Sin moratoria vigente y con el trabajo no registrado en máximos históricos, ingresar al sistema previsional se volvió una meta inalcanzable. Radiografía de un fenómeno que desplaza a cientos de miles de adultos mayores hacia la PUAM y el desamparo previsional.
Desamparo previsional: Tras el fin de las moratorias, el número de nuevos jubilados cayó un 50% en el primer semestre debido a los requisitos de aportes en un contexto de alta informalidad laboral.
En Orsai // Lunes 20 de julio de 2026 | 08:26
20/07/2026 - El fin de las moratorias previsionales ha comenzado a mostrar su cara más severa en las estadísticas oficiales de la Seguridad Social. Durante el primer semestre del año, la cantidad de personas que lograron acceder a un beneficio jubilatorio se redujo drásticamente a la mitad en comparación con los períodos bajo régimen de moratoria. El dato refleja la cruda realidad de un mercado laboral atravesado por décadas de precarización laboral e informalidad estructural.
De acuerdo con el análisis del especialista en temas previsionales Ismael Bermúdez, la cifra de nuevos jubilados cayó de un promedio habitual de 200.000 personas a tan solo 100.000 en los primeros seis meses del año. La eliminación del mecanismo de compra de aportes dejó al descubierto una brecha social crítica: miles de argentinos cuentan con la edad reglamentaria (60 años en mujeres y 65 en varones), pero no alcanzan los 30 años de aportes efectivos exigidos por la Ley 24.241.
Durante más de dos décadas, las moratorias previsionales funcionaron como un esquema extraordinario para compensar las falencias del mercado de trabajo no registrado. Permitían regularizar la deuda de aportes mediante cuotas que se descontaban mensualmente del propio haber, garantizando que el trabajador informal o la ama de casa pudieran acceder a la protección estatal.
Como ya advirtió este medio al analizar la mentira detrás del mito de los "jubilados sin aportes", la abrumadora mayoría de los trabajadores en negro no carece de aportes por decisión propia, sino por la evasión de sus empleadores. Según mediciones sobre mercado de trabajo publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tasa de informalidad continúa rozando límites históricos en el sector privado, desmantelando la base contributiva de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES).
Con la caducidad del régimen, quienes cumplen la edad jubilatoria sufren una doble pinza: la pérdida de poder adquisitivo del sector pasivo —agravada tras las medidas de ajuste sobre la fórmula de movilidad y el bono— y la imposibilidad técnica de jubilarse si no se cuenta con los 30 años formalmente computados.
Ante la imposibilidad de acceder a una jubilación ordinaria, las opciones disponibles en el marco normativo vigente presentan severas limitaciones de cobertura para los adultos mayores:
El deterioro del acceso a la jubilación regular anticipa una reconfiguración regresiva del mapa social. Este ajuste sobre el sistema de previsión no ocurre de manera aislada, sino que se suma a decisiones de política económica estructurales, como la descapitalización del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los recortes en los programas de cobertura en medicamentos.
Al caer el número de altas previsionales y concentrarse el ingreso en pensiones asistenciales no heredables, el piso de ingresos en la tercera edad sufre un desplome sistemático. El dilema de fondo trasciende el plano fiscal: mientras la informalidad laboral continúe en ascenso y no existan alternativas legislativas integrales, el sistema previsional continuará excluyendo a la mitad de la población en edad de retirarse, consolidando la desprotección de cientos de miles de adultos mayores en todo el país.
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