OPINIÓN / ECONOMÍA FAMILIAR

La espiral del empobrecimiento: No se sale con el mismo plan que nos hunde

Menos dinero disponible significa menos compras. Menos ventas ponen en riesgo la producción y el trabajo. Si la respuesta es endeudarse sin recuperar ingresos, los intereses profundizan el problema. Esa secuencia explica mi conclusión: para quienes vivimos de nuestro trabajo, el plan de Milei ya fracasó.

Javier El Profe Romero analizando la espiral del empobrecimiento del plan económico de Milei.

Javier El Profe Romero analizando la espiral del empobrecimiento del plan económico de Milei.


Miercoles 23 de septiembre de 2026 | 07:49

Por Javier «El Profe» Romero | Miércoles 23 de septiembre de 2026

No hace falta que todos los integrantes de una familia pierdan el trabajo para que toda la familia tenga menos. Alcanza con que los ingresos que quedan deben cubrir más gastos y sostener a más personas.

Si a nuestros mayores no les alcanza la jubilación, les ayudarás a vender de otro bolsillo familiar. Si pierden la cobertura de un remedio, alguien tiene que afrontar ese gasto. Y si un integrante de la familia es suspendido y cobra menos, o queda desempleado, quienes conservan un ingreso tienen que estirarlo todavía más.

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Por eso, tener sueldo no es necesariamente llegar a fin de mes. El recibo individual no cuenta toda la historia del presupuesto familiar.

DEL BOLSILLO A LA FÁBRICA

Cuando los gastos indispensables absorben una porción mayor de nuestros ingresos, recortamos otras compras. Pero lo que para una familia es un gasto que ya no puede hacer, para un comercio es una venta que no llega.

Si ese comercio vende menos, reduzca los pedidos a sus proveedores. Si una fábrica recibe menos pedidos, tiene menos trabajo. La dificultad se transmite de una actividad a otra y puede volver a los hogares como una suspensión o un despido.

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Mirar solamente la ropa o el calzado deja afuera buena parte de la discusión. También hay que mirar la metalurgia, la construcción, los proveedores y los comercios que dependen de los ingresos de sus trabajadores. El precio de un producto importado no se resuelve, por sí solo, la pregunta de qué ocurre con quienes pierden el ingreso necesario para comprar.

LA DEUDA NO REEMPLAZA AL INGRESO

El alquiler, las boletas de servicios públicos y los impuestos no desaparecen porque falten clientes. Un préstamo puede permitir que una familia cubra un vencimiento o que un negocio mantenga la persiana abierta.

Pero si los ingresos no se recuperan, el mes siguiente encuentra el mismo problema y una obligación adicional: devolver el préstamo con intereses. Esa devolución deja menos dinero disponible para consumir o sostener la actividad.

La deuda puede dar tiempo. No garantiza una salida. Y cuando se usa para cubrir una insuficiencia persistente de ingresos, puede profundizar la dificultad que pretendía resolver.

Si finalmente un comercio o una fábrica cierran, el daño tampoco termina allí. Quienes pierden el trabajo reducen sus compras, otros negocios pierden clientes y más empleos quedan expuestos. El circuito vuelve a empezar desde un punto peor.

EL TIEMPO NO ARREGLA EL PROBLEMA POR SÍ SOLO

A ese mecanismo lo llamo la espiral del empobrecimiento. No se trata de sumar problemas inconexos, sino de entender cómo uno puede alimentarse al siguiente.

Mi conclusión es que, para quienes vivimos de nuestro trabajo, el plan de Milei ya fracasó. Una promesa de prosperidad no puede evaluarse dejando afuera la posibilidad de sostener una familia con un sueldo, vivir de una jubilación o mantener un negocio con sus ventas.

La responsabilidad del Gobierno es interrumpir ese circuito. Pedir paciencia no alcanza si las decisiones mantienen la presión sobre los ingresos y la actividad. El tiempo, por sí solo, no paga las deudas ni devuelve los puestos de trabajo.

El contraste político puede decirse sin rodeos: si no sos dueño de un banco, de un pozo petrolero, de una reserva de litio o hijo de un multimillonario, este plan no es para vos.

La imagen es la de las arenas movidas. No se sale profundizando el mismo plan que nos hunde.

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