El 61% de los argentinos no llega al día 20, el 50,2% se siente clase baja y el 86,1% pierde contra la inflación. Los datos del Monitor de Zentrix Consultora de junio 2026 sobre la Argentina real.
La Argentina que el Gobierno no muestra: los datos del Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora de junio 2026.
En Orsai // Lunes 13 de julio de 2026 | 12:05
El Monitor de Opinión Pública de Zentrix revela que el 86% pierde contra la inflación hace cuatro meses seguidos — y el 55% cree que lo peor está por venir
Por la Redacción de En Orsai — en base a datos del Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, junio 2026
El día 20. Cualquier argentino sabe de qué se habla cuando se menciona esa fecha. Es la línea invisible en el calendario donde, para millones de familias, el sueldo ya se fue y quedan diez días por delante sin con qué cubrirlos. Hasta hoy, ese fenómeno vivía en conversaciones de sobremesa, en grupos de WhatsApp, en el silencio de quien no llega. Ahora tiene número: el 61% de los argentinos llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes. Solo el 13% llega a fin de mes con algo de margen para ahorrar.
El dato surge del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, correspondiente a junio de 2026 —1.297 casos con cobertura nacional, relevamiento del 15 al 22 de junio, margen de error de ±2,7%— y es el retrato más preciso disponible de lo que se vive hoy en una Argentina que el discurso oficial describe como en recuperación, pero que en los bolsillos de la mayoría no se percibe de ninguna otra manera que no sea ajuste. El mismo ajuste que economistas críticos del modelo vienen documentando en detalle, como cuando salió a la luz el dato oculto que desmiente la recuperación económica de Milei y Caputo.
El primer gran hallazgo del informe es la autopercepción de clase social, y el resultado es contundente: el 50,2% de los argentinos se define como clase baja. Cerca de cuatro de cada diez se percibe de clase media. Y apenas el 10,5% se reconoce en la clase alta.
Pero Zentrix da un paso más que la mayoría de las encuestas: en lugar de dejar ese dato como una etiqueta subjetiva, lo cruza con la experiencia concreta del ingreso. Y ahí es donde la autopercepción deja de ser una sensación para convertirse en un patrón sistemático. Entre quienes se identifican como clase alta, solo el 11,8% se queda sin dinero antes del día 20. Entre la clase media, ese número trepa al 43%. Y entre la clase baja, llega al 86,1% —exactamente el mismo porcentaje que, a nivel país, dice que su salario pierde contra la inflación—. Dos preguntas distintas del mismo estudio describen exactamente el mismo fenómeno.
El 86,1% de los encuestados asegura que su ingreso no le está ganando a la inflación. El número está apenas por debajo del pico de la serie —86,6% en abril— y confirma que desde marzo ese indicador se mantiene estable en una franja alta, sin ninguna señal de mejora en los últimos cuatro meses. La estabilización no debería leerse como buena noticia: significa que la sociedad lleva ya un tercio de año conviviendo con la misma sensación de pérdida, sin que la desaceleración de la inflación general alcance para revertirla en la experiencia diaria.
Lo más revelador del informe en este punto es el dato por identidad política: entre los propios votantes del oficialismo, el 70,2% reconoce que su salario pierde contra la inflación. Entre los votantes opositores, esa cifra asciende al 96,6%. La brecha es amplia, pero lo que los separa no es si el ajuste existe —lo sienten los dos, incluso quienes respaldan al Presidente— sino cómo se lo interpreta: como costo de una transición necesaria para unos, como fracaso de modelo para otros. Un malestar que ya había quedado expuesto cuando Bercovich desarmó la narrativa de los "18 meses espectaculares" con datos concretos.
Es el hallazgo más contundente del informe. El 61% de los argentinos llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes. Solo el 13% llega a fin de mes y logra guardar algo. El resto —la enorme mayoría— transita los últimos diez días del mes con el sueldo ya agotado.
El cruce por clase social confirma la fractura. Entre los sectores de clase alta, solo el 11,8% se queda sin dinero antes del día 20. Entre la clase media, ese número sube al 43%. Y entre la clase baja —la mitad del país—, llega al 86,1%: el mismo número que el del salario que pierde contra la inflación. Para la mitad de la Argentina, quedarse sin plata antes de fin de mes no es una emergencia. Es el ritmo del mes.

El patrón de clase se replica cuando se mide la confianza en el termómetro oficial de los precios. A nivel país, el 68,8% considera que el índice de inflación del INDEC no refleja la variación de precios que percibe en su vida diaria. Entre los sectores de clase baja, esa desconfianza es unos 15 puntos por encima del promedio nacional: roza el 84%.
La lógica es directa y difícil de rebatir: quien vive al límite del día 20, quien compra los mismos productos cada semana y ve que el presupuesto alcanza cada vez menos, tiene menos margen para creer que los precios subieron solo lo que dice el organismo estadístico. La desconfianza en el INDEC no es irracionalidad. Es experiencia cotidiana convertida en dato.
El pesimismo prospectivo cierra el cuadro. El 55,1% de los encuestados cree que "lo peor está por venir" en materia económica, contra apenas un 24% que considera que lo peor ya pasó.
La brecha por identidad política es, junto con la del día 20, una de las más nítidas de todo el estudio: entre los votantes de Milei en las elecciones de 2025, el 55,4% cree que lo peor ya pasó. Entre los votantes opositores, solo el 3,4% piensa lo mismo. La misma economía, leída como el final de un ajuste inevitable por unos y como un fracaso sin salida por otros. Un diagnóstico que coincide con lo que analistas económicos vienen advirtiendo sobre la contabilidad creativa detrás del milagro financiero de Caputo.
El informe registra un dato político que contrasta con la dureza del resto de los indicadores. La desaprobación a la gestión de Javier Milei, que venía en ascenso sostenido desde marzo hasta tocar un pico del 61,2% en mayo, retrocedió en junio al 56,6%, cortando por primera vez en cuatro meses la tendencia negativa. La aprobación pasó del 32,2% al 33,2%.
La propia Zentrix ofrece la lectura más certera de ese freno: no responde a una mejora real en la percepción económica, sino a que buena parte de la sociedad ya normalizó el ajuste como parte del paisaje mensual. Cuando el deterioro se estabiliza en un piso alto durante varios meses seguidos —como ocurre con el 86,1% de los salarios perdiendo contra la inflación— deja de operar como sorpresa capaz de erosionar más la imagen presidencial. No es que la situación mejoró. Es que el sufrimiento dejó de sorprender.
En cuanto a las figuras políticas medidas, el desgaste alcanza a casi toda la dirigencia: Milei acumula un balance neto de imagen de -22,4 puntos, Kicillof de -13,8 y Bullrich de -13,3. La única con balance positivo es Myriam Bregman (+3,8 puntos), con la mayor imagen positiva del grupo (44,1%), en lo que Zentrix interpreta como una capitalización del espacio de quienes no encuentran representación en un kirchnerismo y un peronismo más ocupados en sus disputas internas que en hablarle al malestar que describe este informe.
Y en la agenda de preocupaciones espontáneas, el dato que sintetiza el humor social de junio: cuando se preguntó en una sola palabra cuál es el principal problema de Argentina, corrupción fue la respuesta más repetida, seguida de Milei en segundo lugar, antes que economía. La pregunta cerrada lo confirma: corrupción lidera con el 51,3%, seguida de ingresos/salario (48,2%) e incertidumbre económica (37,1%). Cuando una sociedad que vive el ajuste en el cuerpo nombra la corrupción —y directamente al Presidente— antes que a la economía como problema central, el diagnóstico ya no es económico. Es político.
Fuente: Monitor de Opinión Pública (MOP), Zentrix Consultora — Junio 2026. 1.297 casos nacionales. Relevamiento del 15 al 22 de junio de 2026, mediante cuestionario autoadministrado en línea con diseño muestral ponderado por región, edad, sexo y voto. Margen de error teórico ±2,7%, nivel de confianza del 95%.