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La historia de Braun y La Anónima: los vínculos con la dictadura y el macrismo

Cómo nació la cadena de supermercados patagónica. Su vínculo con la dictadura y los años del macrismo a ambos lados del mostrador. De celebrar la hiperinflación de los 80 a la venta de huesos de pollo y los abusos de precios. El día que Cristina Kirchner la mencionó como “ladrónima”.

La historia de Braun y La Anónima: los vínculos con la dictadura y el macrismo

Por Agustín Gulman para Motor Económico // Viernes 10 de junio de 2022 | 08:34

Así vendía el pollo la Anónima en 2019

– ¿Y la hiperinflación? – le preguntó la periodista Andrea Lluch a Federico Braun en una entrevista publicada en 2008 por la revista Creating Emerging Markets.

– Para nosotros, la inflación fue un momento muy positivo. La inflación creciente, la hiper-inflación desembocó en esa crisis. Pero para un supermercado que paga a los 60 días y vende al contado, yo decía ‘no era un rey, era un emperador’, porque nuestro balance en el 86, 87, 88, con inflación creciente, fue espectacular – respondió.

Catorce años más tarde, Federico Braun, presidente de La Anónima, repitió un guion similar, consultado por el secretario de Redacción de Clarín, Ricardo Kirschbaum, durante la cumbre que reunió a algunos de los hombres más poderosos del país, por los 20 años de la Asociación Empresaria Argentina (AEA). “Con la inflación, La Anónima remarca precios”, disparó. Luego intentó, sin éxito, aclarar que se trató de un chiste.

La Anónima, de los almacenes en la Patagonia, a la dictadura y la formación de precios

La historia de La Anónima es la historia de la familia Braun – Menéndez, que a comienzos de 1900 unificaron dos grandes empresas (Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia) para la creación de almacenes de ramos generales. Para la década de 1930, ya contaban con más de 20 sucursales, todas en la Patagonia. Poseían frigoríficos y negocios en el comercio de lana.

Los Menéndez, además, estuvieron involucrados en la masacre de la Patagonia Rebelde, junto a otros empresarios y al propio Estado, donde fueron asesinados 1.800 trabajadores en el sur en el período de 1920 a 1922, donde además de la persecución a los trabajadores, se avanzó sobre los pueblos originarios.

En 1942 comenzaron a cotizar en la Bolsa de Comercio. Para ese entonces la empresa ya se llamaba La Anónima, tal como ahora. A finales de la década de 1950, en plena dictadura de Pedro Aramburu, fundaron la línea aérea Austral.

En la última dictadura cívico-militar, la empresa vendió la aerolínea al Estado, una operación signada por la corrupción y los delitos de lesa humanidad: ¿por qué, en pleno proceso de privatizaciones que reinó durante la dictadura, el entonces ministro José Alfredo Martínez de Hoz buscaría la estatización de una empresa?

Austral estaba al borde de la quiebra: el principal accionista de La Anónima era William Reynal, familiar de un funcionario de Martínez de Hoz. El Estado era el principal acreedor de Austral, mientras que el único privado era el empresario Eduardo Saiegh, secuestrado en octubre de 1980, torturado y obligado a liquidar el Banco Lationamericano, que poseía, para poder quedarse con las acciones de la empresa.

Para la década de 1980, la familia Braun ya controlaba La Anónima por completo, enfocada en la Patagonia, donde hoy cuentan con 163 sucursales, lo que la convierte en la principal cadena de supermercados en las provincias de Chubut, Río Negro, Tierra del Fuego y Santa Cruz, aunque expandida, en los últimos años, al sur de la provincia de Buenos Aires y Santa Fe.

La familia Braun, en ambos lados del mostrador en el macrismo

“Nosotros nos diferenciamos de un supermercado clásico, en La Anónima la ambientación es distinta, eso nos distingue”, aseguraba Federico Braun en una entrevista hace más de 15 años. Ingeniero industrial especializado en sistemas, Braun trabajó con los sistemas de Austral y luego desembarcó en la cadena de supermercados en 1978, cuando asumió como CEO. En aquel entonces, La Anónima empleaba a poco más de 260 personas y tenía 11 sucursales. Cuarenta años más tarde, es la cuarta cadena de supermercados del país y su balance de ventas supera los $30.000 millones.

Durante el Gobierno de Mauricio Macri, la familia Braun estuvo de ambos lados del mostrador: mientras Federico ya era presidente de La Anónima, su sobrino, Miguel Braun, asumía en 2015 como secretario de Comercio, cargo que ocupó hasta 2018, cuando asumió como secretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda.

En 2017, una denuncia reveló que el funcionario macrista había multado a casi todos los supermercados que compiten con La Anónima. En esa época, además, la cadena patagónica era favorecida con más cupo de exportación de carne premium a Europa, una movida gracias a la cual quedó en una mejor posición que sus competidores.

El vínculo familiar de los Braun, además, se extiende al exjefe de Gabinete macrista, Marcos Peña: el fundador de La Anónima, Mauricio Braun, era bisabuelo de Peña.

Guillermo Moreno, secretario de Comercio durante la gestión de Néstor y Cristina Kirchner, no recuerda fuertes enfrentamientos con La Anónima por la suba de precios. “Tuvo un comportamiento acorde al resto del mercado, no tuvimos ningún inconveniente”, afirma ante la consulta de Página/12.

“A los empresarios se los controla como hicimos nosotros. ¿Si no por qué fuimos exitosos? Hay que hacer lo que hicimos, tener una economía ordenada, y si había una distorsión en términos particulares, se conversaba, los precios siempre son conversados”, sostuvo. “Querer echarle la culpa (de la inflación) a un empresario es no entender cómo funciona la economía, en este gobierno hay funcionarios que no saben lo que se hizo en la década ganada”, remarcó Moreno.

La remarcación de precios de La Anónima en plena tragedia

En 2017 un alud y posterior inundación arrasó gran parte de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut. La situación era crítica y caótica: 3.000 viviendas habían quedado total o parcialmente destruidas y alrededor de 8.000 personas debieron ser evacuadas.

Indignado, el entonces gobernador chubutense, Mario Das Neves, reveló que La Anónima (que en Comodoro tiene nueve sucursales) aprovechó la tragedia para remarcar precios de artículos de primera necesidad. “En plena tragedia La Anónima hizo una remarcación de precios, la gente no es tonta, ve eso y se indigna”, puntualizó. Los gremios denunciaban que las subas eran superiores al 100 por ciento.

Las góndolas patrulladas

En 2018, la familia Braun recurrió a la Gendarmería Nacional para custodiar las sucursales de sus supermercados. Los patrullajes no se limitaron a los accesos o estacionamientos, sino que incluso hubo patrullajes al interior de las góndolas, lo que llamó la atención por tratarse de una empresa vinculada a un funcionario público.

Ese mismo año, en Santa Cruz, salieron a la luz denuncias acerca de la venta de leche que el Ministerio de Salud de la Nación repartía de forma gratuita. La presentaban como marca propia. El caso causó gran revuelo y desató una ola de indignación.

El día que Cristina Kirchner le dijo “ladrónima” a La Anónima

Sin embargo, uno de los elementos más llamativos de los últimos años fue el escándalo por la venta de huesos de pollo, que provocó fuertes críticas. Ocurrió en 2017 y las fotos de las bandejas con los restos se viralizaron.

Incluso la propia Cristina Kirchner los mostró en las redes sociales: “Es una clásica bandejita de las que podés encontrar en las góndolas de un supermercado. En este caso, es la tristemente célebre La Anónima, que vende huesos pelados de pollo. Cuarta cadena de supermercados del país, es propiedad de la familia del secretario de Comercio del Gobierno de Cambiemos”, dijo entonces.

Más tarde, en una entrevista en C5N, Cristina se refirió a la cadena de supermercados como “ladrónima”.

La defensa fue muy llamativa: Federico Braun dijo que se trataba de un producto “buscado como saborizante por parte de los especialistas de cocina”.

Braun, el chiste y los impuestos

Ante sus colegas del establishment en AEA, Federico Braun se definió como un hombre del supermercadismo desde hace 43 años, aunque también posee otros negocios: tiene una silla en el directorio del Banco Galicia y su familia cuenta con inversiones en usinas eléctricas, telefonía, transporte marítimo de pasajeros y de carga.

Luego de la repercusión que tuvieron sus dichos – fueron muy repudiados por Alberto Fernández y Cristina Kirchner – el empresario buscó aclarar que se trató de un “chiste”. “No somos formadores de precios, es una pequeña mentira, trasladamos cuando podemos trasladar”, dijo en otro tramo, y reclamó la “libertad absoluta de precios”.

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