La socióloga, Alcira Daroqui, hace un repaso sobre la situación de cárceles federales y analiza las razones que pudieron llevar a la fuga de 13 presos del penal de Ezeiza, en agosto pasado.
Redacción En Orsai // Jueves 05 de septiembre de 2013 | 16:43
Hay amenazas permanentes, violencia física exacerbada por el servicio penitenciario
La licenciada sentenció que “objetivamente nadie se puede fugar de Ezeiza, ni por sus propios medios, ni con otros presos. Es inviable fugarse”.
Al momento de repasar cómo pudo haber ocurrido la fuga masiva, señaló que “tuvo que haber connivencia y participación penitenciaria”. Para explicar el contexto en el cual se dio este hecho, Daroqui explicó que “no es casual que esté concatenado con otras fugas como pueden ser la de la autopista Richieri, del camión penitenciario y después la fuga de los genocidas del hospital militar”.
La socióloga indicó que “en las cárceles federales se sigue torturando, viviendo en condiciones paupérrimas. Hay amenazas permanentes, violencia física exacerbada por el servicio penitenciario”.
Luego de la fuga de los reclusos, Víctor Hortel tuve que presentar su renuncia como Director del Servicio Penitenciario. A los pocos días, asumió el cargo, Alejandro Marambio quien ya se había desempeñado en ese lugar.
Al respecto, le especialista del Instituto Gino Germani afirmó que “el ex director Hortel permitía la circulación de las organizaciones de la sociedad civil, al menos eso es un paso para que se puedan hacer actividades y dar cuenta de lo que sucede ahí adentro”.
Y agregó que “Inmediatamente que un funcionario de servicio penitenciario recibía alguna denuncia por torturas, Hortel los pasaba a disponibilidad”. Así argumentó que “la fuga pudo tener que ver con el desplazamiento a través de estas formas que puede hacer el servicio penitenciario.
Al respecto sobre la cobertura periodística, Daroqui analizó que “los medios se ocupan de instalar a dónde hay que poner el miedo. Inmediatamente luego de la fuga de Ezeiza, los medios hegemónicos decían que el problema eran los 13 tipos que se habían fugado”.
“Pero el problema no era que una corporación penitenciaria podría acordar una fuga, vaya uno a saber por qué, por dinero o para expulsar al director penitenciario”, concluyó.