La alianza estratégica inserta a nuestro país en la más importante tendencia mundial de los últimos treinta años. Una oportunidad histórica para la producción nacional.
Guillermo Belcore // Domingo 15 de febrero de 2015 | 01:21
China depende de tres países para su seguridad alimentaria: la Argentina, Brasil y Estados Unidos”
En los próximos cinco años, China va a importar bienes por 10 billones de dólares, algo así como el 20% del PBI mundial (un billón es un millón de millones, doce ceros). Entre 2000 y 2013 el comercio entre América latina y el coloso asiático se multiplicó por… ¡veintidós! Pasó de 12.000 millones a 275.000 millones de dólares. A este paso, en 2019 superará la marca de los 500.000 millones. China es el principal inversor en el mercado mundial, por encima incluso de Estados Unidos. Latinoamérica recibió entre 2005 y 2013 créditos de Beinjing por 98.000 millones de dólares, monto muy considerable comparados con los 163.000 millones que prestaron el Banco Mundial y el BID, dos fuentes tradicionales para las obras de infraestructura. En la actualidad, las reservas internacionales del Banco Central de China ascienden a u$s 4,2 billones. Se calcula que invertirán en el exterior unos u$s 500.000 millones en los próximos cinco años. Ya hay 26 países que tienen yuans entre sus reservas -encabezados por Gran Bretaña y Suiza- mediante swaps de monedas.
Impresionante, ¿verdad? Las cifras provienen de fuentes irreprochables: el propio Banco Mundial, la Cepal, el Deutsche Bank y el Interamerican Dialogue y la consultora Ecolatina. Demuestran una cosa: los acuerdos que Cristina firmó hace una semana con el presidente Xi Jinping no son algo aislado ni atípico, se insertan sagazmente en la principal tendencia mundial de los últimos treinta años: el ascenso de Beijing como gran superpotencia mundial.
De alguna manera, es una vuelta a la normalidad. En los últimos dos milenios, la economía de China fue la más grande del mundo durante dieciocho siglos. La decadencia que comenzó a mediados del siglo XIX ha sido completamente revertida por el dragón asiático. Sería suicida para la Argentina ignorar este dato. Máxime teniendo en cuenta la absoluta complementariedad de las dos economías.
“Lo que hay que advertir es que la posición que la Argentina tiene en las importaciones chinas es estratégica, en el sentido de que China depende de tres países para su seguridad alimentaria: la Argentina, Brasil y Estados Unidos”, destaca el analista internacional Jorge Castro. “El viaje de la presidenta Cristina Kirchner a Beinjing es enormemente importante para nuestro país”, añade un experto que nadie puede acusar de simpatías oficialistas. “Es una cuestión fundamental, tal como sucede en la relación de China con el resto de las naciones de América latina, es demasiado importante como para que se juegue como parte del conflicto política interno”, recomienda. Es decir Alta vs Baja Política.
SIMBIOSIS
Si para China es crucial la soja y el maíz argentino, crudo o procesado en forma de aceite, por ejemplo (y en el futuro seguramente también serán importantes la alfalfa, la carne enfriada, la biotecnología, la miel, los cítricos y decenas de productos donde nuestros productores son muy competitivos), para nuestra Patria el ascenso global de las potencias asiáticas significa una bendición. Significa, ni más ni menos, haber recuperado un vector decisivo que se perdió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los europeos decidieron, por temor a una guerra con la Unión Soviética, obtener el autoabastecimiento alimenticio. Ese vector es una demanda firme, sostenida (incluso creciente) de nuestras exportaciones. Es el famoso viento de cola que sopla para toda América latina. Es un flujo constante de dólares que aceita el desarrollo y que, bien administrado, redunda en inclusión social y progreso.
“Los acuerdos abren un caudal de oportunidades para el aparato productivo nacional” y con “las inversiones en sectores estratégicos para el país permitirán alcanzar la soberanía estratégica”, destacan los economistas Camila Matrero y Jerónimo Rodríguez Use del Grupo de Estudios de Economía Nacional y Popular (Geenap). ¿Y las supuestas concesiones que tanto han dado que hablar por estos días? Oigamos a Matrero y Rodríguez Use del Geenap: “A diferencia de las relaciones mantenidas en los '90 con Estados Unidos, el vínculo de Argentina con China está libre de condicionalidades, es decir, que los convenios de inversión no exigen la presencia de organismos multilaterales como el FMI y tampoco se realiza una injerencia en temas de política económica".
También remarcaron que "no es una amenaza al empleo ni la industria argentina", porque precisaron que "de hecho se planifican proyectos con al menos el 50% de participación de empresas nacionales". Ya el ministro de Economía, Axel Kicillof, explicó la semana pasada que para la construcción de dos represas hidroeléctricas en Santa Cruz (Beijing financia el 100% de la obra que costará unos 4.700 millones de dólares) sólo está acordado la llegada de algunos técnicos e ingenieros chinos, es un mito que habrá un ingreso masivo de mano obra extranjera (¿a quién se le puede ocurrir algo así en un país donde los sindicatos tienen un peso tan relevante?).

“Lo cierto es que existe una clara estrategia por parte de China para aumentar su presencia en el hemisferio sur no sólo por ser la segunda potencia mundial sino para hacerse de alimentos y energía. América latina le está dando acceso a commodities necesarias para impulsar su crecimiento mientras que el país asiático abastece de manufacturas y tecnología a la región”, destaca el economista Lorenzo Sigaut Gravina de Ecolatina.
Y recuerda que las inversiones chinas en nuestro país no sólo provienen del ámbito público sino también de la esfera privada. “Por caso la petrolera Sinopec recientemente firmó un acuerdo con YPF lo que la posicionaría como principal socia en Vaca Muerta“, destaca.
Los economistas del Geenap, por su parte, remarcan que "el desafío para el sector industrial argentino es procurar generar mayor valor agregado a nuestra producción de manera de aprovechar esta oportunidad histórica".
¿Esta poderosa alianza estratégica no echará por la borda el Mercosur? ¿Qué pensarán los brasileños. Responde de nuevo Jorge Castro: “Hay que tener en cuenta que la relación que tiene Brasil con China es exactamente la misma que tiene la Argentina. El principal socio comercial de Brasil desde el 2009 es China, que ocupa el lugar que ocupó Estados Unidos durante los cien años previos. China es el comprador del 80% de las materias primas brasileñas”.