Luego de la movilización de la CGT ayer a Plaza de Mayo, el Presidente se quejó de la marcha y aseguró que “no sirven para nada”. El archivo muestra como saludaba las movilizaciones contra el Gobierno anterior.
Pep - Redacción En Orsai // Miercoles 23 de agosto de 2017 | 11:40
Las primeras reacciones del Presidente sobre la movilización de parte de la CGT fue afirmar que “es una pérdida de tiempo, eso no nos lleva a ningún lugar".
En el mismo sentido, sostuvo que hay que "buscar soluciones en conjunto va a acelerar este proceso de crecimiento. Poner la energía ahí, no poner la energía en movilizarnos a no sé qué”.
Sin embargo, mirá lo que decía cuando las movilizaciones eran contra el kirchnerismo.

La irregularidad en créditos a familias lleva 19 meses en alza y ya es la más alta desde la salida de la Convertibilidad, según datos oficiales.
El senador cuestionó en el recinto los dichos del presidente sobre la producción nacional y el plan para "apagar el Estado" cuando se agote el presupuesto.
El Gobierno bonaerense anunció un nuevo aumento del 15% para el SAE y elevó la inversión en alimentación escolar a 70.000 millones de pesos.
El Senado de la Nación tiene previsto tratar la "Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada", un paquete de reformas de Javier Milei que incluye obstáculos para las expropiaciones estatales, mecanismos para agilizar desalojos y la derogación del tope del 15% que limitaba la compra de tierras por parte de extranjeros en cada distrito. El proyecto estaba bloqueado por la impugnación de Manuel Adorni; su salida abrió el camino y Diego Santilli negoció con los gobernadores para garantizar su tratamiento. El Grupo Benetton —ya uno de los mayores productores de lana de oveja del país— y fondos soberanos de países árabes están entre los más interesados en que caiga el límite.
Los mercados internacionales observan con lupa la sustentabilidad del programa de ajuste en la Argentina. Detrás de los anuncios oficiales de superávit y desinflación, el exministro de Economía Jesús Rodríguez expone los números reales que preocupan a Washington: un déficit oculto del 0,8%, la destrucción de 20.000 empresas y la frágil ilusión de un modelo sustentado en el atraso tarifario y la parálisis de la inversión estructural.








