MODELO ECONÓMICO

El éxito del neoliberalismo es hacer crecer el capital en detrimento de los trabajadores

Un texto de Pablo Vera que nos advierte sobre la creencia generalizada de que el neoliberalismo es un modelo económico fallido, cuando en realidad, es sumamente exitoso. El autor argumenta que el neoliberalismo ha logrado hacer crecer el capital en detrimento de los trabajadores. En este sentido el neoliberalismo no es un fracaso, sino una doctrina sumamente exitosa que beneficia sólo a un sector.

El éxito del neoliberalismo es hacer crecer el capital en detrimento de los trabajadores

Pagina 12 // Lunes 03 de abril de 2023 | 06:37

(Por Pablo Vera) Llevo meses conversando en toda la provincia de Buenos Aires con cientos de personas sobre la historia de los modelos económicos en la Argentina, y llegó el momento de dejar algo en claro: es mentira que el neoliberalismo representa un fracaso. Al contrario: el neoliberalismo es una doctrina sumamente exitosa. Tuvo y tiene gran éxito haciendo crecer el capital en detrimento de los trabajadores.

En mis charlas comparto un cuadro del Fondo Monetario Internacional. Se llama “Perspectivas de la Economía Mundial 2017”. Allí se observa que tanto en países centrales como periféricos la participación del trabajo en el ingreso viene bajando en forma sostenida. En el período 1970 a 2015, en los países centrales bajó de casi 55 por ciento al 40 por ciento. En los periféricos, del 49 al 37 por ciento. En el caso de la Argentina la participación del trabajo era del 50 por ciento en 1975, año del Rodrigazo. En dictadura, en 1977, llegó al 25 por ciento. Se recuperó hacia 1992, volvió a caer en 2001, en 2015 volvió a tener valores similares a los anteriores al Rodrigazo y cayó nuevamente con el macrismo.

Cada vez que muestro estos números y digo mi conclusión sobre éxito del neoliberalismo, la gente me mira mal. Veo caras de enojo. Ya estoy empezando a dudar si sigo con el cuadro o no, porque un día me van a echar, irritados con el mensajero. Y sin embargo, me gusta esa función. Ya fui mensajero en Mar del Plata, Miramar, Villa Gesell, Pinamar, Pila, Ayacucho General Madariaga, Carmen de Areco, Capitán Sarmiento, La Plata, San Vicente, Rauch y Ranchos.

El oficio tiene sus ventajas. Si andan por Rauch no dejen de comer cordero a la cacerola. En Carmen de Areco, empanadas. Y el salame y el queso de General Madariaga son imperdibles.

El cuadro del Fondo y su análisis posterior sirven para analizar las ideas de Mauricio Macri sobre que la Argentina debe insertarse sin trabas ni condiciones en el comercio internacional. Las charlas empezaron cuando escribí un texto, “Pelando la cebolla”, sobre el libro con el que Macri parecía estar buscando un segundo mandato. Las continué una vez que anunció el abandono de la candidatura porque sigue siendo uno de los líderes del PRO y de Juntos por el Cambio y porque el resto también se apega a lo que Macri pregona.

Ignoro si Macri sabe que su interpretación del mercado mundial tiene algunos añitos de antigüedad. David Ricardo, que murió hace 200 años, cuando expuso su teoría de las ventajas comparativas definió que cada país debe especializarse en lo que produce a menor costo respecto de otro país. Sintéticamente, la Argentina debía especializarse en bienes agropecuarios y la Inglaterra del siglo XVIII y XIX en bienes manufactureros.

La visión de Ricardo es muy provechosa para… Inglaterra, claro. Pero, ¿Inglaterra siempre pensó así? No, claramente. Primero fue proteccionista y luego, cuando su industria ganó competitividad, adhirió a la práctica de las ventajas comparativas. Y además, en pleno siglo XXI no podemos afirmar livianamente que el libre comercio internacional existe. Hay una batería de restricciones, restricciones, subsidios, promociones impositivas y créditos blandos.

Pasa lo mismo con los Estados Unidos. Con Donald Trump el lema era “America first”, o sea Estados Unidos por sobre todas las cosas. Con Joe Biden la clave es la relocalización de las industrias. Ésa es la manera en que los Estados Unidos le dicen adiós a la globalización y el libre comercio.

Las leyes de Reducción de la Inflación y la CHIPS, sobre tecnología, permiten subsidiar con una suma de 52.000 millones de dólares a los empresarios norteamericanos que instalen en territorio de los Estados Unidos fábricas de microprocesadores, y con 7.500 dólares a los compradores norteamericanos que adquieran vehículos fabricados con componentes elaborados en los Estados Unidos. Biden en su informe sobre el estado de la Unión del 9 de febrero de 2023 dijo: “Los automóviles actuales necesitan hasta tres mil chips cada uno, pero los fabricantes de automóviles estadounidenses no podían fabricar suficientes autos porque no había suficientes chips, y no podemos permitir que esto vuelva a ocurrir”. Más aún: “Nos estamos asegurando de que la cadena de suministro de EE.UU. empiece en EE.UU.“. La globalización, bien gracias.

Ni Macri ni Javier Milei ni Patricia Bullrich ni Horacio Rodríguez Larreta se detienen en estos datos reales. Incluso cuando salen de Ricardo y toman ideas del siglo XX, se quedan con doctrinas antiguas. No son ni originales ni novedosos. Solo repiten los slogans que propagandizó en 1947 Friedrich von Hayek en la sociedad Mont Pelerin, que con una mezcla de secretismo y dudosas financiaciones se propuso combatir contra el Estado y los sindicatos.

Fue en Mont Pelerin en 1947, hace ya nada menos que 76 años, donde nació el neoliberalismo como doctrina. Se implementó en 1973 con Augusto Pinochet en Chile, en 1976 con Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz en la Argentina, en 1979 en el Reino Unido con Margaret Thatcher y en 1981 con Ronald Reagan. Y la economía mundial no creció con ellos como había crecido desde 1945 a 1975, cuando el mundo aplicó doctrinas opuestas a las de Mont Pelerin.

Los dirigentes del macrismo y de las variantes ultraliberales como las de Milei y José Luis Espert tampoco se corrieron ni un centímetro de las ideas neoliberales. Y cada vez que viene a la Argentina disfrutan de las ideas montpelerinistas de Mario Vargas Llosa y no de sus novelas. Según ellos la supuesta distorsión que provoca la intervención del Estado fijando salarios mínimos, o los sindicatos fijando salarios de convenio, impide que el mercado funcione en equilibrio vía la libre articulación de oferta de trabajo y demanda de trabajo. En criollo, el Estado y los sindicatos impiden que el capital pague por debajo de esos pisos salariales. Conclusión, Estado y sindicatos son los responsables de la desocupación. Derivación práctica, hay que restringir la participación del Estado tan solo a salud, seguridad y justicia. Hay que limitar la acción de los sindicatos. Y si vemos la práctica de los últimos años, como la reunión de funcionarios de la Provincia bajo María Eugenia Vidal y agentes de inteligencia, si se crea una Gestapo anti-sindical la solución sería completa.

La reacción de las vecinas y vecinos en estas charlas es el rechazo de esas políticas, y luego surge la pregunta de qué hacer para impedir que gobiernen de nuevo. Allí inexorablemente afloran matices. Hay desconcierto, decepción y hasta bronca porque el Frente de Todos, dicen, no está cumpliendo con su compromiso electoral.

El consenso es que los problemas no se pueden negar. Ni tapar la inflación que supera el 100 por ciento ni disimular los niveles de pobreza.

Muchos proponen un pacto social entre trabajadores, empresarios y Estado que congele precios por 90 días y dé una señal de estabilización gradual. Surge la idea de un debate profundo acerca de las rentas extraordinarias, y de cómo desenganchar realmente los precios internacionales de los locales, mientras se profundizan las políticas de segmentación. Y está Vaca Muerta como vector de competitividad. ¿No podemos abastecer a nuestra industria con energía más barata, producto de que gran parte del costo aquí es en pesos, y salir así del concepto de commodities a precio internacional? ¿No será posible que nuestros gasoductos, más allá de transportar gas para exportar, rompan con la maldita tradición que tuvieron las vías férreas desde la estancia al puerto, en lo que Alejandro Bunge definió como país abanico?

En mis recorridas registro un enorme deseo de contar con ámbitos de debate, de polémica y de participación Escucho y observo cierto hartazgo por las peleas internas, los off the record, los ataques por Twitter entre dirigentes.

Más allá de broncas y desconciertos, en nuestro pueblo hay memoria y nadie se da por derrotado. Ya salimos de situaciones complejas. Pasó en el 2001 y pasó en el 2003, a partir de la asunción de Néstor Kirchner.

Una aclaración por si van a Rauch. No le tengan miedo al cordero a la cacerola. Tranquilos, que no lo hacen nada grasoso. Más pesado es otro menú que ojalá no vuelva.

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