El gesto de los jugadores al exhibir la bandera argentina desató la bronca del oficialismo y la crítica de Macri. Mientras Milei los tildó de "termos", avanza en silencio la entrega del petróleo en el Atlántico Sur.
Milei y Macri, furiosos con la Selección
En Orsai // Lunes 20 de julio de 2026 | 23:10
Mientras Javier Milei tildó de "termos" a los jugadores de la Selección por exhibir la bandera de las Islas Malvinas y avaló las prohibiciones de la FIFA, avanzan las licencias a petroleras anglo-israelíes en el Atlántico Sur. El gesto de dignidad del plantel de Scaloni dejó al descubierto la política de sometimiento de la Casa Rosada.
El trasfondo político del Mundial trascendió los límites del terreno de juego para instalar un debate profundo sobre la dignidad, la soberanía y las prioridades geopolíticas de la Argentina. En su editorial para Radio Con Vos, el periodista Alejandro Bercovich analizó el marcado contraste entre la actitud soberana y rebelde demostrada por la Selección Argentina de Fútbol y la postura de alineamiento automático adoptada por el Poder Ejecutivo que encabeza Javier Milei.
El punto de inflexión ocurrió cuando los futbolistas Cristian "Cuti" Romero, Lisandro Martínez y Giovani Lo Celso decidieron enarbolar públicamente la bandera argentina con las Islas Malvinas. La respuesta del presidente Javier Milei no fue respaldar el reclamo consagrado en la Constitución Nacional, sino atacar el gesto a través de redes sociales, calificando a quienes impulsaron la manifestación como "adolescentes termos mononeuronales".
A este episodio se sumó el llamativo aval del propio vocero presidencial y de la cartera de Seguridad a las restricciones impuestas originalmente sobre las expresiones soberanas en las tribunas. Curiosamente, la defensa de la libertad de expresión para los deportistas tuvo mayor respaldo en la propia prensa internacional que en los despachos de la Casa Rosada.
Más allá de la batalla cultural y del rechazo del plantel nacional a prestarse a maniobras de utilización política o visitas oficiales a la Casa Rosada, el conflicto de fondo es de índole geopolítico y económico. Mientras el gobierno intentó disciplinar el fervor patriótico, las autoridades ilegítimas de las Islas Malvinas dieron la aprobación definitiva al proyecto petrolero Sea Lion (León Marino) en la Cuenca Norte del archipiélago.
El emprendimiento no es una mera especulación: cuenta con contratos de ingeniería, infraestructura submarina y unidades flotantes para iniciar la extracción en el corto plazo. La explotación está encabezada en un 65% por la compañía Navitas Petroleum —empresa vinculada a capitales y exfuncionarios de Israel— en sociedad con la firma británica Rockhopper Exploration (35%). Se estima que la producción inicial alcanzará los 55.000 barriles diarios de crudo, con proyecciones de escalar a 120.000 barriles, una cifra comparable con los yacimientos estrella de Vaca Muerta.
Como ya ha analizado este medio al examinar las políticas de desmantelamiento de la estructura soberana, el alineamiento irrestricto de la Cancillería argentina con los intereses de Estados Unidos e Israel ha derivado en una tibieza diplomática inédita ante la usurpación de recursos naturales. La inacción oficial vulnera los mandatos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que desde la Resolución 2065 (XX) de 1965 reconoce la existencia de una disputa de soberanía y prohíbe las innovaciones unilaterales en el área disputada.
Esta actitud servil frente a las potencias centrales no se limita a la actual administración. Bercovich recordó cómo el expresidente Mauricio Macri justificó en su momento la cesión de soberanía mediante acuerdos con la diplomacia británica y criticó públicamente la bandera desplegada por el plantel nacional tildándola de "una de más".
La distancia entre el sentir popular y la clase dirigente que prefiere no incomodar a las potencias extranjeras remite al concepto de "identidad y rebeldía" en la cultura argentina. Como ocurre cuando los sectores del trabajo se plantan frente a las arbitrariedades, el gesto de la Selección representa esa reserva de dignidad identitaria que choca de frente contra la mentalidad colonizada del poder político.
Mientras la Cancillería omite protestas formales y evita denunciar la flagrante violación de la legislación hidrocarburífera argentina en el Atlántico Sur —situación similar a lo expuesto cuando se intentó distorsionar el rol del Estado en la protección social—, los deportistas demostraron una mayor conciencia histórica que quienes ocupan los ministerios. Frente al sometimiento que busca pacificar el saqueo de recursos, la dignidad de la Selección volvió a dejar en offside a la dirigencia oficialista.