El jefe de gobierno porteño está preocupado en otra cosa: la convención radical que podría darle –de salir a su favor- el sello nacional que necesita para impulsar su candidatura a presidente. Mientras en la ciudad se matan para sucederlo.
Ángel Lisboa // Sábado 14 de marzo de 2015 | 10:15
“Somos un equipo”, es la frase que el gurú ecuatoriano del macrismo, Jaime Durán Barba, diseñó de cara a la porteña sociedad de consumo, pero la tropa PRO en la ciudad se asemeja más al “cabaret” donde todos se disputan una tajada en la sucesión del dueño del burdel. Mientras Mauricio Macri tiene puestas todas sus expectativas presidenciales puestas en el triunfo de su socio Ernesto Sanz en la convención radical de hoy en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú para arrastrar a la UCR detrás de su candidatura, su propia tropa empieza a dejar jirones en la disputa por sucederlo en la jefatura del Gobierno porteño, su único bastión a nivel nacional.
Macri logró quebrar al radicalismo y aspira que Sanz –el presidente de la UCR-- termine de concretar hoy que el centenario partido se encolumne detrás de su candidatura presidencial. Sin una base territorial fuerte más allá de la General Paz, con la única excepción de Santa Fe donde el cómico y ex Midachi Miguel Del Sel amenaza junto al senador menemista Carlos Reutemann con arrebatarle al alicaído socialismo la provincia –con spots publicitarios que se asemejan a su viejo y chabacano programa “Rompeportones”--, Macri depende de que los boinas blancas sometan el partido a sus designios.
Con todo el esfuerzo que para Macri significa ese trajín político, descuido el patio interno y la comunidad Pro se le sublevó. Jugó a que su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, sea el continuador de la política y los negocios macristas en la Ciudad. Pero esta vez no pudo doblegar a Gabriela Michetti, una defensora a ultranza del republicanismo que le dio un rostro “humano” al macrismo para ganar la ciudad, pero que luego truncó su mandato de vicejefa de Gobierno para ser candidata a diputada, que tampoco completó su mandato en la Cámara baja para ser candidata a senadora y que ahora volverá a dejar incompleto su condición de senadora para intentar convertirse en jefa de Gobierno en la ciudad, contradiciendo a su jefe.
Macri no se lo perdonó y buscó empujarla barranca abajo y condenarla al ostracismo: “Privilegió su proyecto personal al del equipo”, dijo Mauri. Gaby, resistió y volteó el “moderno” y “despolitizante” voto electrónico –que querían imponer como un “voto calificado” sin experiencias previas en los ciudadanos con menos conocimientos— solo porque el sistema de las máquinas contratadas favorecían a su adversario Larreta. A quien también acusó de “hacer campaña con fondos del Gobierno porteño”, una crítica que antes solo era destinada contra el kirchnerismo a pesar que la ciudad gasta proporcionalmente más que el Gobierno nacional en publicidad y no era motivo de cuestionamientos mientras ella también los usufructuaba.
Ahora Michetti también está furiosa con su compañero de bancada Diego Santilli. Es que el senador llegó detrás suyo en la boleta de senadores, le ofreció a elaborar en conjunto una estrategia de comunicación en las redes sociales, que tanto le gusta a ambos. Pero cuando Santilli creyó tener vuelo propio también lanzó su candidatura para suceder a Macri, el jefe lo bajó de un plumazo y lo alineó con Larreta. Gaby no se lo perdona.
Otro que parece resistir por ahora, es el vicejefe de la Legislatura, Cristina Ritondo, quien se arroga de comandar “la pata peronista” del PRO en la Ciudad, buscando su propio lugar bajo el sol.
Ritondo, un ex funcionario duhaldista que llenó de barrabravas del porteño club Nueva Chicago el Registro Nacional de las Personas durante el interinato duhaldista en el Gobierno nacional, ahora es socio de Huyo Moyano en el bonaerense Club Atlético Independiente, que lleva en su camiseta la publicad del Banco Ciudad.
El belicoso camionero prometió una tregua de gobernabilidad al futuro gobierno macrista o massista, como gesto de acercamiento al poder. Ritondo ahora juega esa carta tratando de escalar en la pirámide macrista.
Durante todos estos años la campaña electoral PRO se caracterizó por los globos de colores y el clima de estudiantina que saltaba al ritmo del tema “Arde la Ciudad” (de la Mancha de Rolando). Ahora el que arde es el macrismo porteño en la pelea por suceder a Macri.