entrevista

Adrián Paenza: “La gente no miraba a Dios para que trajera la vacuna, sino a los científicos”

Desde Nueva York, Adrián Paenza recorre las miserias que profundizó la pandemia e insiste que “el macrismo fue criminal al anular el Conectar Igualdad”

Adrián Paenza: “La gente no miraba a Dios para que trajera la vacuna, sino a los científicos”

Lunes 25 de octubre de 2021 | 09:04

(Por Ricardo Gotta) La última vez que caminó Buenos Aires fue en agosto del 2019 cuando se hizo la presentación de Alberto Fernández en el aula magna de Exactas. Iba a volver en febrero, pero estaba en Nueva York y estalló la pandemia. “Lo que más me importa a esta altura de mi vida son los afectos. Lo que más extraño es estar con mi familia y con mi gente. Me gusta mucho estar rodeado, las largas sobremesas con mis amigos. Extraño terminar las noches visitando a Víctor Hugo, a Alberto Kornblihtt, a Alicia Dickenstein, a tantos… Además, cada esquina de Buenos Aires está ligada a nosotros, el Obelisco, el Rosedal… En Estados Unidos tengo esa vivencia en Chicago, van a hacer 20 años que estoy. Pero nunca será lo mismo”.

Adrián Paenza cumplió 72. Habla desde Chicago. Acaba de publicar Matemática y Fascinación (Sudamericana). La excusa perfecta para una charla que, con lógica abrumadora, desborda el tema. Matemático, profesor, periodista. Hace radio desde 1966. El 16 de febrero cumplirá 50 años ininterrumpidos de televisión. Hace casi medio siglo, un primer encuentro, una charla amistosa en el palco de prensa del estadio de Ferro, un entretiempo de un partido de fútbol. La misma sonrisa, igual amabilidad, ahora por zoom, “palabra y aplicación que no conocía ni estaba en mi vocabulario hasta hace 18 meses”. También a él, el Covid le marcó la vida. “Nunca estuve preso, pero imagino que un preso siempre tiene la idea de una fecha final de ese estado. En la pandemia no está claro si voy a vivir el momento que se termine. Me acabo de aplicar la tercera dosis. Fui a la farmacia y listo. Pero la distribución de vacunas en el mundo es tan obscena. Diez países concentran el 90% y un continente entero, África, no llega a vacunar al 2% de sus 1400 millones. Mientras haya menos gente vacunada, habrá más posibilidades de mutar cepas. La separación entre el mundo capitalista, poderoso, entre el hemisferio norte y el sur, se va a hacer más amplia. Es una obscenidad”.

– Al inicio de la pandemia, una corriente sostuvo que íbamos a salir mejores, que el mundo sería más solidario. Pero se podía esperar lo contrario y así sucedió.

– La pandemia sirvió para exponer aún más la opulencia de los privilegiados que tienen / tenemos y los que no. Profundiza la obligación moral de hacer algo para que no suceda. ¿Cuánto tiempo más se puede sostener? Hacer cuarentena para mí es estar en un departamento con todo el confort: otra cosa es donde viven diez, hacinados. Se han expuesto más las diferencias brutales que existen en el mundo.

“El poder económico en la Argentina está cada vez más concentrado en las mismas personas”.

– Hace mucho que estás en esta cruzada de divulgación científica. Puntualmente, de matemáticas. ¿Imaginabas esta repercusión?

– Nunca me imaginé escribiendo. No tuve el sueño de divulgar la matemática. Fue saliendo. Y hay diferencia entre aquella sociedad y la actual. En el ‘88, Carlitos Ulanovsky, jefe de la página editorial de Clarín, me pidió que escribiera una nota “en defensa de las matemáticas”. Escribí algunos problemas que luego aparecieron en libros. Empezaba: “¿Matemática, estás ahí? No, me estoy poniendo las preguntas”. Mi madre enmarcó esas dos páginas y las colgó en una pared. Imposible llegar a casa y no toparse con ellas. Tuvo repercusión en el ámbito académico local. De pronto aparecía un tipo hablando de matemáticas. Hoy está demostrado que las matemáticas están en todos nosotros. Hay una gran necesidad de contratación de jóvenes científicos, programadores, matemáticos; hay miles de aplicaciones, celulares y muchas otras cosas. Antes la frase era: “Se necesitan las matemáticas para construir un puente o mandar un satélite a la luna”. Hoy podés decirle a un chico que puede ganarse una vida con un video juego, inventar contraseñas, mensajes encriptados, bitcoins: hoy la tecnología y las matemáticas en particular están más metidas en la vida cotidiana. Yo fui a llenar un hueco donde había una necesidad. El cambio se estaba haciendo globalmente.

– Siempre dijiste era una muestra de salud que a la gente no le gustara las matemáticas.

– Cambiaron las épocas y no puede ser que la enseñanza de matemáticas atrase 400 años. Yo cambiaría mucho. Mirá, hay una rama que se llama teoría de juegos: me enteré cuando estaba en la facultad. Cómo puede ser que no se enseñe antes, que no hablemos de combinatorias, estadísticas, estimaciones, probabilidades, de cosas que pasan todos los días. En las escuelas se dan respuestas a preguntas que los chicos no se hacen. Es muy aburrido. Los adultos no se sientan a escuchar charlas que no les interesan, pero los chicos están obligados a aprender resultados que no los ayudan. Aún se usa el término dictar clases: el docente va, dicta y el alumno anota… Debemos cuestionarnos si la escuela actual está acorde a la tecnología.

– ¿Se puede aplicar a toda la educación? ¿Llegar a esa fascinación que mencionás en el libro?

– Hay que revisar la educación clásica. Antes sólo estudiaban las personas muy ricas, no iban a un colegio sino que tenían tutores particulares. Luego apareció la escuela. En un momento, Perón hizo que todos los chicos llevaran guardapolvos para que no se notaran las diferencias, y no hubiera distinción con la ropa. Fue un aporte significativo. Que la educación sea pública, laica y gratuita son elementos que la Argentina tiene y Estados Unidos, por ejemplo, no. Tenemos universidades públicas de excelencia. Acá (en referencia a los EE.UU.) los padres deben empeñarse para mandar a un joven a la universidad. No lo debemos perder: la UBA, entre estudiantes y docentes alberga a 350 mil personas. Nos honra. Por eso la defiendo tanto. Mirá los dos ministerios que perdieron su categoría en el macrismo: el de Salud y el de Ciencia y Tecnología, los más importantes junto con Economía. No es un hecho fortuito. Macri habló de los que deben “caer” en la educación pública.

– Se notó claro en la pandemia.

– Más allá de que yo sea ateo, la gente no estuvo mirando a Dios para que trajera la vacuna, sino que todos estuvimos pendientes de lo que pudieran hacer los científicos. Muchos científicos dejaron su trabajo específico para dedicarse a fabricar test, por ejemplo. O respiradores, o modelos para predecir focos de contagios… Lo hicieron científicos calificados y también los estudiantes. Fue extraordinario.

– Se retomó una idea fuerza que colaboraste a impulsar, muy potente durante el kirchnerismo.

– La acción política más importante de Cristina fue el Conectar Igualdad. Entregar 5 millones de laptops fue haber incluido lo que de otro modo hubiera sido inaccesible. Fue extraordinario. Y, por lo tanto, criminal de parte del macrismo anular ese plan. Néstor era presidente y acerqué a Nicholás Negroponte, con su idea OLPC (one laptop per child) para distribuir a todos los chicos del mundo, con un costo de 100 dólares. Debían ser distribuidas por los Estados y no por las empresas. Luego el plan aplicado fue otro. Pero de todos modos fue grandioso. Si es muy difícil entregar cinco millones de agujas, entregar cinco millones de laptops fue un aporte maravilloso.

“No fue fortuito lo que hizo Macri con los ministerios de Salud y Ciencia y Tecnología”.

– ¿Cómo ves a la Argentina desde Chicago?

-Es complejo porque no vivís el día a día, cuando se corta la luz, o no hay agua o aumenta el gas, o hay paro de trenes, todas cosas que afectan la vida cotidiana. Yo no lo vivo. Pero fueron tan graves los cuatro años del macrismo para la Argentina que casi cualquier cosa hubiese sido mejor. No es cierto pero es lo que siento. Me importa mucho que al gobierno y a la Argentina le vaya bien. Puntualmente tengo mucha confianza en Axel (Kicillof) y todo su grupo. Su predisposición. Lo conozco bien a él, a su familia. Sé los valores que le importan. Lo sé un tipo honesto, no sólo intelectualmente. Está muy preocupado por la distribución más equitativa de la riqueza, no sólo la material sino la intelectual. Que haya gente como él me da confianza.

– ¿Alberto?

-Vive una situación muy particular. Tiene el rancho cascoteado por todos lados. Encima cometió algunos errores difíciles. Es difícil predicar, decirle a alguien que haga cuarentena y después, fuera de la vista pública, hacer algo como lo que sucedió. Es un tema menor, pero manda un mensaje confuso. Le tengo mucho cariño y mucho respeto. Hizo mucho en una época muy compleja: a los 5 minutos de haber llegado le aparece algo para lo cual no había antecedentes. Hay que ir cien años atrás, o en todo caso a la poliomielitis. Yo era chico. Recuerdo cómo se festejó en mi casa cuando se anunció la vacuna de Jonas Salk.

– ¿Es comparable al vivir hoy en un mundo globalizado?

– Siempre me pregunto si ya pasó lo que pasa ahora, sólo que antes no existían las redes sociales, ni había una exposición de este tipo. Pienso que ahora estamos mejor que antes. Por ejemplo lo que sucedió con George Floyd debe haber pasado miles de veces, pero que estuviera filmado permitió sancionar al autor.

– Sí, aunque las redes sociales muchas veces se usan para denostar.

– Las reacciones nucleares permiten tirar la bomba atómica o ser una fuente alternativa de energía. A las decisiones, las toman los seres humanos, como aquellos que abonan fakenews, trolls, esos mecanismos que antes no existían… Cuando era chico le creía a la tapa de los diarios. Ahora no puedo ser tan ingenuo. Tampoco pienso que ahora mienten y antes eran impolutos. Pero ahora tengo más modos de informarme.

– Hablabas de lo grave que significó el macrismo. Nuestro común amigo Victor Hugo siempre se pregunta: ¿Cómo nos pasó Macri?

– No creo que esté unívocamente determinado. Sí que el manejo de los medios masivos es algo no menor. Horadan la piedra. Todos los días debés estar defendiéndote. Generaron una sensación de “estamos hartos de todo, probemos otra cosa”. Cuando Trump asumió en Estados Unidos, la sociedad ya estaba harta de lo que venía pasando, la discriminación, la segregación, las diferencias sociales, políticas, económicas. Pero después de cuatro años, tuvo 70 millones de votos, lo que no habla sólo de Trump, un tema menor, sino que habla de la sociedad estadounidense. La mitad piensa así… Pero en temas de diversidad y de igualdad de género, por ejemplo, la Argentina produjo muchas cosas de avanzada y ha progresado muchísimo.

– ¿Cómo ves la Argentina hacia el futuro?

– Tengo muchas esperanzas. Primero porque soy optimista por naturaleza. Luego, porque se están jugando todas las bolas. Hay una lucha de clases: los que tienen privilegios no los quieren perder. Y tienen las herramientas suficientes. El poder económico en la Argentina sigue estando cada vez más concentrado en las mismas personas, pero al mismo tiempo, la gente tuvo buenas posibilidades de advertirlo y de sufrirlo. Lamento mucho que haya habido macrismo. Pero también aspiro a que mucha gente se haya dado cuenta de las penurias que pasó. ¡Eso espero! Pasa que los términos electorales son cortos para hacer análisis históricos. Sobre todo porque la pandemia distorsionó todo, infectó todo. Que haya o no haya vacunas es sustancial. Al principio de la pandemia, Alberto tenía un 80% de aprobación, a su lado estaban Larreta y Axel. Parecía Argentina año verde. Pero duró nada. Pobre Alberto: también tuvo que aprender y equivocarse. Pero los sufrimientos que tenga gente como yo son inexistentes al lado de los otros. En Argentina es como vivir una Bélgica y una Biafra a la vez. El compromiso es acabar con eso. Tengo confianza en que va a dejar de pasar. No sé si yo lo voy a ver.

Matemática y Fascinación

“La matemática está presente todos los días en cada momento de nuestras vidas y nos sirve para tomar decisiones. Y fascinarnos como cuando éramos niños”, se asegura en la contratapa de Matemática y Fascinación (Sudamericana), el último libro de Paenza. Como los anteriores se trata de capítulos (en este caso 37) referidos a episodios e historias con una raíz matemática (por ejemplo, el primero, La historia de las hermanas Polgar) y otros en los que se planten problemas y el autor conduce hasta la resolución (Los puzzle de D’Andrea, y tantos otros). Es su 19° libro.

Fuente: contraeditorial.com

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