobernador sanjuanino.
El día anterior a ese tuit “desafortunado”, había sido la propia Carrió quien había caminado por la cornisa ironizando sobre la salud de la presidenta, recién operada.
En territorio bonaerense, Sergio Massa aportó sus propias anibaladas.
Campaña sucia
El episodio con Cabandié hizo extrañar las operaciones kirchneristas de 2005 y 2007. Al menos, en aquellas oportunidades sí se denunció a los episodios como “campaña sucia”.
Curiosamente, la filmación a un civil por parte de un miembro de fuerzas de seguridad, y la súbita aparición de esa grabación efectuada varios meses atrás a sólo dos semanas de las elecciones, no mereció esa lectura mediática, y en cambio alimentó una carnicería mediática, si se quiere, similar en (des)proporcionalidad a la que se vio en 2011 con Fito Páez, masacrado por los medios dominantes “por pensar diferente”, como bien señala el cineasta exitoso y fiscal de UNEN Juan José Campanella.
Coberturas desproporcionadas
Hay que decir que aquel tuit desafortunado al que nos referimos antes le permitió, al menos, entrar en el mapa mediático a Pitrola: ninguno de sus proyectos, argumentos, declaraciones, mereció, para el prisma de los medios de comunicación, la repercusión que se le concedió a aquel gaffe. Aquí es donde nos corresponde a los comunicadores asumir la cuota parte de responsabilidad que nos compete en el deterioro del debate público.
Otro asunto para debatir entre colegas es el desequilibrio en las coberturas. En Buenos Aires, Massa e Insaurralde tuvieron un grado de exposición obscenamente superior al de la candidata que salió tercera en las PASO, Margarita Stolbizer, cuya invisibilización fue vergonzante. Otras fuerzas menores por izquierda y por derecha, aquí no es asunto de ideologías, tampoco han tenido posibilidades de mostrarse a las grandes audiencias más allá de las que, merced a la reforma política de 2009, les proporcionó el Estado vía Dirección Nacional Electoral.
De este lado, también tenemos que poner las barbas en remojo.