En los primeros dos meses de Mauricio Macri al frente de la Presidencia de la Nación la economía profundizó algunos problemas e inició otros. La caída económica ya es inevitable debido a las medidas que dispuso el gobierno y el descontrol de los precios se puso en el centro de la escena. Para colmo de males, la interna entre los economista de Cambiemos registró un avance de Melconian.
Miercoles 17 de febrero de 2016 | 19:29
La recesión está en marcha. Lo que era apenas una posibilidad hace dos meses es hoy una certeza: la economía argentina sufrirá una fuerte contracción en 2016. Pero lo que el macrismo señalará como inevitable debido a la herencia recibida no es más que el producto de las propias medidas adoptadas por el equipo económico y refrendadas por Mauricio Macri.
El primer gran problema: la inflación. Tras asumir con la promesa de frenar el proceso inflacionario que se desató con la puja por la distribución entre el capital y el trabajo, el macrismo no ha hecho más que disparar los precios tras un año en que se habían desacelerado. La quita de retenciones, el desmantelamiento de precios cuidados y la devaluación que ya alcanzó más del 50% desataron una remarcación desenfrenada sobre todo en las góndolas de los supermercados.
Las consultoras amigas del gobierno pronostican, en promedio, un 35% de inflación y Orlando Ferreres, un personaje insospechado de kirchnerismo, estimó un 38%.
El otro gran problema será el déficit y también fue el gobierno el encargado de meterse solo en el problema. Si bien el kirchnerismo ya convivía con un déficit fiscal que alcanzaba al 2,3% del PBI (y no el 7% como asegura Prat-Gay) el macrismo profundizará ese problema a pesar de asegurar que se busca recorrer el camino inverso. La ecuación es sencilla, la quita de retenciones que ahora también alcanzó a la minería es un fuerte desfinanciamiento para el Estado pero también se dejará de recaudar por otra de las políticas del macrismo: la caída del consumo.
Cada vez que un habitante de la Argentina compra un producto cualquiera, el 21% del precio final se trata del Impuesto al Valor Agredado (IVA). Es el impuesto más regresivo de todos: los más ricos y los más pobres pagan lo mismo.
Pero como la apuesta del macrismo para intentar frenar la inflación es desplomar los salarios y derrumbar el consumo, habrá menos ingresos para el Estado por Impuesto al Valor Agregado. En simultáneo el Presidente de la Nación prometió elevar el piso de ganancias y en caso de hacerlo se sumará al desfinanciamiento del Estado. El escenario es claro: el Estado argentino experimentará un descenso en la recaudación que incrementará el déficit fiscal a pesar de la quita de subsidios a distintos servicios públicos.
En medio de la tormenta económica en la que el macrismo depositó a la Argentina se desataron las internas en el equipo económico. Quien advierte que habrá una profundización del déficit fiscal es nada más y nada menos que Carlos Melconian. El actual titular del Banco Nación asegura que el ajuste es insuficiente: ni los miles de despidos ni los aumentos del 500% en la tarifa de la luz le alcanzan al economista más ortodoxo del macrismo.
Prat-Gay, quien lleva adelante un ajuste feroz, tiene una perspectiva más política de la economía que la que posee Melconián. La guerra interna está desatada y si la economía no muestra algún signo de recuperación en el corto plazo, Macri podría lanzar a la cancha a su economista preferido: un liberal ultraortodoxo que está dispuesto a todo para que los números le cierren con la gente afuera.