Inodoro Py

D’Alessio le ofreció a Eurnekian “llegada al juez Bonadío y al fiscal Stornelli”

Cómo fue el fallido intento de Marcelo D’Alessio de tomar la defensa del empresario Eduardo Eurnekian ofreciéndole “llegada al juez (Claudio) Bonadio y al fiscal (Carlos) Stornelli”. Luego de una reunión desopilante Eurnekian, dueño de Corporación América y Aeropuertos Argentina 2000, no lo recibió más. El siguente paso: fue allanado por Bonadío, tanto en su empresa como en tres domicilios. El intento de hacerle una cámara oculta extorsiva a su abogado, Javier Landaburu.

D’Alessio le ofreció a Eurnekian “llegada al juez Bonadío y al fiscal Stornelli”

Por JUAN ALONSO para Nuestras Voces // Viernes 15 de marzo de 2019 | 07:53

Corría el mes de noviembre de 2018 y el presunto agente de la DEA y la NSA estadounidenses y supuesto contratado free lance de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Marcelo Sebastián D’Alessio estaba obsesionado con obtener una ganancia de 600 mil dólares. Por intermedio de un contacto en común llegó hasta el despacho de uno de los empresarios más ricos y poderosos de la Argentina y de América del Sur. En ese momento, Eduardo Eurnekian, el fundador de la Corporación América, estaba ocupado por la investigación que desarrolla el juez Claudio Bonadío por la presunta “carterización de la obra pública”.

Una causa notable que en vez de tener como prueba encuadernados con fotos de un cuaderno, y arrepentidos que balbucean datos inconexos sobre gas licuado, valiéndose de pericias y peritos falsarios; contiene empresarios “en ablande” como los autos, que musitan una supuesta componenda cuyo máximo representante local durante décadas acaba de fallecer y fue el padre del presidente de la República, Franco Macri. Como se sabe, el fin de su existencia diluyó secretos.

Aunque en esos días aciagos de noviembre y diciembre de 2018, Eurnekian había contratado a uno de los estudios más cercanos al presidente, el de Landaburu, Feder, Carrió, Mayer y Rosental con el fin de enfrentar cualquier situación procesal.

La cifra que habría recibido el abogado Javier Landaburu por representar a Eurnekian sería cercana a los 600 mil dólares. Ese dato delicado llegó hasta los oídos de Marcelo Sebastián D’Alessio por las líneas de su servicio de inteligencia paraestatal, con conexiones en Maine, Estados Unidos, entre otras agencias de espionaje internacionales. Entonces, ¿qué hizo? Llamó a una de las secretarias de Eurnekian y concretó una entrevista desopilante con el empresario acostumbrado a tratar con jeques árabes, billonarios de Asia y los principales magnates de China, Europa, Estados Unidos y Rusia.

¿Qué anhelaba D’Alessio? Quedarse con la defensa de Eurnekian y “mejicanear” a Javier Landaburu. ¿Qué estrategia practicó? Las enseñanzas mal interpretadas del genio chino de la Guerra, Sun Tzu: sorprender al enemigo en su flanco presumiblemente débil, pero no con mesura, sino con la soberbia basada en la megalomanía. Con su excesiva verborragia acostumbrada al programa de los “Animales” y los pasillos con olor a orina y cloaca de los Tribunales de Comodoro Py, le habría manifestado a Eurnekian que él (Marcelo Sebastián D’Alessio, “abogado”) le garantizaba la más absoluta efectividad en el ejercicio de la defensa penal porque, habría asegurado:

-Eduardo, tengo llegada al juez Bonadío y al fiscal Stornelli.

El empresario Eurnekian, como suele hacer en las entrevistas, observó a D’Alessio detenidamente y no articuló palabra. Se dieron la mano y culminó la reunión en las oficinas de Aeropuertos Argentina 2000 en el barrio de Palermo. Al finalizar el encuentro, Eurnekian preguntó a sus allegados quién demonios era el personaje y llegó a la conclusión de que se trataba de un lobbista estrafalario con exceso de ego y una personalidad psicopática.

En ese mismo instante decidió que no lo atendería más. Poco después dispuso que sus secretarias no le derivasen ninguna llamada de Marcelo Sebastián D’Alessio. Pero el espía no comprendió la negativa. Y al sentirse frustrado ideó un juego demasiado peligroso –además de haber pretendido hacerle el cuento del tío a un empresario acostumbrado a tomar decisiones estratégicas de cientos de millones de dólares en segundos- y planeó realizarle una cámara oculta a su “competidor”, el abogado Javier Landaburu. Acto que de por sí es un oxímoron, porque D’Alessio no es abogado, con lo cual habría cometido ante Eurnekian el presunto delito de “usurpación de título” penado por el Código Procesal Penal. La pesadilla perversa llevada a lo real por D’Alessio no se estancó en aventurarse hasta el mismo escritorio del empresario. Por el contrario prosiguió de las formas menos adecuadas, agraviantes, violentas, y perversas contra el defensor letrado Landaburu. Mientras que a Eurnekian lo obligaron a pasar unas Fiestas de fin de año agitadas, con sucesivos allanamientos promovidos por el juez Bonadío, quizá inspirado en el personaje ficcional “Harry el Sucio” de Clint Eastwood. Al tiempo que D’Alessio habría analizado un informe de inteligencia sobre Landaburu y planeaba realizarle una cámara oculta con elementos de altísima tecnología Israelí, material que luego sería editado en su estudio del country Saint Thomas del partido de Esteban Echeverría. ¿Para qué? Estaba convencido de que si demostraba que Landaburu “era corrupto”, podría desplazarlo y defender a Eduardo Eurnekian ante las requisitorias del juez federal Claudio Bonadío. Nada de esto sucedió. Pero ciertas acciones nada casuales, hablan de un mecanismo inquisitorial que hace dudar sobre el alcance del estado de derecho en la Argentina.

Acá la investigación completa.

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