fin de la alegría

El macrismo se va destilando odio en las redes

"El último alarido del macrismo en retirada es la profundización de la política de estigmatización y odio social en las redes. Todo sujeto o colectivo que represente al sector que votó mayoritariamente al Frente de Todos está en la mira. Se trata de potenciar características que pueblan el imaginario del antiperonismo previo a la irrupción del macrismo, con agregados de su propia cosecha.

El macrismo se va destilando odio en las redes

Lunes 04 de noviembre de 2019 | 17:35

(Por Sergio Villone) El odio sembrado en formato de posteos en Twitter, Facebook o Instagram sobrevuela la imperiosa necesidad de explicar la derrota en términos irracionales pero presuntamente lógicos, porque si se apelara a la razón, debiera surgir la autocrítica, un insumo muy requerido al "populismo" pero para nada usado en las filas macristas.

Como se recordará, luego de las Paso, un candidato macrista de Juntos por La Rioja, Pablo Yapur, adquirió efímera notoriedad por confesar a través de un audio difundido por whatsapp lo que muchos en esa fuerza piensan pero no dicen: "A partir de hoy, muchachos, queridos amigos míos; les comunico que los pobres me importan un choto. A partir de ahora, a ningún puto le compro una tortilla en la calle. A ningún puto le regalo nada. A ningún puto lo ayudo. A ningún puto pobre pienso colaborar (sic) con una moneda ni de diez pesos".

Tras los comicios del domingo pasado la ofensiva se retomó en las redes, y una diputada provincial pampeana macrista –también docente–, Adriana Leher, publicó: "A los monos hay que darles banana. Se les quiso dar educación y cultura. Se les quiso dar futuro. Se les quiso dar pavimento y cloaca. Se les intentó explicar que eran libres. Se les intentó convencer de que pueden esforzarse y aspirar a algo más". La autora del post, además, fue candidata a diputada nacional, y remató su tuit con soberbias frases: "No, el mono sólo quiere bananas. Con bananas se queda adentro de la jaula, cómodo y haciendo caca en una zanja. Enseñándole a sus hijos como comerse los piojos, tal como le enseñó su abuelo a él. El mono grita y canta como en la selva".

Sorprendida acaso por la repercusión de sus dichos, la legisladora de Cambiemos intentó volver sobre sus pasos poniendo en práctica la técnica del "amigo judío": "No nombré a nadie y no fue mi intención agredir a nadie, si alguien se sintió identificado pido disculpas. Mi mamá es peronista".

La diatriba de Leher resultó inspiradora, y la directora de Planificación de Eventos Presidenciales del gobierno nacional, Cecilia Negro Farrell, se lo llevó a su cuenta de Facebook, en la que publicó el mismo texto que concluye "se cree libre, pero está preso… y contento porque le alcanza para bananas".

Luego de la primera vuelta del domingo 27, que dejó sin segunda vuelta a Macri y sus millones de seguidores, esa furiosa andanada sumó otros posteos de indignados usuarios menos conocidos pero igualmente agresivos y portadores de un odio que hasta suena impostado, o sobreactuado.

La réplica no tardó en llegar, y furiosos usuarios comenzaron a dar batalla, tildando de insensibles, intolerantes, malos perdedores, racistas, etc., lo cual demostró la eficacia de los últimos contingentes con que el ejército de trolls formado por Marcos Peña defienden la ciudadela macrista.

Sin embargo, pese a que la indignación es entendible, esos posteos no parecen en modo alguno espontáneos, o por lo menos obra del 38 a 40 por ciento de votantes macristas, sino de esos inoculadores de odio, que encuentran terreno fértil en cerebros secos por falta de ejercicio intelectual y político.

Las publicaciones contienen frases estereotipadas, cuesta creer que quienes las postean crean el ciento por ciento de lo que expresan. En las redes, esa provocación es percibida como importante, se le presenta batalla, pero la realidad indica que en los comedores comunitarios, en los merenderos, chicas, chicos, padres y madres, jubiladas y jubilados ni se enteran de todo eso; se enteran de que cada noche la polenta o el guiso alcanza para dos y ellos son cinco.

La producción de ese discurso no es monolítica u homogénea. Hay segmentos inteligentes, que organizan un discurso que busca crear sentido, y no dejan nada librado al azar, pero en paralelo hay otros segmentos más viscerales, que usan el sentido ya imperante o sedimentado a lo largo de décadas de odio de clase, racial y político para provocar, por abajo, una réplica aún más violenta e irracional.

En ese caso, y en los de otros posteos similares que se publicaron justo después de las elecciones del domingo 27, se percibe un criterio más elaborado para construir sentido. Son funcionarios o legisladores PRO, con formación terciaria, como mínimo; no eligen por azar hablar de monos, subir la foto de un chimpancé, no de gorilas, porque gorilas son ellos, eso late en ellos, se presenta en modo latente que asimilaron el mote que les colgó hace décadas el Pueblo, piensan que se apropiaron del remanente de poder que detenta la figura del gorila y lo torna poderoso en comparación con los pobres diablos de los chimpancés, sin detenerse a pensar siquiera que el chimpancé, como el Pueblo, es más inteligente o astuto, si cupiera definirlo así, que el gorila.

La misión de estos gorilas es que la mayor cantidad de personas crea que es importante dar batalla a ese sentido que pretenden construir o sustituir. Pero la verdadera batalla es sacar de los comedores a las familias para que vuelvan a comer en sus casas, con trabajo, con dignidad.

El plato de comida arriba de la mesa, y la mesa que sea la de casa, y todas y todos reunidos alrededor de esa mesa, pensando en que mañana es mañana, no un pozo oscuro de donde nunca se saldrá. Ahí está la batalla de todas y todos quienes en estos cuatro años resistieron a los criminales que se van".

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