Lilita Carrió también tuvo su paso por la embajada. Fue en agosto del 2006, cuando fue a presentarse como candidata presidencial para las elecciones del año siguiente, en la que saldría segunda detrás de Cristina con más del 24 por ciento de los votos.
Por Santiago O Donnell // Jueves 06 de agosto de 2015 | 11:41
Carrió le dijo a los diplomáticos estadounidenses que algún día gobernaría el país con su partido ARI, hoy desaparecido. En su charla con la embajada la dirigente de la Coalición Cívica dijo que le encanta Bachelet pero no así Lula, a quien tildó de carente de visión estratégica. También advirtió que el gobierno argentino tenía negocios sucios con el venezolano a través del ministro de Planificación Julio De Vido, y que Néstor Kirchner estaba fascinado con Estados Unidos aunque sólo conocía Nueva York.
Con respecto a la política local, Carrió opinaba que el apoyo popular del que gozaba Kirchner en ese entonces era superficial y que su gobierno podía caer en cualquier momento, por lo que la oposición debía estar preparada para gobernar.
El autor del cable le reconoce el entonces liderazgo de la oposición de centroizquierda y destaca que es una de las pocas figuras políticas argentinas que se preocupa por la democracia y las instituciones. Pero también señala que no se ha ganado la confianza de la población para ocupar altos cargos ejecutivos y que al parecer a Carrió le cuesta bajar de sus grandes ideas un plan concreto y realizable para gobernar el país.
Así arranca el cable del 8 de septiembre del 2006:
“El 24 de agosto, funcionarios de la embajada se reunieron con la líder opositora de centro-izquierda Elisa Carrió, quien dio su punto de vista de la situación política actual en Argentina. Elisa Carrió comenzó la discusión con su análisis de la política exterior del presidente Kirchner. Argumentó que dicha política estuvo marcada por un estilo de confrontación y por una relación peligrosa con el presidente venezolano Hugo Chávez".
En cuanto a la política interna, Elisa Carrió sostuvo que el presidente Kirchner probablemente ganará la reelección en 2007, pero que el gobierno de Kirchner será un fracaso en el largo plazo. Carrió argumentó que la oposición tenía que estar lista para asumir el poder cuando Kirchner caiga y dijo que las alianzas de oposición fueron funcionales a la necesidad de los Kirchner de cooptar nuevos apoyos. Preguntada por el futuro de su antiguo partido, la Unión Cívica Radical (UCR), dijo que el partido se moría. Carrió dijo que mantenía buenas relaciones con los líderes de Propuesta Republicana (PRO), Mauricio Macri y Ricardo López Murphy, pero no estaba de acuerdo con su visión para resolver el problema de la delincuencia del país. En cuanto al ARI y a su propio futuro, dijo que era bueno para ella que se haya apartado de la dirección del partido y expresó su confianza en que ella y ARI eventualmente gobernarían el país. Carrió también lamentó debilidad de las instituciones de la Argentina y la falta de debates inteligentes en el Congreso de la Nación”.
A continuación Carrió pronunció la definición que más llamó la atención de la embajada: que Néstor adoraba a los Estados Unidos: “En una admisión sorprendente, Carrió dijo que la relación de Kirchner con el gobierno de Estados Unidos es lo único que está moderando la alianza de Kirchner con Chávez. Para Carrió, hay límites a los que Kirchner está dispuesto a hacer con Chávez porque Kirchner no quiere un conflicto serio con Estados Unidos. "Kirchner nunca buscará un serio conflicto con los Estados Unidos. Está fascinado con los EE.UU., aunque sólo conoce Nueva York"”.
Como para agregarle un poco de pimienta al asunto, Carrió opinó que el auge de Chávez en la región se debía a la “falta de visión estratégica” del gobierno brasilero de Lula. Si su opinión sobre la política exterior de Lula es al menos discutible, su aseveración de que Humala se convertiría en otro Chávez resultó ser, si no un error de apreciación, al menos un pronóstico fallido.
Habiendo pasado revista a la agenda internacional, Carrió pasó a la política local. En su análisis, que no incluye a Cristina, da por hecho que Néstor Kirchner se postularía a la reelección en el 2007, cosa que no ocurrió. Fiel a su estilo, pronosticó que el gobierno de los Kirchner “caerá rápidamente cuando llegue la próxima crisis”.
Después de su segundo puesto en el 2007, Carrió volvería a presentarse como candidata a presidenta en el 2011 contra Cristina Kirchner, pero sacaría menos del dos por ciento de los votos. Dos años más tarde saldría segunda en una elección para senadores nacionales en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, asegurándose una banca en la Cámara alta y reposicionándose para volver a competir por la presidencia en el 2014.
A la hora de sacar sus propias conclusiones, el autor del cable firmado por el Encargado de Negocios Mike Matera no termina de comprar los argumentos de Lilita. Por un lado la elogia por su vocación republicana, pero por el otro la acusa de cierta falta de pragmatismo en su accionar y de claridad para enunciar sus propuestas:
“La amplia educación de Elisa Carrió y su experiencia en la política argentina hacen de ella una persona interesante para hablar sobre la situación política del país. También es uno de los pocos líderes políticos argentinos que parece realmente interesada en la salud de las instituciones democráticas del país. Pero Carrió ha tenido dificultades para explicar cómo se traducen sus amplias propuestas y soluciones a una realidad concreta. Como resultado, las encuestas muestran que a pesar de que a los argentinos en general les gusta el discurso de Carrió y piensan que ella hace una contribución positiva al diálogo en el Congreso, serían reacios a elegirla para un cargo ejecutivo. Su aparente incapacidad para gestionar su propio partido sólo refuerza esta impresión. Carrió tendrá que demostrar sus habilidades de gestión ante el público argentino en los próximos años o correrá el riesgo de entregarle el liderazgo de la oposición a la centro-derecha”.