Silvia Naishtat detalló el alcance de una de las medidas más polémicas de la reforma fiscal del Gobierno. Detrás del tecnicismo, se esconde un mecanismo escandaloso que borra el pasado penal de los evasores y bloquea la capacidad de control del Estado.
La trampa de la impunidad: Un traje a medida de los grandes evasores
En Orsai // Jueves 04 de junio de 2026 | 12:02
Dentro del paquete de reformas económicas y fiscales impulsadas por el gobierno de Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, existen artículos de letra chica que pasan desapercibidos para el gran público pero que representan un cambio drástico en las reglas de juego. En los últimos días, el concepto de "inocencia fiscal" comenzó a resonar con fuerza en los debates económicos. En diálogo con Ernesto Tenembaum por Radio Con Vos, la periodista de Clarín, Silvia Naishtat, analizó el alcance de esta medida clave que forma parte del nuevo régimen de blanqueo de capitales.
Técnicamente, la "inocencia fiscal" es un principio introducido en la reglamentación del blanqueo que establece que aquellos contribuyentes que se adhieran al régimen para exteriorizar fondos o bienes no declarados quedan eximidos de cualquier investigación o sanción penal por evasión previa. En la práctica, significa un borrón y cuenta nueva absoluto: el Estado argentino renuncia formalmente a perseguir el origen de esos fondos, otorgando una amnistía total a quienes operaron al margen de la ley.
Según el análisis técnico, esta medida busca generar "confianza" en los mercados concentrados para que los capitales fugados ingresen al sistema financiero formal. Sin embargo, detrás de la fachada de incentivo a la inversión, se esconde un beneficio asimétrico que genera una profunda desigualdad ante la ley impositiva argentina.
Desde el campo nacional y popular, la lectura de esta medida dista mucho del optimismo técnico de los grandes medios. Diputados y senadores de la oposición dialoguista y del peronismo han denunciado que la "inocencia fiscal" es, en realidad, un mecanismo de impunidad legalizada. Mientras el Palacio de Hacienda restituye el Impuesto a las Ganancias sobre los salarios de los trabajadores y mantiene las tasas del IVA asfixiando el consumo popular, a los grandes evasores históricos se les otorga un perdón total.
El peligro de este esquema es doble:
La implementación de la inocencia fiscal deja al descubierto las verdaderas prioridades del modelo libertario. La urgencia por conseguir dólares para las alicaídas reservas del Banco Central ha llevado al equipo económico a rifar la equidad tributaria, construyendo un sistema donde el esfuerzo fiscal lo sostiene la clase media y los sectores populares mediante los impuestos indirectos, mientras las élites económicas obtienen un blindaje jurídico definitivo sobre sus capitales fugados.
Fuente original: Análisis de Silvia Naishtat sobre la reforma fiscal en "¿Y Ahora Quién Podrá Ayudarnos?", Radio Con Vos.