DE OTRO TIEMPO

Los trogloditas de La Nación vuelven a hablar de los dos demonios

De pura bronca parece haber salido el editorial de este sábado del diario La Nación sobre la aprobación en Diputados de que el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo sea emblema nacional.

Los trogloditas de La Nación vuelven a hablar de los dos demonios

Javier Lema - Redacción Enorsai // Sábado 05 de julio de 2014 | 13:01

La Cámara de Diputados de la Nación aprobó casi por mayoría absoluta que el pañuelo blanco de las Madres de Plaza de Mayo sea declarado emblema nacional, el mismo rango que la bandera, la escarapela y el escudo patrio. Esto valió para que el matutino porteño La Nación arrojara su ira en tinta contra el kirchnerismo, la oposición, las Madres de la plaza y que se basara en la teoría de los dos demonios para defender su posición.

 

La editorial del diario cuenta que “La iniciativa conlleva un contenido desafiante, claramente ideológico y sectario”. Lo de sectario, luego se aclara, viene a cuento de que no se respecta a “las víctimas del otro bando”. Como si los pañuelos blancos no hubieran sido tomados en muchísimos lugares del mundo como símbolo a secas de los derechos humanos.

 

“Sólo encontró rechazo en siete diputadas: Patricia Bullrich (Unión Pro), María Azucena Ehcosor (Frente Renovador), Laura Esper (Frente Renovador), Elisa Lagoria (Trabajo y Dignidad), Silvia Majdalani (Unión Pro), María Schwindt (Frente Renovador) y Mirta Tundis (Frente Renovador)”, cuenta el editorialista sin firma de La Nación y agrega, como golpe a la oposición que, “sin duda fue una resistencia insuficiente y corrobora la presunción de que la oposición se paraliza ante cualquier acción oficial que sea presentada con la vestimenta de los derechos humanos.

 

Para el diario, insólitamente, esta medida se “encuadran en la búsqueda de poder de un gobierno que no se resigna a la extinción de su mandato e insiste en el ‘vamos por todo’”. Cabría aquí utilizar esos signos de las redes sociales que no dicen nada pero expresan una gestualidad de incógnita, de asombro, de perplejidad.

 

Pero eso perplejidad quedaría sosa luego de las siguientes frases: “Han sucedido muchas cosas en estos últimos once años como para que no quepan dudas del desvío de la Asociación Madres de Plaza de Mayo del fin noble y humanitario que motivó su aparición”.

 

“En su momento”, dice el editorial, “la actitud de esas madres frente a la muerte o desaparición de sus hijos convocaba la solidaridad de todos quienes comprendían el dolor de ese trance”. El dolor “de ese trance” no refiere a las causas de la muerte de los hijos, a las torturas sufridas, a las desapariciones forzadas por parte de las fuerzas del Estado. Habla del dolor igual que hablaban en la misma dictadura los cómplices de las fuerzas armadas. se compungían tal vez, pero no condenaban el accionar del terror.

 

Esto queda claro aquí: “más allá de las circunstancias históricas que enmarcaban las consecuencias de los enfrentamientos y de los métodos violentos e inaceptables de uno y otro lado, el dolor de las madres debía ser profundamente respetable. Esto vale para quienes perdieron sus hijos y familiares en ambos bandos”.

 

Es decir, hay que respectar a todas las víctimas por igual, a los familiares de militares, como a las madres de 30 mil desaparecidos, torturados, fusilados. Porque, según la opinión del editorialista de La Nación, se usaron “métodos violentos de uno y otro lado”.

 

Esta discusión sobre los lados, quedó zanjada en 1985 en el juicio a las juntas militares responsables del genocidio ocurrido desde 1976 hasta 1983. Allí se estableció que en ningún caso se trató de una guerra, que la guerrilla estaba prácticamente aniquilada para marzo del 76, (previo decreto firmado por Isabelita), y que el poder y el rol del Estado son bien distintos al de grupos militantes armados o no.

 

Esto entre varias otras aclaraciones que surgieron de aquel juicio y de los cientos que ocurren y ocurrieron en estos últimos 10 años. Vale decirlo, porque si no parece que se negara todo un tramo de discusión que se dio la sociedad consigo misma.

 

Además, el diario parece obviar el hecho no menor de que los que “hacían la guerra” habían ocupado el poder del Estado por la fuerza e inconstitucionalmente. Entonces, ¿Qué defiende La Nación? ¿Acaso los derechos de militares que tomaron a la democracia por asalto y anularon las garantías constitucionales?

 

La editorial continúa en una serie de diatribas contra las Madres de Plaza de Mayo, emparentándolas con la corrupción, con el kirchnerismo, con el adoctrinamiento marxista, entre otras cosas.

Es necesario hacer notar al lector, que no se aprobó en la Cámara de Diputados que la organización Madres de Plaza de Mayo sean un emblema nacional, sino el pañuelo blanco. ¿Con qué argumentos podría atacarse a un pañuelo blanco? ¿Qué cosas representa? En el entendimiento de que ese pañuelo ya es un símbolo en si mismo, es que probablemente se lanzó la iniciativa.

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