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Elecciones 2021: El desafío de reactivar la economía en la era Post-Cambiemos

(Por Eva Sacco) El futuro en materia económica indica un panorama optimista consolidándose hacia 2022. Con el avance de la vacunación, se irán afianzando las actuales señales de recuperación en la economía real y se retomará la senda de crecimiento que se había vislumbrado durante el primer trimestre de 2021, cuando la economía tuvo un crecimiento interanual del 2,5% (el mejor trimestre en los últimos tres años) y la tasa de desempleo descendió, aunque muy moderadamente, por primera vez desde el 2016.

Elecciones 2021: El desafío de reactivar la economía en la era Post-Cambiemos

nuclear.com.ar // Lunes 26 de julio de 2021 | 12:21

Elecciones 2021: El desafío de reactivar la economía en la era Post-Cambiemos

Entre septiembre y noviembre y de no mediar nuevos cambios en el cronograma por el producto de la pandemia, el país deberá enfrentar las elecciones de medio término: la economía ya funciona de modo electoral. Tanto las decisiones del Gobierno como las del sector privado están influenciadas por el proceso eleccionario y tres dimensiones dominan a la coyuntura:

1) el desafío de reactivar la economía, el consumo y los ingresos;

2) las limitaciones que imponen a la reactivación económica el control de la pandemia y la delicada situación externa que afronta el país y

3) el comportamiento reactivo de sectores sociales y económicos cuyas decisiones no están solo determinadas por el plano económico sino que responden a un alto componente ideológico.

El conflicto por la carne es una muestra de esta dinámica, producto de la mejora de los precios internacionales y la demanda desde China. El asado y demás cortes populares sufrieron un incremento sustancial del 26% entre diciembre 2020 y mayo de 2021 (5 puntos por encima de la inflación del período). En este contexto, la herramienta más eficiente para desacoplar precios serían las retenciones, pero se encuentran limitadas por la Ley de Solidaridad e incrementarlas resultaría políticamente un enfrentamiento con la oposición, los sectores asociados al agro negocio y parte de la clase media urbana anti peronista que verían en esta medida un dejá vu de la Disposición 125/08. Por el momento el Gobierno logró conformar una mesa de negociación con el sector a través del cierre transitorio de las exportaciones. Y al menos los primeros indicadores dan cuenta de un freno de la escalada de precios.

A pesar de la cintura política del Gobierno para surfear las tensiones, es tal la magnitud de la crisis social y la caída de ingresos durante los dos últimos años de gestión macrista y posteriormente la pandemia, que difícilmente se puedan obtener resultados económicos contundentes antes de 2022. Por fuera del exitoso plan de vacunación que se esta llevando a cabo, que en materia económica los objetivos son mucho más discretos: mantener la economía tranquila, apuntar a un leve repunte y transitar sin turbulencias el segundo semestre en materia cambiaria. Esto último, aunque políticamente tiene sabor a poco, no es un éxito menor: desde hace cuatro años el tránsito de los meses posteriores a la liquidación de la cosecha gruesa, con la merma de ingreso de dólares que esto implica, y en un contexto de crisis financiera y de alto endeudamiento, fueron muy difíciles por las numerosas devaluaciones y luego inestabilidad e incremento en la brecha cambiaria. Durante el primer semestre de 2021, gracias al incremento de precio internacional de los commodities se acumularon reservas por más de 4 mil millones de dólares. Aunque en el segundo semestre, con la ralentización de las liquidaciones del agro, se espera que se desacelere la acumulación de reservas; las condiciones objetivas del mercado y regulaciones cambiarias, brindan al BCRA poder de fuego para abordar lo que falta del año.

El Gobierno apuesta a superar definitivamente la pandemia y revitalizarse políticamente en noviembre, lo que permitirá recuperar la agenda productiva. Esto último requiere tanto de mayores grados de libertad en el parlamento como de liderazgo frente a una sociedad continuamente bombardeada por el discurso mediático, una oposición con posiciones extremistas y una cúpula empresaria poco conciliadora y con comportamientos muchas veces mas explicados por la ideología que motivaciones económicas. La designación (no sin tensiones) del titular de la COPAL, Daniel Funes de Rioja, al frente de la UIA, constituye una clara toma de posición y la preponderancia actual de un sector claramente alineado con una postura antiperonista y antitrabajadorxs.

Política y Economía: la trayectoria reciente

Entender el primer año y medio de gestión del Frente de Todos es imposible sin incluir como elemento central del análisis la pandemia. Comprender la llegada al Gobierno de Alberto Fernández, resulta inviable sin enfocar en los desastrosos resultados de la gestión de Cambiemos. Especialmente la crisis desatada en 2018, a partir de la cual los ingresos se desmoronan, se acude al FMI y se erosiona fuertemente el apoyo social.

El modelo macroeconómico macrista, tarde o temprano, terminaría en crisis de deuda. Apenas asumido, con sólo el 1% de ventaja en ballotage, impulsó una política monetaria y fiscal que propició el ingreso masivo de capitales especulativos. Una receta que ya habían aplicado Martínez de Hoz y Carlos Menem, aunque en un contexto internacional mucho menos favorable y a un ritmo mucho más acelerado. El “veranito del dólar barato” apenas alcanzó para llegar al 2017 y cuando las condiciones internacionales para el endeudamiento se endurecieron con la llegada de Trump, y guerra comercial con China mediante, sobrevinieron la devaluación y una crisis cambiaria que ni las buenas migas con el FMI pudieron limitar.

Alberto Fernández gana las elecciones en el marco de un acuerdo muy amplio, entre diversos espacios peronistas y progresistas, lo que le permitió evitar un ballotage por la contundente mayoría electoral. Sin embargo, la fortaleza política tuvo que afrontar el gran desafío de la pandemia, que generó un desgaste prematuro por las fuertes medidas sanitarias que impactaron negativamente sobre una economía ya debilitada.

El horizonte

El futuro en materia económica indica un panorama optimista consolidándose hacia 2022. Con el avance de la vacunación, se iran afianzando las actuales señales de recuperación en la economía real y se retomará la senda de crecimiento que se había vislumbrado durante el primer trimestre de 2021, cuando la economía tuvo un crecimiento interanual del 2,5% (el mejor trimestre en los últimos tres años) y la tasa de desempleo descendió, aunque muy moderadamente, por primera vez desde el 2016. Desde el frente externo, la mejora en el precio de las exportaciones argentinas es también una excelente noticia que quita presión sobre el superávit externo.

Muchos de los acuerdos paritarios cerrados incluían una proyección de inflación del 29%, aunque recientemente algunos gremios entre los que destacan SUTHER y Camionerxs negociaron alrededor del 45%. Es clave la re-apertura de paritarias y una mejora de los salarios porque además la evolución de los ingresos de lxs trabajadorxs informales (más del 33% de lxs trabajadorxs en relación de dependencia y aun más del 50% si se consideran autónomos), depende de la pauta de aumento que se fije en el mercado formal y la reactivación de la actividad. En definitiva, para que la recuperación se afiance es clave la mejora de los ingresos reales. Y para eso se requiere tanto un incremento sustancial de los ingresos de bolsillo como una menor aceleración de precios.

Manejar este difícil equilibrio inestable requiere de decisión y fortaleza política. Por eso las elecciones de medio término resultan decisivas y en gran medida determinarán el rumbo político- económico de lo que queda del primer mandato de Fernández: un Gobierno prematuramente consumido por la pandemia y la crisis heredada o una gestión que a pesar de las dificultades logró encausar la crisis sanitaria y una sociedad golpeada sucesivamente por el experimento neoliberal macrista y el mayor desafío que enfrentó la humanidad en los últimos 50 años.

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