A poco más de un año de instalar casi 7.000 contenedores antivandálicos, la gestión de Jorge Macri comenzó a revertir el sistema en algunos puntos de Recoleta. La explicación oficial apunta a la necesidad de contar con mayor capacidad para almacenar basura, mientras persisten interrogantes sobre la planificación de la política de higiene urbana.
Nicolás Valdez // Viernes 18 de septiembre de 2026 | 05:57
El experimento antivandálico que ahora empieza a retroceder
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a dar marcha atrás con la implementación de los contenedores antivandálicos, una iniciativa que había presentado como una respuesta para mejorar la higiene urbana y reducir la basura diseminada en las calles.
La reversión se inició como prueba piloto en distintos puntos de Recoleta, particularmente en zonas neurálgicas y polos gastronómicos de alta circulación. Allí volvieron a instalarse contenedores tradicionales, apenas un año después de que la administración porteña impulsara masivamente el nuevo sistema.
Según fuentes de la Jefatura de Gabinete porteña citadas por LA NACION, la decisión responde a la necesidad de ampliar el espacio disponible para almacenar las bolsas de residuos durante el día. El cambio se produce en el marco del endurecimiento de las medidas para hacer cumplir el horario de disposición de basura, establecido entre las 19 y las 21.
La explicación oficial deja expuesta una dificultad central: el diseño pensado para impedir la extracción manual de residuos ahora es cuestionado por su capacidad de almacenamiento en determinados sectores de la Ciudad.
Durante 2025, el Gobierno porteño había instalado casi 7.000 contenedores antivandálicos en distintos puntos considerados críticos. Sin embargo, ante la consulta periodística, las autoridades no precisaron cuántas unidades fueron retiradas hasta el momento.
Desde la administración justificaron la modificación con una frase que resume la flexibilidad del programa: «Se van probando variables y herramientas».
El planteo abre un interrogante sobre la planificación y la evaluación de una política pública que requirió una importante intervención sobre el espacio urbano. Si el sistema debía mejorar la gestión de residuos, su reemplazo en sectores específicos plantea la necesidad de conocer qué resultados concretos se obtuvieron y cuáles fueron las dificultades detectadas.
Los modelos incorporados en 2025 cuentan con un sistema de apertura similar al de un buzón. El mecanismo permite que los vecinos introduzcan las bolsas manualmente, mientras una tapa con resorte se cierra automáticamente y facilita que los residuos caigan al interior.
Una de las características centrales del diseño consiste en impedir que las bolsas puedan ser retiradas manualmente una vez depositadas. De esta manera, el sistema busca limitar la manipulación de residuos y evitar que el contenido quede expuesto.
La iniciativa había sido presentada oficialmente como una herramienta para combatir la basura diseminada alrededor de los contenedores, uno de los problemas señalados por el Gobierno porteño en su política de higiene urbana.
En abril de 2025, la Ciudad anunció la instalación de 7.000 nuevos contenedores antivandálicos. La administración porteña sostenía entonces que el nuevo diseño contribuiría a reducir los residuos que quedaban en la vía pública y a mejorar el servicio de recolección.
Las primeras unidades se habían colocado como prueba piloto en Retiro y Recoleta. Según la comunicación oficial, el sistema había mostrado resultados positivos en la reducción de basura alrededor de los contenedores.
Un año después, la decisión de recuperar los modelos tradicionales en algunos sectores de Recoleta introduce una contradicción operativa que merece ser examinada: una solución presentada como mejora del sistema ahora debe adaptarse porque se necesita más espacio para almacenar residuos.
El desafío no consiste solamente en instalar recipientes diferentes, sino en garantizar que la infraestructura responda a las necesidades reales de cada barrio, especialmente en zonas con intensa actividad comercial y gastronómica.
El caso de los contenedores antivandálicos muestra cómo las decisiones sobre el espacio público pueden requerir ajustes cuando se enfrentan con las condiciones concretas de la ciudad.
La gestión de residuos no depende únicamente del tipo de recipiente utilizado. También involucra la capacidad de almacenamiento, las frecuencias de recolección, el cumplimiento de los horarios y la organización de los servicios.
La decisión de implementar una prueba piloto de reemplazo en Recoleta no significa que se haya anunciado el abandono total del sistema antivandálico en Buenos Aires. No obstante, el cambio pone en primer plano la necesidad de contar con información pública sobre los resultados, los costos y los criterios utilizados para modificar la política.
Mientras las autoridades sostienen que están probando alternativas, los vecinos continúan dependiendo de un sistema de higiene urbana que debe responder a las particularidades de cada zona. La verdadera evaluación de la medida no debería limitarse al diseño de los contenedores, sino considerar si la gestión logra mantener las calles limpias y garantizar un servicio eficiente.
LA NACION. (2026, 17 de septiembre). La Ciudad dio marcha atrás con los contenedores antivandálicos a un año de su instalación.
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. (2025, 15 de abril). El Gobierno porteño instala 7.000 nuevos contenedores antivandálicos para reforzar la higiene urbana.
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