Entre los principales problemas que presenta el servicio se destaca el hacinamiento, el incumplimiento de los horarios establecidos, la insuficiente cantidad de formaciones y el abandono en el que sucumben algunas estaciones.
Jueves 22 de agosto de 2013 | 15:11
Estos son los temas que subrayan los pasajeros que utilizan las diferentes líneas que atraviesan la Ciudad de Buenos Aires. Todos los días son cerca de 800 mil usuarios los que viajan entre las seis líneas del subterráneo.
Muchos son los testimonios que se pueden recolectar todos los días como el caso de Baltasar, un joven administrativo oriundo de la localidad bonaerense de Caseros que todos los días usa la línea B para ir al trabajo y la línea A para ir a estudiar, dijo que "el subte siempre es complicado, yo lo tomo porque es rápido, pero tengo que rezar para que venga en horario y para que me pueda subir porque viene hasta la manija".
"La línea A cambió un poco con los vagones nuevos, hay menos olores pero las demoras siguen siendo las de toda la vida. Es un absurdo que hayan duplicado el costo del pasaje cuando el servicio es tan deficiente cómo lo fue siempre", concluyó Baltasar.
El servicio de subtes desde 1994 se encuentra concesionado a la operadora privada Metrovías, que en los últimos 10 años recibió subsidios millonarios de parte del estado nacional, a cambio de que el precio de la tarifa se mantuviera en valores accesibles para los usuarios, situación que cambió cuando pasó a manos del gobierno de la ciudad de Buenos Aires a principios de año.
Otro de testimonio es de Patricia, una estudiante que usa la línea D para ir a estudiar, relató a Télam que "lo más feo del subte es que en las horas pico uno siente que se asfixia, yo soy chiquita y siempre quedo aplastada entre la gente, a veces hasta no llego a bajar del vagón a tiempo y me termino pasando".
Sergio, un abogado de Caballito que usa habitualmente la línea D, contó que "después de un tiempo uno se acostumbra a viajar así, porque a veces para moverse rápido por el centro no hay otra cosa, pero el servicio es cada vez más caótico".
"Hace tiempo ya que los monitores de los andenes no informan sobre las frecuencias de los trenes, deben creer que así no nos damos cuenta de los retrasos que se hacen obvios cuando los andenes se llenan de gente", señaló.
En la Línea H, la más nueva, Francisco, un comisionista de 18 años, señaló que "viajo bien", aunque "los trenes deberían venir con más frecuencia", y coincidió en eso Miguel, un mozo de 20 años que toma todos los días esa línea para ir a su trabajo, que "a veces viajo muy incómodo porque me empujan y hay demasiada gente".
Romina, una joven de 20 años que estudia periodismo y viaja todos los días en la línea C, sostuvo que "he visto gente que se les enganchan las mochilas o los sacos en la puerta y viaja así, es muy peligroso", y opinó sobre la necesidad de incorporar "más vagones" para que "entre más gente, porque en la hora pico la gente se amontona hasta quedar pegada a la puerta".
Por su trabajo como comerciante ambulante, Marcelo, de 45 años, frecuenta habitualmente todas las estaciones del subte, pero a la hora de señalar el mayor problema del servicio afirmó que "te roban todo el tiempo, e incluso ya conoces las caras de algunos que los ves en horarios pico".