“No escucho y sigo”

Jorge Sampaoli tocaba el timbre si veía un falcon verde

(Nadie es sin sus convicciones y Sampaoli no las esconde. Es peronista. Fue adolescente en la dictadura. Algunas historias de España y algunas que cuenta el crack de Pablo Paván. Un perfil para Goal.com Américas)

Jorge Sampaoli tocaba el timbre si veía un falcon verde

Jueves 18 de mayo de 2017 | 22:29

A Jorge Sampaoli le importó muy poco que se tratara de la catedral gótica más grande del mundo. No mucho después de llegar al club, José Castro, presidente de Sevilla, lo invitó a conocer la Catedral de la ciudad, una masa gigantesca de piedra, con una torre de 104 metros. Él dijo que sí, hasta que escuchó el epígrafe que venía detrás: “Ahí están los restos del descubridor de su continente, Cristobal Colón”. Masticó bronca y dudó de si ser él o no y no pudo evitarlo: “Discúlpeme, pero ustedes creen que lo descubrieron. El continente ya estaba. Ustedes le llaman descubrimiento a un genocidio”.

Cuenta Pablo Paván en su libro “No escucho y sigo” que Sampaoli cuidaba, en Casilda, una fábrica de repuestos que era de su tío. No es que quisiera laburar de eso, sino que era parte de cumplir un rol: “La cumplía en el sentido de fijarme si venía alguien a comprar mientras ellos se reunían. Cantaban la marcha peronista. Si pasaba un (Ford) Falcón verde -el auto preferido de los militares para secuestrar gente durante la dictadura cívico-militar en la Argentina-, yo tocaba un botón, para que ellos supieran”.

Jorge o El Zurdo nació en 1960 y se encontró con la dictadura militar siendo un adolescente. Su papá, un fanático del fútbol que hasta lo iba a ver a los partidos de fútbol tenis, era un policía que nunca tiró un tiro. Rodalgo Sampaoli no era alguien contra quien tuviera que rebelarse. Pero, aún así, él siempre recuerda la voz de su padre pidiéndole que se cuidara, que apagara la canción "La marcha de la bronca" que ponía en el auto, que estaban siguiendo a la gente y que eso era peligroso.

“Un chico en Casilda desapareció en aquella época, y después apareció muerto. Fue muy doloroso para nosotros” , contó en una radio, el año pasado, convencido del valor de la sensibilidad y de la memoria. La dictadura, como a muchos de su generación en Argentina, lo marcó. Marilina Ross, actriz y cantante que estuvo prohibida durante la dictadura, fue a tocar a Casilda y a él todavía se le eriza la piel con el momento en que cambió la letra de una canción para decir: “Aunque no lo veamos, Perón siempre está”.

Pero nunca cambió su manera de pensar. En el living de su casa de Santiago, Chile, mantuvo siempre un cuadro con muchas caras diferentes de Eva Perón, con distintos colores, al estilo de las obras de Andy Warhol. Siempre se sintió peronista .

Así como usó el walkman para escuchar conferencias de Marcelo Bielsa, todavía utiliza YouTube para buscar algún discurso de Juan Domingo Perón. En el cine, sobre todo, encuentra maneras para seguir pensando la política: hasta se volvió fanático de la serie El puntero, con Julio Chávez y con Rodrigo de la Serna como protagonistas.

Pese a que dejó de vivir en Argentina en 2002, para irse a Juan Aurich a probar suerte al fútbol peruano, Sampaoli nunca dejó de sentirse argentino. En la noche en que le ganó al equipo de Lionel Messi la final de la Copa América, recibió el llamado de Michelle Bachelet invitándolo al Palacio de la Moneda para celebrar el triunfo. Él se excusó: “No puedo ir, sentiría que estoy traicionando a mi bandera y a la tristeza de mis amigos”.

Lo puede favorecer o no, pero para Sampaoli es muy importante no dejar de ser Sampaoli y, para él, ser es ser lo que se cree. En su mejor momento en Sevilla, dio una entrevista para la radio Onda Cero y le preguntaron, con desagrado, si seguía siendo peronista y él no dudó: “Sí. Soy kirchnerista”. No era la primera vez en que lo admitía públicamente. En una entrevista con el diario La Tercera de Chile, anunció que votaría en las elecciones de octubre de 2013 al Frente para la Victoria.

En España, aunque admitiendo que es muy difícil entender la política de allí, se sintió más cerca del discurso de Pablo Iglesias, líder de Podemos, que de otra cosa. Pero su corazón late en Argentina.

Por eso, en los días más picantes sobre su posible llegada a la Selección argentina, una tarde levantó el teléfono y, aunque había mil cosas para consultar sobre su situación, lo primero que consultó fue: “¿Qué pasa con los docentes que hay paro?”.

Sampaoli no cree que el fútbol esté ajeno a la vida. No cree que la rebeldía en una cancha sea algo por fuera de la calle. Llega a Argentina tan involucrado que hasta planifica qué días irá a ver a su amigo Patricio Fontanet, a quien considera injustamente detenido por la tragedia de Cromañón.

A veces, en sus visitas al penal donde está detenido, encuentra respuestas para el juego. Le pasa lo mismo con el cine o con la literatura. Y con la política: “Yo digo, siempre, que el mejor abogado es el que sabe qué piensa el jurado y no el que estudia leyes . En mí, es tener la claridad de con quién voy a hablar y de la manera en que voy a seducir. Por eso, a veces, escuchar un discurso de Perón es mucho mejor que ver un partido de fútbol”.

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