opinión

"Avión terrorista", medios esclavos (Reseña de Hugo Muleiro)

El sometimiento descarado de la prensa opositora a la maniobra vinculada con el avión de carga venezolano es componente central de una ofensiva que vuelve a poner en evidencia la carencia de recursos para proteger a la Argentina de acciones depredadoras de un poder transnacional involucrado en conflictos geopolíticos que exceden al territorio

Lunes 20 de junio de 2022 | 21:29

El daño que se intenta infringir al frente gobernante, para apartarlo de cualquier propósito autónomo y de su declamado objetivo de política exterior multilateral, es solo una de las facetas de esta compleja operación internacional, en la que la inteligencia de Estados Unidos e Israel manejan como títeres a varios actores locales, a los que luego felicita.

Los eslóganes impuestos a fuerza de repetición cotidiana, con Clarín, Infobae y La Nación a la cabeza –“avión sospechoso”, “avión fantasma”- son la puerta de entrada a los relatos que ponen al Gobierno y en especial al kirchnerismo, otra vez, bajo la acusación oprobiosa de complicidad con el “terrorismo”.

La fuerza de tareas judiciales de Clarín comenzó con dos días de anticipación a anunciar lo que Estados Unidos, como era fácil de prever, terminaría por decir sobre la parte iraní de la tripulación. No es pieza menor el juez Villena, quien no tuvo mejor idea que pedirle al FBI que catalogara al piloto Ghasemi, algo tan grotesco como proponerle al presidente ucraniano que caracterice a Putin, e incluso a la inversa, como si pudiera haber en ello algún rasgo de objetividad profesional.

Pero este juez, muy bien cuidado en el despliegue mediático, ya había cometido o dejado cometer una tropelía peor: tres o cuatro horas después del aparatoso allanamiento al hotel en que se aloja la tripulación Infobae tenía fotos exclusivas de pasillos, habitaciones y rostros, en una acción procesal hecha nada menos bajo hipótesis de “terrorismo internacional”.

Santoro, cabecilla de la banda Clarín-Comodoro Pus, comenzó a saborear los “puentes” que podían habilitarse para que, como tituló, Estados Unidos “entre a la causa”. Su compañerito Van der Kooy, y Morales Solá en La Nación, ya habían publicado el mismo día notas gemelas, con palabras idénticas: “complicidad e ineficiencia” gubernamental frente al “escándalo”.

Un manejo puntilloso de los tiempos tuvo puntos salientes en los dichos del embajador Stanley y del gobierno de Israel, con el esmero de exceptuar quirúrgicamente al jefe de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, José Glinski, que con velocidad astronómica ascendió a héroe en las notas que acompañan la maniobra. Dos redactoras de La Nación escribieron que “en medio de la tormenta” este amigo fue defendido por Israel. Toda una confesión.

Aunque la mayor parte de la campaña es muy berreta, se deslizan algunas líneas preocupantes. Con desparpajo, La Nación escribió el domingo que “el caso está lejos de su punto final”, es decir que no faltarán capítulos nuevos.

En Infobae, Serra –un descendido de Clarín- fue más lejos: tecleó que este fue un “vuelo de prueba”, para “medir la reacción de la seguridad argentina” con vistas a un “trabajo posterior”, lo que con todo derecho lleva a pensar que entre los actores de la maniobra puede estar instalada la idea de propiciar un bombazo, acaso en plena campaña electoral. La manipulación política repugnante de las víctimas de los dos atentados sufridos por el país y del suicidio del fiscal Nisman dan plena legitimidad a esta sospecha.

Los hechos exceden largamente el territorio y la política argentina: Lejtman, en Infobae, ya había anticipado que la aparente buena reacción de Biden a la invitación que le hizo el presidente Fernández a la CELAC fue puesta en “revisión” por los sectores más duros de su propio país. Ni hablar ahora, con este “avión terrorista iraní”, de que el jefe de la Casa Blanca piense en una salida pacífica al conflicto con Irán por su programa nuclear.

Este periodismo independiente no sabe de límites. Clarín se atribuyó la “exclusiva” del obvio informe del FBI contra los iraníes, en el momento en que Infobae ya lo había publicado. Lanzado a hacer los deberes, Van der Kooy le reprocha a la ex interventora de la AFI Cristina Camaño el crimen de reivindicar el derecho del pueblo palestino a vivir en su territorio, donde las fuerzas israelíes de ocupación cometen innumerables crímenes.

Morales Solá escribió que es cierto que el avión transportó autopartes de automóvil, pero en verdad –nos ilumina- el viaje se debió a una misión iraní-venezolana. Esta formidable deducción se inspira sin duda en desventuras de Harold Mastropiero, el hermano de Johan Sebastian, que como relata Les Luthiers regenteaba en Nueva York un sórdido local de apuestas ilegales y cabaret clandestino, para esconder la fuente verdadera de sus ingresos: en los fondos operaba un almacén.

Pero como estos mandaderos cumplen órdenes de gente pesada, no hay nada de qué reír: en los pocos espacios que la maniobra dejó disponibles para otros temas, Lanata recuperó el sábado la idea de que el Gobierno no llega a 2023, una proyección que su ex compañero Longobardi desarrolló otra vez pero ya con guión a futuro: que quienes fueron votados mayoritariamente se vayan y vengan otros.

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