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US$53 millones

Denuncian circuito de corrupción con fondos para Ciencia

El diputado Rodolfo Tailhade cuestionó el destino de US$53 millones otorgados por el Banco Mundial para financiar ciencia en Argentina. Documentos de contrataciones muestran servicios tecnológicos financiados por ese organismo, mientras investigadores reclaman por la falta de recursos y el Ejecutivo no habría informado qué ocurrió con los fondos destinados a becas y proyectos.

Denuncian circuito de corrupción con fondos para Ciencia

Sofía Arregui // Miercoles 12 de agosto de 2026 | 19:15

Tailhade cuestionó el destino de fondos internacionales mientras científicos reclaman recursos.

La denuncia apunta al destino de US$53 millones otorgados para financiar proyectos científicos y becas. Mientras investigadores aseguran que los fondos nunca llegaron a laboratorios ni estipendios, documentos oficiales muestran contrataciones financiadas por el Banco Mundial dentro de la Secretaría de Ciencia y Tecnología.

 

US$53 millones y una denuncia que golpea al Gobierno

Los US$53 millones del Banco Mundial destinados a la ciencia argentina quedaron en el centro de una denuncia que plantea interrogantes sobre el manejo de fondos internacionales durante el gobierno de Javier Milei.

El diputado Rodolfo Tailhade denunció públicamente que parte del dinero destinado al financiamiento científico habría terminado en otros destinos. Su planteo apunta especialmente a contrataciones tecnológicas y servicios de comunicación gestionados desde la estructura de Ciencia y Tecnología.

La acusación no constituye por sí misma una prueba de corrupción. Sin embargo, la documentación difundida introduce un elemento concreto: existen procesos de contratación que identifican al Banco Mundial como fuente de financiamiento externo, mientras investigadores reclaman que recursos destinados a sus proyectos y becas no llegaron a destino.

 

El dato que encendió las alarmas

Una de las contrataciones corresponde al proceso 142/3-0035-LPU25, cuyo objeto es un servicio de paquete de SMS para envíos masivos.

El expediente establece que se trata de una licitación pública de alcance nacional, expresada en dólares estadounidenses y con financiamiento externo. En el apartado correspondiente al tipo de financiamiento aparece explícitamente el Banco Mundial.

El proceso está vinculado con la Dirección de Programas y Proyectos Sectoriales y Especiales de Innovación, Ciencia y Tecnología. La existencia de la contratación está documentada, aunque las fuentes aportadas no permiten determinar que el dinero utilizado corresponda específicamente a los US$53 millones denunciados.

 

Otra contratación financiada por el Banco Mundial

La segunda documentación exhibida corresponde al proceso 142/3-0036-LPU26. Allí se establece la contratación, implementación y soporte de las herramientas Jira y Confluence, además del servicio de envío de correos.

También en este caso el expediente señala que existe financiamiento externo y que el tipo de financiamiento corresponde al Banco Mundial.

La contratación se realiza mediante una licitación pública, en dólares estadounidenses, y aparece nuevamente vinculada con la estructura de la Secretaría de Ciencia y Tecnología. El expediente señala además que el documento que genera el proceso es un contrato.

 

Investigadores reclaman mientras el dinero no aparece

La denuncia adquiere mayor gravedad política por el reclamo de investigadores. Una de las fuentes difundidas señala que, mientras avanza el ajuste, científicos reclaman por US$53 millones de créditos internacionales que debían destinarse a proyectos científicos.

Según esa publicación, el Ejecutivo nunca informó qué ocurrió con los fondos internacionales asignados para becas y proyectos de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación.

El colectivo Becarixs de Agencia denunció que ese dinero nunca llegó a sus laboratorios ni a sus estipendios. La misma fuente sostiene que existe una causa judicial y que el Estado se niega a informar dónde está el dinero.

 

¿Un problema administrativo o algo más?

Aquí aparece el núcleo de la denuncia. Los documentos prueban la existencia de contrataciones financiadas por el Banco Mundial, pero las fuentes proporcionadas no permiten afirmar que esas contrataciones sean ilegales ni que constituyan, por sí mismas, un mecanismo de corrupción.

Lo que sí queda planteado es una contradicción difícil de ignorar: mientras científicos reclaman por recursos destinados a becas y proyectos, aparecen contrataciones de servicios tecnológicos y comunicaciones dentro de la estructura estatal de Ciencia y Tecnología con financiamiento del organismo internacional.

La pregunta central, entonces, no es solamente dónde se gastó el dinero. También es si los fondos internacionales fueron utilizados para el objetivo para el que fueron otorgados y por qué el Estado no habría informado con claridad sobre su destino.

 

La denuncia política contra el modelo de ajuste

El caso expone además una tensión política de fondo. El Gobierno de Javier Milei sostiene una política de fuerte ajuste del gasto estatal, mientras el sistema científico reclama por salarios, becas y financiamiento.

En ese escenario, que existan fondos internacionales cuyo destino es cuestionado genera una demanda elemental de transparencia. Si los recursos fueron otorgados para fortalecer la investigación científica, la sociedad tiene derecho a conocer cuánto ingresó, cuánto se ejecutó y qué proyectos recibieron efectivamente el dinero.

La opacidad, en este contexto, no es un detalle burocrático. Cuando faltan recursos para investigar y formar científicos, cualquier contratación financiada con créditos internacionales necesita una explicación precisa, documentada y pública.

 

La corrupción se investiga, no se presume

El término corrupción aparece inevitablemente asociado a una denuncia de estas características, pero también exige cautela. Con las fuentes disponibles no puede sostenerse que los funcionarios hayan cometido un delito ni que los contratos mencionados sean fraudulentos.

Lo que sí puede afirmarse es que existe una denuncia política sobre el destino de fondos, un reclamo de investigadores, una referencia a una causa judicial y documentación oficial que confirma contrataciones financiadas por el Banco Mundial.

Por eso, la responsabilidad institucional pasa ahora por despejar las dudas con información verificable. La trazabilidad del dinero debería permitir establecer si los US$53 millones llegaron a los proyectos científicos previstos o si fueron destinados a otros fines.

 

Una pregunta que el Gobierno todavía debe responder

El escándalo potencial no está solamente en cuánto dinero está en discusión, sino en la falta de claridad sobre su recorrido.

Mientras los investigadores reclaman recursos para sostener la ciencia, las fuentes muestran que el Banco Mundial aparece como financiador de contrataciones dentro de la Secretaría de Ciencia y Tecnología. Esa coincidencia no prueba corrupción, pero sí vuelve imprescindible una explicación detallada sobre el circuito de los fondos.

En un Estado que justifica el ajuste en nombre de la eficiencia y el control del gasto, la transparencia debería ser una obligación, no una concesión. Si existen US$53 millones destinados a ciencia, la pregunta es sencilla y contundente: ¿dónde están, cómo se utilizaron y quién decidió su destino?

Hasta que esas respuestas aparezcan con documentación, la denuncia seguirá abierta y el manejo de esos fondos continuará bajo sospecha.

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