Chile avanza con una conexión comercial marítima entre Punta Arenas y Puerto Argentino, mientras el gobierno de José Antonio Kast reafirma su respaldo al reclamo argentino por Malvinas. La nueva ruta podría reducir a la mitad la distancia de abastecimiento de las islas.
Osvaldo Peralta // Sábado 05 de septiembre de 2026 | 09:09
Chile impulsa una nueva vía comercial con Puerto Argentino mientras respalda el reclamo argentino por Malvinas
Chile confirmó el avance de una conexión comercial marítima entre Punta Arenas y Puerto Argentino. El proyecto involucra a la Corporación de Desarrollo de las Islas Malvinas y a la naviera chilena Easter Island, que acordaron establecer una nueva vía de abastecimiento para las islas.
El primer viaje está previsto para noviembre y contempla el traslado de alimentos, frutas, verduras, vinos, materiales de construcción, gas licuado y repuestos. La iniciativa fue confirmada por el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, quien señaló que la nueva conexión podría representar una oportunidad económica para la región de Magallanes.
La operación ya había sido anunciada por la empresa naviera en julio, pero su confirmación pública volvió a poner el foco sobre el vínculo comercial entre Chile y las islas bajo administración británica.
La nueva ruta marítima tiene además una dimensión económica concreta. Actualmente, la principal conexión marítima de las islas con Sudamérica pasa por Montevideo, con una navegación cercana a los 2.000 kilómetros.
Desde Punta Arenas, en cambio, la distancia se reduciría aproximadamente a la mitad. Para las autoridades de la ciudad chilena, esto permitiría abaratar los costos de abastecimiento y facilitar el intercambio comercial.
Según Radonich, las islas representan un mercado con un poder de compra estimado en unos 20 millones de dólares anuales. El alcalde también sostuvo que las restricciones comerciales adoptadas por los países del Mercosur en 2011 afectaron a la economía de Magallanes, que habría dejado de percibir unos 300 millones de dólares.
El anuncio adquiere una particular relevancia porque se produce en un momento de intensa actividad diplomática entre Argentina y Chile.
Milei y Kast mantuvieron una reunión en Santiago y ambos gobiernos reafirmaron sus posiciones respecto de Malvinas. Chile ratificó su respaldo a los derechos de soberanía argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y a la necesidad de que Argentina y el Reino Unido retomen las negociaciones.
Sin embargo, ese respaldo diplomático convive con una realidad económica diferente: una empresa chilena participa de una operación destinada a establecer una nueva conexión comercial con Puerto Argentino.
La propia Cancillería chilena confirmó que la ruta continúa adelante. El canciller Francisco Pérez Mackenna sostuvo que Chile respalda el reclamo argentino, pero que no pretende impedir actividades comerciales que sean legales y cumplan con las normas vigentes.
La situación plantea una tensión evidente entre el plano diplomático y el económico. Mientras Chile sostiene formalmente el reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas, una empresa de ese país participa de una iniciativa que puede mejorar la logística de abastecimiento de las islas.
Desde la perspectiva de Punta Arenas, el argumento es económico. La región busca recuperar un mercado que considera próximo y rentable y que, según las autoridades locales, quedó afectado por las restricciones comerciales implementadas años atrás.
El proyecto también muestra los límites de los acuerdos políticos cuando aparecen intereses comerciales concretos. El respaldo diplomático a la Argentina no implica necesariamente que Chile esté dispuesto a resignar oportunidades económicas vinculadas con las islas.
La cuestión también presenta una dimensión jurídica. Argentina cuenta con el Decreto 256/2010, que establece la necesidad de autorización para los buques que naveguen entre el territorio continental argentino y las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
Pero la nueva conexión plantea una situación diferente, porque la ruta entre Punta Arenas y Puerto Argentino puede desarrollarse sin ingresar necesariamente en aguas territoriales argentinas.
El excomandante en jefe de la Armada chilena Julio Leiva advirtió que el proyecto probablemente genere dificultades con Argentina. Al mismo tiempo, cuestionó algunos aspectos de la aplicación argentina de las restricciones y su relación con el derecho marítimo internacional.
Por ahora, tampoco se trata de una operación presentada formalmente como una decisión militar o de reconocimiento de soberanía. Según las autoridades de Punta Arenas, el barco no llevaría bandera chilena, un elemento utilizado para presentar la iniciativa como una operación comercial.
El proyecto ya tiene además una agenda comercial concreta. Una delegación integrada por 25 empresarios ingleses tiene previsto viajar a Punta Arenas los días 28 y 29 de septiembre para reunirse con proveedores chilenos.
El primer envío comercial hacia Puerto Argentino está proyectado para noviembre. Si la iniciativa se concreta, las islas contarán con una nueva vía de abastecimiento considerablemente más corta que la conexión actualmente utilizada a través de Montevideo.
El dato adquiere especial peso por el momento político en el que se produce. La nueva ruta aparece después de que el gobierno de Javier Milei buscara reforzar su relación política con el gobierno de Kast y consiguiera una nueva ratificación chilena del respaldo al reclamo argentino por Malvinas.
El episodio deja planteada una pregunta incómoda para la política exterior argentina. ¿Qué alcance real tiene el respaldo diplomático a la soberanía argentina si, al mismo tiempo, se facilita una nueva conexión comercial con Puerto Argentino?
No hay en las fuentes disponibles elementos para afirmar que José Antonio Kast haya negociado personalmente el acuerdo con el Reino Unido. Lo que sí está confirmado es que el gobierno chileno conoce la iniciativa y que su cancillería no pretende impedirla mientras se mantenga dentro de la legislación vigente.
Para el gobierno de Milei, el escenario resulta particularmente incómodo. Mientras intenta exhibir como un triunfo diplomático el respaldo chileno al reclamo argentino, una nueva vía comercial puede terminar fortaleciendo la conexión económica de las islas con el continente sudamericano.
La cuestión vuelve a poner sobre la mesa una discusión que excede la diplomacia formal: qué ocurre cuando los discursos sobre soberanía chocan con los intereses económicos concretos. En este caso, Punta Arenas parece haber encontrado una oportunidad de negocios allí donde Buenos Aires ve, necesariamente, una cuestión estratégica.
La pregunta que queda abierta es si la política exterior argentina tendrá una respuesta frente a una iniciativa que, aun presentada como comercial, puede modificar la logística de abastecimiento de las islas. Y también si el gobierno de Milei podrá sostener su estrategia diplomática sin que sus propios aliados regionales prioricen sus intereses económicos por encima de las declaraciones políticas.
Crece el reclamo de renuncia de Alejandra Monteoliva por la represión
Allanaron y detuvieron a un hombre tras una denuncia por críticas a Milei
Nombraron a una doctora en IA de una universidad no acreditada en el CONICET
Derrumbe en las encuestas y fuga de divisas acorralan al Gobierno
Venezuela a dos meses del terremoto: 6.509 muertos, 24.000 personas en campamentos y 28% de los escombros retirados