Todo abanico parlamentario opositor votó en contra de la reforma política que en noviembre de 2009 introdujo las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatoria (PASO). Desde la UCR hasta el PJ disidente, pasando por el PRO, el socialismo, el GEN, la CC y Proyecto Sur rechazaron las PASO y el diputado radical Oscar “El Milico” Aguad dijo entonces que la nueva ley “le sirve al partido de gobierno para dirimir sus problemas en una interna”.
Ángel Lisboa // Redacción En Orsai // Viernes 25 de abril de 2014 | 18:36
Es una solución de corto plazo para ayudar a resolver la interna de Unen pero es problema a largo plazo
Hoy, las PASO son la tabla de salvación que invocan desde las heterogéneas e intrincadas coaliciones que aspiran a derrotar al kirchnerismo en 2015 y hasta proponen modificaciones para facilitar una alianza “no peronista” entre el FAUnen y el PRO luego de las primarias. Pero la desconfianza que genera experiencia de Julio Cleto Cobos como vice de Cristina Kirchner, abrió una dura discusión al interior del FAUnen.
Tal es el caso de la ahora macrista Patricia Bullrich, quien presentó un proyecto para que en las PASO solo se elija al candidato presidencial y no una fórmula presidencial, y habilitar que el vencedor pueda elegir luego su candidato a vicepresidente entre sus aliados derrotados y hasta por fuera de ellos. Una modificación que abre las puertas a una alianza entre el FAUnen y el PRO, tras las PASO del año próximo.
Una idea que también seduce a los radicales que impulsan un acuerdo entre el FAUnen y Mauricio Macri, por conformar una sola opción no peronista en 2015. Entre ellos, el ex vicepresidente Julio Cleto Cobos y el propio Aguad. El macrista Pablo Tenelli es el encargado de convencer a las otras fuerzas políticas.
La propuesta despertó simpatías en la dirigente del GEN, Margarita Stolbizer, que preparaba su propio proyecto en el mismo sentido pero pensando en mantener la cohesión interna del FAUnen tras las PASO. Tampoco despertaba rechazos en el resto de las fuerzas que integran la coalición, salvo la tímida resistencia de los socialistas que no querían quedar enfrentados con sus aliados.
Hasta que su propio aliado Martín Lousteau pasó su aviso de advertencia a sus socios: “Es una solución de corto plazo para ayudar a resolver la interna de Unen pero es problema a largo plazo”. En un repaso hacia el interior de alianza complicó aun más el panorama y las sospechas sobre Cobos y su paso por la Concertación k, reabrieron dudas, que nadie hace explícitas, sobre el mendocino. Incluso los radicales que jamás terminaron de perdonarle –a pesar de la amnistía partidaria— que haya abandonado la UCR para confluir en un frente con el peronismo, al que también terminó por traicionar.
La advertencia de Lousteau se refería a las dificultades que sufrió el sistema presidencialista argentino por la disputa entre presidentes y sus vicepresidentes, aun de un mismo partido. Lo que se agrava con una fórmula que incluya a dirigentes de distintas orientación ideológica tras una compulsa electoral, donde el puesto de vice es un premio consuelo para los derrotados.
Solo tras la recuperación democrática las experiencias sobran. La relación entre los radicales Raúl Alfonsín y Víctor Martínez tuvo duros enfrentamientos por las distintas posturas frente a los militares, aunque ambos se encargaron siempre de desmentirlas. Las peleas palaciegas entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde también fueron traumáticas. A tal punto que Menem obvió el llamado a elecciones, establecido en la Constitución, para reemplazar a Duhalde, cuando a los dos años de gestión abandonó la vicepresidencia para convertirse en gobernador bonaerense. Incluso intentó sin suerte incorporar al Pacto de Olivos la eliminación del vicepresidente en la reforma constitucional de 1994.
Entonces, en el entorno de Menem argumentaban las experiencias internacionales más cercanas. En su incipiente organización institucional, Chile incorporó en su constitución de 1828 que el presidente y el vicepresidente fueran elegidos en listas diferentes. Ese año Francisco Pinto fue electo presidente, pero ninguno de los candidatos a vice logró mayoría en la elección, lo que desató una guerra civil que finalizó dos años después. Desde entonces, en el siglo XIX, la Constitución chilena eliminó el cargo de vicepresidente. Tampoco México, Colombia y Venezuela tienen vicepresidentes.
En torno a la nuestra historia más reciente, el vicepresidente de la Alianza, Carlos “Cacho” Alvarez renunció a la vicepresidencia antes que se complete el año del mandato presidencial de Fernando De la Rúa. Cobos, en tanto, se aferró al sillón de la presidencia del Senado y no renunció a pesar que con su voto “no positivo” desempató a favor de la oposición que echó por tierra el proyecto del gobierno de implementar las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias.