El triunfo 3-2 sobre Estados Unidos en el Clásico Mundial de Béisbol no solo corona a una generación dorada en lo deportivo. En las calles de Caracas y en la diáspora, la sensación es de un quiebre histórico: el fin de una narrativa de postergación y el inicio de un ciclo donde el éxito vuelve a ser una posibilidad tangible.
Redacción EnOrsai // Viernes 20 de marzo de 2026 | 07:38
Hay victorias que se explican en la planilla de estadísticas y otras que necesitan del diccionario de la cultura popular para cobrar dimensión real. Lo que sucedió en el diamante ante los Estados Unidos fue, en los papeles, un 3-2 ajustado con el sello de Wilyer Abreu y la solvencia de Eugenio Suárez. Pero en el corazón simbólico de Venezuela, lo que ocurrió fue un exorcismo: finalmente, se cortó la mufa o, como dicen allá, “se fue la pava".
Durante años, la "pava" —esa versión caribeña de nuestra mala suerte sistemática— pareció ser la única constante para un país atravesado por tensiones políticas, asfixia económica y una mirada internacional que solo devolvía postales de crisis. El béisbol, deporte nacional y refugio identitario, marca ahora el fin de esa inercia y el comienzo de algo nuevo.
El fin del maleficioEl campeonato no es un hecho aislado. Se da en un contexto en el que Venezuela busca nuevas señales de normalidad y recuperación. En términos de comunicación política, el triunfo opera como un potente unificador. Logró lo que la diplomacia no pudo: un consenso absoluto entre quienes se quedaron y quienes se fueron, una alegría sin grietas ni matices.

En el plano externo, el impacto es igualmente estratégico. La imagen de una Venezuela competitiva, técnica y ganadora en un escenario global —venciendo nada menos que a la potencia norteamericana en su propio juego— proyecta un "soft power" que airea la narrativa país y construye confianza. Es el talento imponiéndose sobre el estigma.
La épica como motorComo bien sabemos en estas latitudes, el éxito deportivo no resuelve las deudas estructurales, pero sí modifica el humor social, que es el combustible de cualquier proceso de cambio. “Se fue la pava”, la versión venezolana de “se cortó la mufa” es el grito de un pueblo que decide empezar a creer en su propia capacidad de gestión y éxito.
El desafío, por supuesto, vendrá mañana. Para que este hito no sea una anécdota en el almanaque, la confianza recuperada en el estadio deberá encontrar su correlato en la economía y las instituciones. Por ahora, queda el sabor de la épica y una nueva esperanza: Venezuela ya no es el equipo que "casi" gana, sino el campeón que se animó a cambiar el viento de la historia.