NUEVA ERA EN EL BCRA

Cristina dejó en claro que no estaba satisfecha con la gestión de Fábrega

La presidenta denunció el martes complicidades con las cuevas y filtración de información clave. Vanoli piensa parecido a Kicillof, que se ve fortalecido. Sugieren recrear expectativas de apreciación del peso.

Cristina dejó en claro que no estaba  satisfecha con la gestión de Fábrega

Luis María Galo // Miercoles 01 de octubre de 2014 | 23:42

Había llegado en diciembre pasado con la misión de estabilizar las variables nominales en el 20% anual.

 

El discurso de Cristina del último martes dejó claro varias cosas. Una de ellas, muy importante. La presidenta no estaba satisfecha con la actuación del presidente del Banco Central. No se trata sólo de cuestiones técnicas, sino directamente con la sospecha de graves delitos, como filtrar información a los bancos o bien complicidad con la operación de cuevas cambiarias en la City. Por consiguiente, la salida de Juan Carlos Fábrega era cuestión de tiempo, de horas, como quedó demostrado. Había sido fulminado.
La gestión de Fábrega, un veterano del Banco Nación, duró menos de un año. No será recordado por su eficacia, precisamente. Veamos algunos números de la gestión que enumera en NA el analista Guillermo Malisani: se pedieron 3.627 millones de dólares de reservas (de 31.541 millones a 27.914 millones), el dólar creció casi 57% en el mercado clandestino (de 9,93 a 15,57 pesos) y el tipo de cambio oficial pasó de 6,06 a 8,47 pesos por dólar, con una devaluación de casi el 40%. Había llegado en diciembre pasado con la misión de estabilizar las variables nominales en el 20% anual. Lo logró sólo con la base monetaria, destacó el periodista especializado en mercados, Pablo Wende.
También fracasó en su intento (a espaldas del Ministerio de Economía) de encontrar una solución privada al entuerto con los fondos buitres, es decir, operó para que bancos argentinos, acaso usando fondos que no le pertenecen, le compraran a los especuladores NML y Aurelius los bonos de deuda defaulteados. El ministro Axel Kicillof rechazó de cuajo en su momento esá movida, bien promocionada en los medios por un amigo de Fábrega, Aldo Pignanelli
A tenor de lo que se escucha por estas horas, el establishment adoraba a Fábrega, acaso por su buena relaciones con los banqueros (Jorge Asís lo había bautizado el “sensato marginal“ para diferenciarlo de sus adversarios en el gobierno). En twitter personeros del liberalismo están pronosticando ahora hasta una hiperinflación a la puerta de la esquina por la salida de Fábrega.
El economista y columnista de Página 12, Alberto Zaiat considera, en cambio, lógica la eyección: “Es empezar a poner al Banco Central en función a los intereses de todos, el Central ha sido considerado por el sistema financiero como terreno liberado…”
“Las líneas gerenciales, las líneas técnicas, las terceras y cuartas líneas tienen conexiones subterráneas muy claras con el sistema financiero, al que tienen que controlar”, explicó en declaraciones a Radio Nacional.
Zaiat recordó que “cuando asumió Fábrega reincorpora en las funciones a todos los que habían sido desplazados por su antecesora Mercedes Marcó del Pont y a los que había incorporado Marcó del Pont los echó“.
ESCOBA NUEVA
Tienen los africanos un refrán que dice: no hay espacio en el mismo estanque para dos cocodrilos machos. Kicillof y Fábrega no se llevaban bien, a partir de profundas diferencias conceptuales en materia económica, como en el caso de la tasa de interés. Mientras el titular del Palacio de Hacienda considera que el costo de dinero debe ser lo más bajo posible para apuntalar la producción y así revertir los ciclos negativos, el ex titular del Central abogaba por un fuerte aumento de las tasas para quitarle atractivo al dólar. En enero se impuso la tesis de Fábrega, a lo largo del año, no obstante, se fue suavizando, conforme la economía aminoraba su paso. Con la llegada de Alejandro Vanoli, un economista absolutamente consustanciado con el proyecto político de Cristina, cabe esperar más coherencia entre los dos principales polos de la política económica. Trabajar al unísono es la consigna del momento para frenar las maniobras especulativas desaforadas que amenazan con desquiciar a la economía entera, la real no la de las diez manzanas del microcentro.
Vanoli se recibió en la UBA en 1987 y proviene del Grupo Fenix, un centro de ideas universitario que resistió a pie firme “el sentido común” del neoliberalismo de los noventa. Tiene, a priori, mayor afinidad ideológica con Kicillof que Fábrega, un peronista tradicional (conservador). Desde 2009 ejercía como titular de la Comisión de Valores, es decir conoce bien el humor de aquello que por comodidad intelectual los medios llaman “mercado”.
Se espera pues desde el Banco Central una política más estricta de control cambiario (Cristina señaló el camino el martes pasado), es decir se apuntará a esos agujeros paralegales o directamente clandestinos que desangran las reservas del Banco Central. Dólares no sobran por estos días, déficit energético mediante. Tal como escribió German Fermo, director de la maestría de Finanzas de la UTDT, “para evitar una devaluación inútil y efímera, la Argentina necesita recrear expectativas de apreciación del peso, tal como fue posible tres meses atrás“. Manos a la obra, tándem Kicillof-Vanoli.

El discurso de Cristina del último martes dejó claro varias cosas. Una de ellas, muy importante. La presidenta no estaba satisfecha con la actuación del presidente del Banco Central. No se trata sólo de cuestiones técnicas, sino directamente con la sospecha de graves delitos, como filtrar información a los bancos o bien complicidad con la operación de cuevas cambiarias en la City. Por consiguiente, la salida de Juan Carlos Fábrega era cuestión de tiempo, de horas, como quedó demostrado. Había sido fulminado.


La gestión de Fábrega, un veterano del Banco Nación, duró menos de un año. No será recordado por su eficacia, precisamente. Veamos algunos números de la gestión que enumera en NA el analista Guillermo Malisani: se pedieron 3.627 millones de dólares de reservas (de 31.541 millones a 27.914 millones), el dólar creció casi 57% en el mercado clandestino (de 9,93 a 15,57 pesos) y el tipo de cambio oficial pasó de 6,06 a 8,47 pesos por dólar, con una devaluación de casi el 40%. Había llegado en diciembre pasado con la misión de estabilizar las variables nominales en el 20% anual. Lo logró sólo con la base monetaria, destacó el periodista especializado en mercados, Pablo Wende.

También fracasó en su intento (a espaldas del Ministerio de Economía) de encontrar una solución privada al entuerto con los fondos buitres, es decir, operó para que bancos argentinos, acaso usando fondos que no le pertenecen, le compraran a los especuladores NML y Aurelius los bonos de deuda defaulteados. El ministro Axel Kicillof rechazó de cuajo en su momento esá movida, bien promocionada en los medios por un amigo de Fábrega, Aldo Pignanelli

A tenor de lo que se escucha por estas horas, el establishment adora a Fábrega, acaso por su buena relaciones con los banqueros (Jorge Asís lo había bautizado el “sensato marginal“ para diferenciarlo de sus adversarios en el gobierno). En twitter personeros del liberalismo están pronosticando ahora hasta una hiperinflación a la puerta de la esquina por la salida de Fábrega.

El economista y columnista de Página 12, Alberto Zaiat considera, en cambio, lógica la eyección: “Es empezar a poner al Banco Central en función a los intereses de todos, el Central ha sido considerado por el sistema financiero como terreno liberado…”
“Las líneas gerenciales, las líneas técnicas, las terceras y cuartas líneas tienen conexiones subterráneas muy claras con el sistema financiero, al que tienen que controlar”, explicó en declaraciones a Radio Nacional.

Zaiat recordó que “cuando asumió Fábrega reincorpora en las funciones a todos los que habían sido desplazados por su antecesora Mercedes Marcó del Pont y a los que había incorporado Marcó del Pont los echó“.

ESCOBA NUEVA

Tienen los africanos un refrán que dice: no hay espacio en el mismo estanque para dos cocodrilos machos. Kicillof y Fábrega no se llevaban bien, a partir de profundas diferencias conceptuales en materia económica, como en el caso de la tasa de interés.Mientras el titular del Palacio de Hacienda considera que el costo de dinero debe ser lo más bajo posible para apuntalar la producción y así revertir los ciclos negativos, el ex titular del Central abogaba por un fuerte aumento de las tasas para quitarle atractivo al dólar. En enero se impuso la tesis de Fábrega, a lo largo del año, no obstante, se fue suavizando, conforme la economía aminoraba su paso.

Con la llegada de Alejandro Vanoli, un economista absolutamente consustanciado con el proyecto político de Cristina, cabe esperar más coherencia entre los dos principales polos de la política económica. Trabajar al unísono es la consigna del momento para frenar las maniobras especulativas desaforadas que amenazan con desquiciar a la economía entera, la real no la de las diez manzanas del microcentro.

Vanoli se recibió en la UBA en 1987 y proviene del Grupo Fenix, un centro de ideas universitario que resistió a pie firme “el sentido común” del neoliberalismo de los noventa. Tiene, a priori, mayor afinidad ideológica con Kicillof que Fábrega, un peronista tradicional (conservador). Desde 2009 ejercía como titular de la Comisión de Valores, es decir conoce bien el humor de aquello que por comodidad intelectual los medios llaman “mercado”.

Se espera pues desde el Banco Central una política más estricta de control cambiario (Cristina señaló el camino el martes pasado), es decir se apuntará a esos agujeros paralegales o directamente clandestinos que desangran las reservas del Banco Central. Dólares no sobran por estos días, déficit energético mediante. Tal como escribió German Fermo, director de la maestría de Finanzas de la UTDT, “para evitar una devaluación inútil y efímera, la Argentina necesita recrear expectativas de apreciación del peso, tal como fue posible tres meses atrás“. Manos a la obra, tándem Kicillof-Vanoli.

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