La pobreza vuelve a quedar en el centro de la escena económica durante el gobierno de Javier Milei. Unos 1,7 millones de personas habrían caído por debajo de la línea de pobreza en el primer semestre. El dato expone una paradoja: los salarios informales son los que más crecieron, pero siguen valiendo cerca de la mitad de los formales.
Redacción EnOrsai // Martes 15 de septiembre de 2026 | 18:21
El milagro libertario no llega al changuito
El fenómeno vuelve a poner bajo la lupa el resultado social de las políticas económicas implementadas durante el gobierno de Javier Milei. La desaceleración de algunos indicadores nominales no alcanza para ocultar una realidad mucho más concreta: para millones de trabajadores, el ingreso no logra seguir el ritmo del costo de vida.
El dato adquiere especial relevancia porque el deterioro no se limita a quienes están fuera del mercado laboral. Una parte significativa de quienes trabajan continúa teniendo ingresos insuficientes para superar la línea de pobreza.
La evolución salarial presenta una contradicción difícil de ignorar. Durante el último año, los ingresos de los trabajadores informales fueron los que registraron el mayor incremento porcentual.
Sin embargo, ese crecimiento parte de niveles extremadamente bajos. En promedio, un asalariado informal gana aproximadamente la mitad que un trabajador formal, por lo que una mejora porcentual importante no necesariamente implica una recuperación suficiente de su capacidad de compra.
La diferencia revela uno de los problemas centrales del mercado laboral: el aumento nominal de los ingresos no garantiza una mejora equivalente en las condiciones de vida.
La situación resulta especialmente crítica para quienes dependen de empleos informales y de bajos ingresos. La precarización laboral implica no solamente menores salarios, sino también una mayor vulnerabilidad frente a los aumentos de precios.
De este modo, la discusión sobre la pobreza queda estrechamente vinculada con la calidad del empleo. Tener un ingreso laboral puede no ser suficiente cuando ese ingreso permanece por debajo del costo necesario para sostener las condiciones básicas de un hogar.
El problema no reside únicamente en cuánto aumentan los salarios, sino en cuánto pueden comprar después de los aumentos de precios.
La inflación continúa funcionando como un mecanismo de erosión de los ingresos. Cuando los precios de bienes y servicios esenciales avanzan más rápido que la capacidad de compra de los hogares, una parte de la población puede atravesar el límite estadístico que separa a quienes están por encima o por debajo de la pobreza.
Por eso, el crecimiento nominal de los salarios informales no alcanza para revertir el deterioro social. El trabajador puede cobrar más pesos y, al mismo tiempo, encontrarse en una situación económica más frágil.
Los datos plantean una paradoja que atraviesa todo el escenario laboral: los salarios que más crecieron son, precisamente, los que continúan en los niveles más bajos.
La brecha entre trabajadores formales e informales muestra que el mercado de trabajo no distribuye de manera pareja los beneficios de cualquier recuperación de los ingresos. Mientras los trabajadores registrados cuentan con remuneraciones superiores, quienes están en la informalidad permanecen expuestos a ingresos considerablemente menores.
La consecuencia es que la recuperación salarial, medida solamente en términos porcentuales, puede ofrecer una imagen engañosa si no se observa desde el punto de partida de cada trabajador.
El aumento estimado de la pobreza durante el primer semestre vuelve a colocar en discusión el impacto social del programa económico de Milei.
La cuestión de fondo no es solamente si determinados indicadores macroeconómicos muestran una mejora, sino si esa mejora alcanza a traducirse en mejores condiciones materiales para quienes viven de su trabajo.
Los 1,7 millones de nuevos pobres estimados constituyen una señal de alarma. Si la inflación continúa presionando sobre los ingresos y una parte importante de los trabajadores permanece atrapada en empleos de bajos salarios, la distancia entre la recuperación económica y la vida cotidiana de los hogares puede seguir ampliándose.
La paradoja queda expuesta: pueden aumentar los salarios en términos nominales y, al mismo tiempo, aumentar la pobreza. Cuando el ingreso laboral no alcanza para cubrir las necesidades básicas, el problema deja de ser solamente salarial y pasa a convertirse en una cuestión social y política de primer orden.
Fuentes
Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). (2026). Índice de salarios. INDEC.
Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). (2026). Índice de precios al consumidor. INDEC.
El Sello. (2026, 15 de septiembre). La pobreza volvió a aumentar empujada por la caída de los salarios y la inflación.
Radio Provincia. (2026). Información sobre evolución de salarios e ingresos de trabajadores informales.
Infobae. (2026, 20 de julio). Más de 10 millones de personas ganan menos de $1,5 millones al mes.
La Nación. (2026, 18 de mayo). Los salarios registrados volvieron a perder contra la inflación en marzo.
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