El Presidente publicó una imagen en la que se representa como el personaje de Cervantes y lanzó: “Kukarean Sancho, señal que cabalgamos”. Quizás quiso mostrarse como un héroe que enfrenta enemigos. Pero la elección resulta mucho más reveladora: pero quizás no lo sepa por no haber leído el libro, que Don Quijote es, precisamente, un hombre que transforma la realidad para hacerla coincidir con sus propias convicciones.
Walter Onorato // Sábado 31 de octubre de 2026 | 09:20
La confesión presidencial
Hay publicaciones que necesitan una larga explicación. Otras se explican demasiado bien por sí mismas.
Javier Milei publicó en Instagram una imagen en la que aparece representado como Don Quijote de la Mancha, montado a caballo, cubierto por una bandera argentina y acompañado por Sancho Panza. Sobre ambos aparece una frase: “Kukarean Sancho, señal que cabalgamos”.
La intención parece bastante evidente: presentarse como el caballero que continúa avanzando mientras sus adversarios protestan. Una adaptación política de la conocida expresión “ladran, Sancho, señal que cabalgamos”, frase popularmente atribuida al Quijote aunque y esta es otra señal que nunca leyeron la obra literaria, nunca aparece de esa manera en la novela de Miguel de Cervantes.
Pero la imagen abre una posibilidad bastante más interesante para el análisis político de una presidencia que cruje como barco de madera vieja.
Podemos tomarnos la licencia de preguntarnos: ¿Y si Milei, sin proponérselo, hubiera elegido al personaje literario que mejor representa la manera en que pretende relacionarse con la realidad?
En ese caso, el posteo dejaría de ser una simple provocación contra el kirchnerismo para convertirse en algo parecido a un sincericidio. Un lamentable sincericidio.
El hombre que necesitaba inventarse otra realidad
Don Quijote no es simplemente un héroe incomprendido. Alonso Quijano es un hidalgo que, después de sumergirse obsesivamente en los libros de caballerías, termina construyendo una realidad paralela. Decide convertirse en caballero andante, cambia su identidad, bautiza a su caballo como Rocinante, convierte a Aldonza Lorenzo en Dulcinea del Toboso y sale al mundo convencido de que debe combatir gigantes, encantadores y ejércitos enemigos.
Antes de continuar, volvamos sobre la palabra hidalgo que es la que delata la posición social del Quijote. Recordemos que un hidalgo era el miembro de la nobleza pero de rango inferior en la España del siglo XVII. Lo que sería hoy el típico clase media que apenas llega a fin de mes pero opina como si fuese hijo de Bill Gates.
Pero hablemos del problema que es bastante conocido: los gigantes son molinos. Aquí aparece lo que convierte a la publicación de Milei en algo fascinante, que es el paralelismo elegido por el propio Milei.
Los lectores avezados saben que cuando la realidad contradice a Don Quijote, el personaje de Cervantes no modifica sus convicciones. Lo que hace muchas veces es modificar la explicación de la realidad. ¿Suena conocido?.
Si aquello que creyó que eran gigantes termina siendo molinos de viento, siempre puede aparecer un encantador responsable de haber transformado los gigantes para perjudicarlo.
Por que el mecanismo psicológico fundamental de Don Quijote funciona de la siguiente manera: cuando la realidad demuestra que estaba equivocado, él encuentra una explicación que le permite seguir creyendo que tenía razón.
En el episodio de los molinos, Don Quijote está convencido de que son gigantes, por eso decide atacarlos. Sancho, su fiel acompañante, le advierte que son molinos. Después del choque, cuando resulta imposible negar la evidencia, Don Quijote no asume la realidad: “Me equivoqué, eran molinos”.
Lo que hace es incorporar una explicación compatible con su mundo imaginario: un encantador enemigo habría convertido los gigantes en molinos para quitarle la gloria de vencerlos.
Así está funcionando la lógica política libertaria que gobierna los destinos de la patria. Milei está gobernando a través del mecanismo psicológico fundamental de Don Quijote. Cuando la realidad demuestra que estaba equivocado, él encuentra una explicación que le permite seguir creyendo que tenía razón. Algo que vemos diariamente en el presidente de la nación.
Vayamos a un ejemplo concreto. El presidente, sostuvo en varias ocasiones (en las típicas pseudo-entrevistas de Luis Majul) que el incremento de las cifras de desempleo no se debe a una destrucción neta de los puestos de trabajo, sino a una mayor oferta laboral y a que hay "más gente buscando trabajo" o un "reacomodamiento de recursos". Full Don Quijote.
Sin lugar a dudas, es un mecanismo psicológico poderoso: los hechos dejan de funcionar como instrumentos capaces de corregir una interpretación equivocada. Por el contrario, son reinterpretados para preservar intacta la creencia original.
Esto origina y nos obliga a preguntarnos: ¿Qué ocurre cuando un gobernante posee una teoría tan cerrada que cualquier resultado contrario puede ser explicado culpando a un nuevo “encantador”? En este caso las KuKarachas.
Milei eligió ser el Quijote
Tomemos entonces en serio la representación presidencial. Milei se coloca a sí mismo en el lugar del hombre convencido de poseer una misión extraordinaria. Como el personaje cervantino, construye un relato en el cual existe una batalla gigantesca entre fuerzas irreconciliables.
En ese universo político aparecen permanentemente enemigos, obstáculos y responsables de impedir el cumplimiento de la misión: la “casta”, los “kukas”, los economistas que cuestionan el programa, los periodistas críticos, los empresarios prebendarios, los sindicalistas, determinados gobernadores, legisladores o cualquiera que circunstancialmente contradiga el relato oficial.
En el relato libertario van cambiando los nombres pero permanece la estructura. Existe un héroe. Existe una misión. Y necesariamente tienen que existir gigantes que se deben combatir. El gran problema comienza cuando alguien pregunta si los gigantes realmente existen o si estamos mirando molinos. No olvidemos que la locura se desata aún con mayor virulencia si quien hace la pregunta es una mujer.
Ahora bien, la comparación resulta todavía más sugestiva porque el Don Quijote del libro no es un personaje intelectualmente vacío. Todo lo contrario. Es alguien que puede argumentar brillantemente, tiene una extraordinaria capacidad discursiva y construye explicaciones coherentes dentro de su sistema de ideas.
El problema fundamental del Quijote aparece cuando en su discurso parte de determinadas certezas y obliga posteriormente a la realidad a entrar dentro de ellas. Con un razonamiento que puede resultar impecable a primera vista llega a conclusiones que son completamente disparatadas.
La semejanza política que propone involuntariamente la publicación presidencial resulta simplemente aterradora por que el dogmatismo funciona precisamente de esa manera. Primero establece cómo debería funcionar el mundo y después interpreta aquello que sucede de acuerdo con esa teoría. Cuando realidad y teoría chocan, en el mundo quijotesco de Milei siempre queda responsabilizar a alguna fuerza externa.
A quien llamamos fuerza externa? La herencia; la casta; los gobernadores; el Congreso; los sindicatos; los empresarios; los periodistas y obviamente los “kukas”. Los encantadores cambian de nombre según las necesidades del capítulo.
El error por no haber leído el Quijote
El meme tiene un error garrafal, fruto de la falta de lectura. Viene bien recordar que las personas mayores han leído el Quijote en primaria y algunos mayores más jóvenes en la secundaria. Era lectura obligatoria como tantos otros libros. Pero hay una diferencia fundamental.
La comparación de Milei, queriendo ser el Quijote, tiene un error que no debería pasarse por alto por que es fundamental en la comprensión del meme.
Aquí el dato revelador para algunos. Don Quijote tiene una enorme sensibilidad frente a la injusticia. El personaje de Cervantes quiere proteger al débil, auxiliar al indefenso y reparar aquello que considera abusivo. Sus intervenciones terminan frecuentemente en desastre porque interpreta equivocadamente la realidad, pero sus motivaciones están atravesadas por una concepción profundamente idealista de la justicia.
Ese elemento vuelve mucho más vergonzoso para la apropiación presidencial. Porque asumir el papel de Don Quijote obliga también a preguntarse ¿quiénes serían, en nuestro pais, aquellos débiles que merecen ser protegidos por la lanza pobre caballero.?
El jubilado que intenta sostener sus ingresos. El trabajador preocupado por su salario. La persona con discapacidad que necesita asistencia estatal. El paciente que depende del sistema público. El científico que reclama presupuesto. El docente que exige condiciones dignas.
Un Quijote consecuente debería preguntarse por todos ellos, y sabemos perfectamente que el presidente Milei no lo hace. Para un personaje literario, confundir molinos con gigantes termina generalmente en golpes y situaciones cómicas. Para un presidente, en cambio, la cuestión es mucho más grave, porque, en la realidad, quien termina golpeándose contra los molinos es la sociedad entera.
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