JUEGO IMPERIAL

Trump cuestiona a Reino Unido por Chagos mientras Milei busca respaldo de EE.UU. para Malvinas

El presidente estadounidense volvió a rechazar el acuerdo para transferir Chagos a Mauricio y Londres admitió que no puede avanzar sin respaldo de Washington. El episodio coloca bajo la lupa la estrategia argentina sobre Malvinas y el papel de la futura Base Naval Integrada de Ushuaia.

Redacción EnOrsai // Miercoles 23 de septiembre de 2026 | 19:30

Trump vuelve a presionar a Reino Unido por las islas Chagos

Donald Trump volvió a cuestionar públicamente el acuerdo mediante el cual Reino Unido prevé transferir la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio, mientras conserva durante 99 años el control operativo de la estratégica base militar de Diego Garcia.

La controversia escaló después del encuentro que Trump mantuvo con el primer ministro británico Andy Burnham durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Allí, el presidente estadounidense calificó el acuerdo como un “terrible deal” y dejó claro que no lo respalda en su forma actual.

La respuesta británica fue significativa. El ministro de Defensa, Wes Streeting, confirmó que los pagos previstos para Mauricio quedaron suspendidos y reconoció que el acuerdo “no puede avanzar” sin apoyo estadounidense. Londres busca ahora modificar las condiciones para obtener nuevamente el respaldo de Washington y mantener asegurado el funcionamiento de Diego Garcia.

El episodio revela hasta qué punto una decisión territorial británica queda condicionada por las necesidades militares de Estados Unidos.

 

Diego Garcia, la verdadera pieza estratégica

El archipiélago de Chagos está situado en el océano Índico y comprende más de 60 islas. En Diego Garcia funciona una instalación militar conjunta de Estados Unidos y Reino Unido que Washington considera estratégica para sus operaciones en distintas regiones.

La importancia militar de la isla explica buena parte del conflicto. El acuerdo firmado entre Londres y Mauricio contemplaba transferir la soberanía del archipiélago, pero mantener la utilización británica y estadounidense de Diego Garcia mediante un arrendamiento de largo plazo.

El Gobierno británico presentó ese esquema como una manera de resolver la disputa territorial y, al mismo tiempo, garantizar la continuidad de la base. Trump, sin embargo, considera que las condiciones pactadas no son aceptables y volvió a presionar para que Londres las revise.

No se trata solamente de una discusión diplomática. El caso muestra cómo una instalación militar puede convertirse en el elemento que termina condicionando una decisión sobre soberanía.

 

Una historia marcada por la descolonización

El conflicto de Chagos tiene además una dimensión histórica que excede la disputa actual entre Trump y Londres.

En 2019, la Corte Internacional de Justicia concluyó que el proceso de descolonización de Mauricio no había sido completado legalmente cuando el país obtuvo su independencia en 1968, debido a la separación del archipiélago de Chagos. El tribunal sostuvo además que Reino Unido debía poner fin a su administración del territorio lo antes posible.

La Asamblea General de Naciones Unidas respaldó posteriormente esa posición y reclamó el fin de la administración británica del archipiélago.

La historia también incluye el desplazamiento forzoso de la población chagosiana. Según la documentación de la Corte Internacional de Justicia, toda la población del archipiélago fue expulsada entre 1967 y 1973 para permitir, entre otras cuestiones, el desarrollo de la instalación militar estadounidense en Diego Garcia.

Por eso, la discusión actual no puede reducirse a una disputa entre gobiernos. En ella confluyen descolonización, autodeterminación, soberanía territorial y estrategia militar.

 

¿Qué tiene que ver todo esto con Malvinas?

El episodio adquiere especial relevancia para Argentina porque se produce en paralelo con el nuevo movimiento diplomático del Gobierno de Javier Milei respecto de Malvinas.

El 17 de septiembre, el Gobierno argentino envió al Congreso un proyecto denominado Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, orientado a endurecer las herramientas contra actividades vinculadas con la explotación de recursos naturales en los territorios que Argentina reclama como propios.

La iniciativa se sumó a otras medidas anunciadas durante septiembre, mientras Buenos Aires intenta aprovechar las recientes declaraciones de Trump sobre una revisión de la posición estadounidense frente a la cuestión Malvinas. Reuters informó que el Gobierno de Milei presentó nuevas sanciones contra entidades relacionadas con actividades petroleras en las islas y que el cambio de estrategia coincidió con las declaraciones del presidente estadounidense.

La coincidencia temporal resulta imposible de ignorar: Washington cuestiona un acuerdo territorial británico en Chagos mientras Buenos Aires busca que Estados Unidos tenga una posición más favorable a su reclamo sobre Malvinas.

 

Pero una cosa no demuestra automáticamente la otra.

No existe, en las fuentes consultadas, evidencia que permita afirmar que Estados Unidos pretenda controlar militarmente Malvinas mediante una instalación en Ushuaia. Esa hipótesis puede formar parte del debate político, pero no aparece acreditada como un hecho.

 

La Base Naval Integrada de Ushuaia

En este escenario aparece la futura Base Naval Integrada de Ushuaia.

El Ministerio de Defensa argentino informó el 11 de septiembre que el titular de esa cartera, Carlos Presti, recorrió el predio donde se emplazará la instalación, acompañado por autoridades militares y por el canciller Pablo Quirno. El Gobierno la presenta como parte de una estrategia vinculada con la presencia argentina en el Atlántico Sur.

La construcción de infraestructura militar en Tierra del Fuego adquiere así una dimensión estratégica evidente. Pero su existencia tampoco permite concluir que Estados Unidos vaya a ejercer control sobre ella.

La diferencia entre cooperación militar, alianza estratégica y control territorial no es menor. Confundir esos conceptos puede convertir una discusión geopolítica compleja en una narración demasiado sencilla.

 

El incómodo espejo de Chagos

El caso Chagos sí permite extraer otra conclusión: la relación con Estados Unidos no garantiza que Washington acompañe automáticamente las decisiones de un aliado.

Reino Unido había firmado un acuerdo con Mauricio y había diseñado un mecanismo para preservar durante décadas el funcionamiento de Diego Garcia. Sin embargo, la oposición de Trump fue suficiente para que Londres frenara el proceso y reconociera públicamente que necesita el respaldo estadounidense para avanzar.

Ese dato resulta relevante para cualquier estrategia argentina basada en una mayor aproximación a Washington.

Milei ha presentado el vínculo con Estados Unidos como una pieza central de su política exterior. En el caso Malvinas, el Gobierno argentino también busca capitalizar las señales emitidas por Trump. Pero el episodio de Chagos muestra que la política exterior estadounidense responde, antes que nada, a sus propios intereses estratégicos.

Eso no significa que Washington vaya a adoptar una determinada posición sobre Malvinas. Tampoco permite anticipar un cambio definitivo en su política. Sí demuestra que las alianzas internacionales tienen límites y que, cuando entran en juego bases militares consideradas estratégicas, los intereses propios de las grandes potencias pueden imponerse sobre los acuerdos previamente alcanzados.

 

Malvinas queda otra vez atrapada en un tablero mayor

La disputa por Chagos coloca una pieza inesperada sobre el tablero del Atlántico Sur.

Trump acaba de demostrar que está dispuesto a presionar a Reino Unido cuando considera que una cuestión territorial afecta intereses estratégicos estadounidenses. Milei, simultáneamente, intenta aprovechar las señales de Washington para fortalecer el reclamo argentino sobre Malvinas.

El punto central es que ambos procesos no son equivalentes y todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que formen parte de una misma estrategia estadounidense.

Lo que sí aparece con claridad es la dimensión militar de las disputas territoriales contemporáneas. Diego Garcia muestra cómo una base puede condicionar una negociación de soberanía. Ushuaia aparece ahora como una pieza de la estrategia argentina en el Atlántico Sur. Y Malvinas continúa atravesada por una disputa en la que soberanía, recursos naturales, diplomacia y poder militar avanzan sobre el mismo tablero.

Para el Gobierno de Milei, el desafío será convertir las señales diplomáticas provenientes de Washington en resultados concretos sin confundir una coincidencia circunstancial de intereses con un compromiso estadounidense permanente sobre Malvinas.

 

Fuentes

Associated Press. (2026, 23 de septiembre). What to know about the deal by Britain to surrender the Chagos Islands. ABC News.

Corte Internacional de Justicia. (2019, 25 de febrero). Legal consequences of the separation of the Chagos Archipelago from Mauritius in 1965.

Gobierno de la República Argentina. (2026, 10 de septiembre). Comunicado Oficial Número 163.

Gobierno de la República Argentina. (2026, 11 de septiembre). El Ministro de Defensa visitó el predio donde se construirá la Base Naval Integrada.

Gobierno de la República Argentina. (2026, 17 de septiembre). Comunicado Oficial Número 164.

Reuters. (2026, 17 de septiembre). Argentina's Milei submits bill to strengthen sanctions on Falklands activities.

Reuters. (2026, 21 de septiembre). British PM Andy Burnham seeks resolution to dispute over Diego Garcia base.

The Guardian. (2026, 23 de septiembre). Chagos Islands deal ‘can’t go ahead’ without US support, Streeting says.

The Guardian. (2026, 23 de septiembre). No signs Chagos deal can be adapted to suit Trump, UK officials believe.

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