Argentina se debatió a lo largo de toda su historia entre dos modelos de país: a grandes rasgos uno agroexportador centrado en la pampa húmeda y otro de sustitución de importaciones de perfil industrial. En el debate de ayer esa histórica tensión tuvo sus representantes y las posiciones quedaron claras.
Lunes 16 de noviembre de 2015 | 12:13
Quién ganó o quién perdió el debate es una discusión nimia. Como en el fútbol, salvo una pequeña porción de televidentes indecisos, la mayoría de los electores fueron “hinchas” de su candidato. Algunos celebraron el “tenés que respetar los tiempos, Daniel” y otros el “no pudiste con los trapitos en la Ciudad, ¿cómo vas a poder con el Narcotráfico?”
Lo central del debate fue la exposición de los modelos de país, del perfil productivo de la Argentina. No es un debate nuevo, ni entretenido, ni sencillo de comprender pero es el que atraviesa toda la historia de Argentina: la verdadera grieta. De un lado, los conservadores, el modelo agroexportador, la otrora llamada oligarquía argentina. Del otro, los partidos populares de los que hoy sólo subsiste el peronismo; la UCR es hoy el furgón de cola de los conservadores.
En el debate del domingo los candidatos apuntaron a estrategias distintas: Daniel Scioli buscó evidenciar esta diferencia en los modelos de país mientras que Macri, intentó evadirla al tiempo que se esforzó en destacar cuestiones de estilo: se trató, también, de un debate entre forma y contenido.
La estrategia de Macri deviene de los estudios que realizó para reacomodar su discurso: la mayoría de los electores comulga con la intervención del Estado e incluso con la mayoría de las medidas del peronismo, sin embargo, rechaza sus formas. Así fue que el Jefe de Gobierno porteño decidió mostrarse algo más afecto a la intervención estatal pero le dio un rostro nuevo. El problema es que sólo se trata de un cambio discursivo y fue lo que evidenció Daniel Scioli cuando dejó en claro que el bloque del PRO en la Cámara de Diputados había votado en contra de todas las medidas donde el Estado tomó un rol activo: AFJP, Aerolíneas Argentinas, YPF, Fertilización Asistida, etc.
Este contraste entre modelos quedó claro: por un lado Scioli, la intervención estatal, sostenimiento del poder adquisitivo y el consumo interno, el control sobre las grandes corporaciones y un perfil productivo que conjuga agro e industria, del otro, Macri, un modelo agroexportador, reprimarizador, con las áreas claves del Estado en manos de Shell, Monsanto y otras multinacionales al tiempo que se busca aumentar las ganancias empresariales por vía de la baja de salarios.
Ahora, resta que el pueblo argentino elija al próximo gobierno y decida qué modelo del país decide impulsar: nunca antes estuvo tan claro en las urnas. Lo que aún resulta sorprendente es que ante este escenario, millones de argentinos voten por destruir su propio poder adquisitivo.