Propuesta

Creación de la Internacional Antiimperialista de los pueblos, en defensa de la humanidad y la naturaleza

El ex presidente de Honduras Manuel Zelaya en el marco del XXIV Seminario Internacional del Partido del Trabajo, que se celebró en México, ha presentado la ponencia-propuesta de convocatoria a la creación de la Internacional Antiimperialista de los pueblos, en defensa de la humanidad y la naturaleza. El ex presidente en su viaje hacia México fue detenido tras una maniobra de inteligencia para impedir su viaje y la presentación de la ponencia. Tras la pérdida del avión, tuvo que retomar el viaje un día después llegando al Seminario al finalizar el mismo. Una parte de la ponencia señala:

Creación de la Internacional Antiimperialista de los pueblos, en defensa de la humanidad y la naturaleza

Lois Pérez Leira // Domingo 29 de noviembre de 2020 | 09:13

“Los seres humanos nos enfrentamos a la posibilidad cierta de un final catastrófico, provocado por la mano de quiénes hoy dominan por completo nuestro mundo. Sería ingenuo ponernos en el plan de que como especie somos todos destructivos, cuando es en realidad el cúmulo de intereses de una minoría que apenas supera el dos por ciento de toda la población mundial, la que provoca todos los desequilibrios que, poco a poco, van arrastrándonos a la extinción de la vida como la conocemos.

Esos privilegiados deciden las guerras y la paz, condenan países al asedio perpetuo, a la esclavitud o la desaparición. Son ellos la plaga más terrible que azota nuestros recursos naturales, hasta el punto de alterar todo lo que existe, desatando con ello fuerzas de la naturaleza que sacuden todos los rincones de nuestro planeta, castigando siempre a los más pobres. En la supremacía del dinero radican todos los fetiches que envilecen a toda la humanidad, condenada hoy al consumo irracional, al egoísmo y al odio a sus prójimos”

La propuesta esta abalada por más de un centenar de destacadas figuras internacionales, entre ellas: Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz. Zelaya, Manuel. Ex Presidente de Honduras. Evo Morales, ex presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Alberto Rodríguez Saá, gobernador de la provincia de San Luis. Dirigente del Partido Justicialista. Piedad Córdoba. Ex senadora y ex candidata a Presidenta de Colombia. Patiño, Ricardo. Ex Canciller de Ecuador. Exiliado en México. Ecuador. Yeidkol Polevnsky, Ex presidenta del MORENA. México. María León, Diputada de la Asamblea Constituyente de la República Bolivariana de Venezuela.

Entre otras cosas continua la ponencia señalando:

“En unos días, la hermana República Bolivariana de Venezuela enfrentará un proceso electoral que sirve para consolidar la revolución bolivariana, y el liderazgo democrático del compañero presidente Nicolás Maduro Moros. Este proceso refleja el enfrentamiento entre dos conceptos del mundo y de la humanidad. Las fuerzas imperialistas y coloniales, sabiéndose perdidas, han tratado de desfigurar y deslegitimar la realidad del pueblo heroico de Bolívar, Zamora y Chávez. Hoy la misión más grande de nuestros pueblos es solidarizarnos con el pueblo de Venezuela agredido por el imperio, y que él es el ejemplo mayor de resistencia antiimperialista en el siglo XXI. Así como lo fue y sigue siendo Cuba y Nicaragua en el siglo XX.”

La ponencia termina haciendo un llamamiento:

“Por todo lo anterior, es que convocamos a que se constituya la Internacional Antiimperialista de los Pueblos, inspirada y comprometida con la lucha por la defensa de la Humanidad y la Naturaleza”.

Convocatoria a la Internacional Antiimperialista de los Pueblos, en Defensa de la Humanidad y la Naturaleza

La Humanidad y la Naturaleza amenazadas con el exterminio, nos exigen a sus hijos e hijas, y a los pueblos del mundo, tomar en nuestras manos el desafío de reconstruir y garantizar la vida en el planeta tierra.

Este colosal desafío ha sido contundentemente señalado por líderes de los pueblos:

“El imperio quiere gobernar el mundo y el mundo es ingobernable”. Fidel Castro.

“Debemos impedir la consolidación de la dictadura imperial”. Hugo Chávez.

“Solo una respuesta colectiva internacional puede ganar esta batalla”. Xi Jinping

¡Derrotar el destructivo y voraz capitalismo y al imperialismo, su principal forma de dominación, es la principal tarea a que nos convocamos!

Los seres humanos nos enfrentamos a la posibilidad cierta de un final catastrófico, provocado por la mano de quiénes hoy dominan por completo nuestro mundo. Sería ingenuo ponernos en el plan de que como especie somos todos destructivos, cuando es en realidad el cúmulo de intereses de una minoría que apenas supera el dos por ciento de toda la población mundial, la que provoca todos los desequilibrios que, poco a poco, van arrastrándonos a la extinción de la vida como la conocemos.

Esos privilegiados deciden las guerras y la paz, condenan países al asedio perpetuo, a la esclavitud o la desaparición. Son ellos la plaga más terrible que azota nuestros recursos naturales, hasta el punto de alterar todo lo que existe, desatando con ello fuerzas de la naturaleza que sacuden todos los rincones de nuestro planeta, castigando siempre a los más pobres. En la supremacía del dinero radican todos los fetiches que envilecen a toda la humanidad, condenada hoy al consumo irracional, al egoísmo y al odio a sus prójimos.

El capitalismo, en crisis permanente, siempre busca la solución de sus defectos en el sacrificio de miles de millones de personas. Hoy la pobreza no es extraña en aquellos países donde la miseria se pudo contener a través de los estados de bienestar que surgieron como paliativo a un problema estructural que solo se resuelve cambiando el sistema. El monetarismo predominante ha sacrificado el trabajo, y consagrado al dinero como mercancía suprema, mientras destruye el valor de las dos fuentes de riqueza: la humanidad y la naturaleza.

No son los pueblos los culpables del calentamiento global, pero si son sus víctimas directas. Las alteraciones dramáticas en el medio ambiente nos exponen todos los años a catástrofes naturales, cada vez más intensas y con mayor frecuencia. Son unos pocos los que producen el deterioro ambiental que debemos pagar todos. Los pueblos más pobres responden con grandes oleadas de migración a las desgracias cataclísmicas producidas por el embate de la naturaleza o la perfidia de los dueños del mundo que siempre están dispuestos a sacrificar millones de vidas, con tal de sostener y aumentar su poder acumulado.

Es una falacia repetida millones de veces que el capitalismo produce riquezas; pues en su afán de reproducir las ganancias hasta el infinito, no para nunca de extraer lo que nos pertenece a todos. Ahí donde vemos una opulenta transnacional, encontramos un rastro interminable de sangre inocente, ya sea por diamantes, por petróleo, por litio, y tantos otros recursos que se están agotando a un ritmo acelerado y fatal. Al final, la disponibilidad de cantidades ingentes de dinero sin valor en todo el mundo nos expone cada vez más al hambre, a las sequias, a inundaciones y muchos fenómenos más.

Está claro que la existencia y funcionamiento del capitalismo posee una vida orgánica a nivel mundial; la hegemonía de los dueños del mundo no sería posible si estos no estuvieran vinculados unos con otros, si no manejaran una agenda global de desinformación y enajenación, si no fueran capaces de dominar ideológicamente a nuestras sociedades. El camino de la solución está en manos de los pueblos; para ello se requiere de la acción conjunta en todo el planeta, ya no solo para resistir, sino para cambiar el mundo de una vez por todas, antes de que sea demasiado tarde.

El Capitalismo al Desnudo

La situación por la que atraviesan millones de habitantes del planeta es responsabilidad directa del capitalismo y de su lógica de extracción de valor en desmedro de quienes lo producen. Muerte, enfermedad, cambio climático, megasequías, inundaciones, guerras, hambrunas, empobrecimiento y desigualdad, son el resultado de décadas de supremacía del capital por sobre el trabajo.

El sistema capitalista y su modelo neoliberal son los principales instrumentos con los que operan las élites criminales y neocoloniales globalizadas que provocan la degradación de la vida en el planeta y empujan a la humanidad a un deterioro irreversible. Esta impudicia y cinismo son fruto de años de dominación imperialista, que impone la política y economía que privilegia el sector financiero y desplaza hasta el último lugar al ser humano.

El colonialismo, es la más retrógrada característica del imperialismo, que condena a pueblos y naciones a vivir sin territorios como el pueblo Saharaui, arrebata soberanía como en Las Malvinas y Puerto Rico, invade y ocupa países como en Palestina. En su dimensión cultural, el colonialismo impone sus visiones de mundo, excluyendo e invisibilizando las diversas culturas y cosmovisiones que conforman los pueblos y paises dependientes.

La potestad de detener el mundo, y mantenerlo en condición subalterna, el imperialismo destruye aquellas naciones que no puede colonizar. Para ello impone guerras interminables que acaban con la vida de millones de personas inocentes, bajo pretextos falaces y cínicos, como ha sucedido en Irak, Afganistán y Siria, o la guerra criminal contra el pueblo yemenita que ya se extiende por más de cinco años. Todo esto, en el corto término de dos décadas de este siglo.

La destrucción impune del oriente medio, donde vio sus albores la civilización humana, ha dejado en evidencia la naturaleza depredadora del capitalismo, así como su imposibilidad de ser un agente activo por la paz mundial. La visión torcida sobre la supremacía del modo de pensar “occidental” ha servido como marco ideológico para la intervención en países soberanos, que, en casos como el de Libia, fueron llevados de regreso a la esclavitud. Esa es la esencia del capitalismo, que se confabula con regímenes autocráticos que se prestan para enterrar pueblos entre escombros tal como ya hoy sucede en Yemen, donde a diario mueren niños, ancianos y mujeres bajo el martilleo incesante de las bombas criminales made in USA.

El riesgo de una conflagración nuclear es hoy más patente y peligroso que nunca en la historia; los imperios se desgastan y se debilitan, esa es la lección de 5 mil años de civilización, sin embargo, la necesidad de la unipolaridad ha hecho que el imperio olvide verdades estratégicas que no se borraron con la desaparición de la Unión Soviética. Hoy la correlación de fuerzas marcha hacia un mundo multipolar, lo que aumenta el riesgo de que a algunos se les ocurra adoptar una decisión irreversible. La humanidad esta hoy, más que nunca, obligada a luchar frontalmente contra la amenaza que representa la demencial carrera armamentista, y, sobre todo, debemos exigir que se retomen pactos de control suscritos el siglo pasado, y abandonados abruptamente y sin justificación por el gobierno de los Estados Unidos.

La colonización tiene diversas expresiones, siendo la más vil de ellas el control sobre el desarrollo tecnológico y la ciencia. Las Leyes de Derechos de Autor, lejos de servir como forma de premiar la creatividad, se han convertido en armas de las transnacionales para controlar la vida de todas las personas en el planeta. De ahí que cosas que son fundamentales para toda la humanidad, entren en el campo imposible de la especulación, que es el caso de las vacunas, hoy en una guerra que no creíamos posible a la luz del día.

Es contrario al espíritu humano el boicot a la cooperación entre los países, así como las viles sanciones unilaterales y extraterritoriales. Las mismas hoy privaran de gas a los europeos que ven pasivos como el imperialismo ataca el proyecto gasífero Nordstream 2, mientras impone infinitas sanciones a Rusia. Y qué decir de los bloqueos a Cuba, Nicaragua, Venezuela, e Irán, que impone ingratas penurias a esos pueblos, que ya se han ganado el derecho a una mejor existencia.

Tendenciosa y dañina es la guerra tecnológica de occidente, liderada por Estados Unidos, contra empresas chinas y contra la tecnología 5G. Tratan de esconder el rezago tecnológico, con mentiras, persecución y hasta fábulas para desprestigiar el avance vertiginoso de un competidor cuyo secreto más evidente es no haber participado en guerras de coloniaje en siglos, sin dejar de mencionar la tradición creadora de un pueblo que ya aportó grandes conocimientos a la humanidad entera.

El racismo es la ideología de un imperialismo supremacista que somete a las minorías étnicas, excluye a los pueblos originarios, discrimina y explota a los migrantes. El patriarcado y el machismo niegan constantemente a las mujeres su condición de igualdad, y promueven la exclusión e intolerancia hacia las diversidades sexuales (LGTBQ+I). Todo ello es parte de prácticas sociales, pero también de políticas institucionales y no hacen más que constatar el abuso, el atraso y degradación de la vida que provoca el capitalismo en gran parte del planeta.

La precariedad del trabajo, la disminución del empleo, los recortes en salud y educación pública, la falta y hacinamiento de vivienda y transporte público, la privatización de sectores estratégicos y servicios públicos es la transferencia mañosa de capital público a manos privadas, es decir, creación de propiedad privada mal habida, cuyos efectos han impactado negativamente la calidad de vida de la población y la sostenibilidad de la vida en el planeta.

La visión de un desarrollismo ilimitado y de ganancia infinita que promueve el capitalismo, deteriora, contamina, destruye la vida y devasta el planeta en su biodiversidad amenazando su sustentabilidad, desatando un ecocidio; mientras los que corrompen la política junto a los empresarios dueños del capital niegan y se oponen a regular, planificar y poner límites, arrastrando a la humanidad a una situación de desastre inminente.

Derrotar este destructivo y voraz sistema depredador, que saquea los recursos colectivos y corrompe los Estados-Nación para aumentar sus ganancias, profundizando la pobreza y la dependencia, debe ser el motor de esta instancia internacional y nuestra tarea fundamental a la que nos autoconvocamos.

La Pandemia: el reflejo de su peor cara

La actual crisis sanitaria, económica y social que azota al mundo (pandemia covid-19), ha llevado al cese de la actividad productiva. Millones de trabajadores y trabajadoras han perdido sus puestos de trabajo y dejado de producir, provocando una caída significativa en la economía mundial, y desnudando la vocación agraviante y depredadora del capitalismo salvaje. En casi todos los países, salvo excepciones, la gestión neoliberal de la pandemia ha bordeado los límites del asesinato. Europa, Norteamérica y América Latina, han sido los territorios más golpeados por la indolencia y codicia de su clase gobernante y hasta el momento es la clase trabajadora, formal e informal, la que ha pagado el mayor costo de la crisis.

El neoliberalismo con esta crisis cierra un ciclo y muestra su peor cara, arrastrando a la mayoría del planeta. El sistema mundo capitalista, intenta prevalecer, por un lado, cooptando para sus negocios el rol del Estado nacional que garantice la aplicación de las políticas imperiales, para lo cual construye un autoritarismo neoliberal que permitiría profundizar la sola extracción de valor; y, por otro lado, como la gran panacea, ofrece falsamente la reconstrucción del Estado de bienestar y progreso social, en versión de baja gama, dentro de los límites de un acuerdo político o social, estilo Green New Deal, que asegure, en “orden, paz y progreso”, la domesticación de la clase política y los sectores de la población agraviada, los trabajadores y los pueblos.

En las actuales circunstancias, después de esta crisis, habrá aumentado la concentración de la riqueza, se estancará la matriz productiva y la economía quedará en poder total de la especulación financiera. Si bien, el trabajo humano seguirá siendo el corazón de la economía —ya que sin seres humanos no es posible la ganancia de capital ni PIB—, aquél será aún más precarizado, flexible e informal. La tendencia es hacia la consolidación del Estado subsidiario, extendido al ámbito internacional, reafirmando el poder de las instituciones financieras como reguladores económicos, financieros y políticos, especialistas en aplastar la soberanía de los pueblos y Estados. No cabe duda, que los brazos financiero y militar del imperialismo, se alistan a nivel mundial para sostener su posición hegemónica.

Las instituciones financieras como el FMI, Banco Mundial, Banco Central de Europa y la Comisión de Finanzas de Europa están tomando las decisiones junto a las grandes corporaciones transnacionales delimitando la política económica de los países. En tanto, el control militar de los Estados Unidos y la OTAN intentará extenderse a nuevos territorios amenazando cualquier oposición a las medidas de las instituciones financieras, derrocando gobiernos o impidiendo la instalación de procesos de cambio.

Cualquier acercamiento mayor con China, Rusia o de plataformas de economías emergentes basadas en la cooperación serán vistas como una amenaza. El asedio a Cuba, Nicaragua, Venezuela e Irán se intensificará. Todo intento de desconexión con el capitalismo mundial, de reformas en pos de un país productivo y de distribución justa basada en la retransferencia de monopolios naturales y servicios privados hacia el Estado, será obstaculizada y saboteada mediática y militarmente.

Si no media una decisión de recomposición mundializada de los sectores progresistas en una nueva articulación internacional que incluya los pueblos en coordinación real y efectiva contra el imperialismo; no queda duda que el Estado, en tanto representación de la acción colectiva, desaparecerá y con él, su rol protagónico en favor de los pueblos, al no poder cumplir el deber de garantizar la vida y la libertad, la salud y la educación, la alimentación y la vivienda.

La época nos convoca a la conformación de un bloque mundial de poder popular, basado en la unidad y la organización, la cooperación, la acción y la solidaridad internacional. Las luchas de los pueblos desbaratarán el sueño neoliberal de su eternización.

El relato unilateral del fin de la historia ha concluido. Se cierra un ciclo. Los movimientos sociales y políticos, de resistencia, han explotado en diversos rincones del planeta llevando la confrontación también a los países centrales que imponen en el mundo el modelo neoliberal. Hay reclamo y germen de una nueva sociedad, se levantan banderas para anunciar otro modo de convivir, cuidar y preservar la vida humana y de la naturaleza, se fortalecen los planteamientos enarbolados por la izquierda, en los movimientos sociales, sindicales, en los pueblos originarios, en hombres, mujeres, niños, niñas y jóvenes, en la diversidad sexual, y en etnias distintas.

Hoy de nuevo, los millones de hombres y mujeres nos levantamos, ya no solo para denunciar, indignarnos y resistir, sino también para unirnos y organizarnos, luchar y hacer sucumbir el modelo neoliberal como la expresión más feroz del imperialismo.

Urgencia de Conformar la Internacional Antiimperialista de los Pueblos

Urge una nueva organización internacional, una realización de la razón colectiva internacional de los pueblos, comprometida con la clase trabajadora, que bregue por la derrota de los grupos financieros internacionales y del imperialismo. Debemos conformar una alianza política y social mundial que de paso a un bloque histórico alternativo cuya primera tarea sea derrotar el imperialismo.

Debemos superar el ámbito particular y nacional. Construir propuestas desde lo local, lo nacional pero acoplado hacia una expresión mundial, nos permitirá aumentar la conciencia de un proyecto alternativo coherente y mundializado capaz de derrotar al neofascismo y el liberalismo.

Este llamado es a converger desde la diversidad, asumiendo el debate, la conciencia y la convivencia democrática con otros agentes de contradicciones, promoviendo los intereses sociales, nacionales y culturales en la convergencia de las luchas contra el enemigo principal. El pregón que favorece la ausencia de centralidad termina siendo funcional al Imperio ya que usa en su favor las tensiones de fragmentación de las luchas.

Necesitamos reconstruir el frente único mundial como un bloque de poder geopolítico y social que ponga en el centro al trabajo como espacio de contradicción y lugar común de la opresión de todas las diversidades. Debemos procurar no caer en artimañas neofascistas ni en las ilusiones socialdemócratas. La actual situación debe ser aprovechada en favor de la unidad del trabajo y de los pueblos. El capitalismo como sistema mundial posee una estrategia mundializada por tanto nuestra respuesta debe ser similar.

El capitalismo post crisis se volverá a adaptar y será aún más salvaje y aberrante. Estamos, por sobrevivencia, conminados a consensuar una estrategia no fragmentada. Las izquierdas del mundo estamos obligadas a liderar este Proyecto. Mientras exista el poder imperial ninguna transformación progresista, de democracia radical o con horizonte socialista será posible y la que lo consiga será cruelmente saboteada. El consenso liberal progresista no puede ser nuestro techo.

Nuestro desafío debe ser pasar a la ofensiva, uniéndonos y organizándonos en todo el mundo, levantando una propuesta de nuevas e históricas banderas de lucha y de un fecundo y renovado pensamiento que la sustente.

La organización que proponemos debe construir su pensamiento y propuestas, examinar la vigencia de los procesos de emancipación de los pueblos, descolonización y decolonización, en tanto se mantiene aún la tensión entre dominación-resistencia como resultado de los procesos sociohistóricos que han constituido la base sobre la cual se cimentan las desigualdades del presente.

Debemos discutir el concepto de modernidad impuesto como proyecto civilizatorio, pues por más de 500 años ha dividido a la humanidad entre civilización y barbarie, que ha degenerado en racismo imperial que justifica la dominación cultural, política y económica de pueblos y naciones, ha sido la sustancia de los procesos socio-históricos y sus relaciones de poder establecidas como orden centro-periferia desde el cual se ha construido la geopolítica moderna, y por lo tanto abona a su modelo de dominación capitalista creando los conflictos políticos, económicos, y ambientales que ponen en peligro el presente y el futuro.

Debemos revertir la universalidad del Crecimiento/Desarrollo como único camino posible para la Humanidad, observando que la genealogía eurocéntrica del concepto y el modo como se ha impuesto a través de la represión material y simbólica, explica cómo se han truncado los proyectos de pueblos y naciones que desde sus particularidades trazan caminos alternativos para lograr el bienestar social e individual, los cuales son demonizados y presentados mediáticamente como proyectos antagónicos, destruyendo la idea de convivencia en base a la complementariedad entre sociedades.

No debemos permitir que continúe la separación entre cultura y naturaleza, dicotomía que ha permitido el avance voraz del modo de producción capitalista, que se perpetúa en el saqueo de recursos para el abastecimiento del centro civilizatorio estableciendo una economía que sostiene el modo de acumulación a escala planetaria, derivando los efectos nocivos a las periferias que asumen los costos socioambientales, como las políticas extractivistas de nuestros recursos naturales, que a escala planetaria constituyen un ecocidio.

Las estructuras sociales “modernas” reproducen la dominación del otro en el cuerpo social e individual y se materializan en patriarcado, racismo, fascismo y otras formas de opresión. Nuestra misión es organizarnos para desarticularlas ya que son la matriz contra la diversidad, principal fuente de la riqueza humana.

Hay que pasar de la resistencia a la ofensiva internacional antimperialista. El antiimperialismo debe ser el motor de la nueva instancia internacional y el socialismo su producto. Este último será fruto del debate, rico y fraterno, de todos los agraviados, agraviadas, trabajadores, trabajadoras y pueblos.

Derrotar la amenaza imperial frente a los procesos de cambio y a las economías emergentes basadas en la cooperación, es el primer acuerdo al que debemos llegar y la primera barrera a eliminar. El antimperialismo debe ser la tarea inmediata porque para pensar el horizonte estratégico, experimentar sus límites, aciertos y fracasos, se requiere de libertad y de la recuperación plena de la soberanía de los pueblos. Luego, los sueños de justicia de nuestros mártires, próceres y héroes se harán realidad.

Nos convocamos todos y todas, quienes buscamos reescribir la historia, terminar con el sometimiento, los que hemos forjado las luchas sociales, para transformar y construir una sociedad más igualitaria y socialista, que preserve la vida de todos los seres vivos y expulse para siempre la explotación y el abuso en la convivencia humana.

Somos Más

Somos las organizaciones que en el seno de los países imperiales hemos enfrentado las nuevas miserias del capitalismo con sus pensiones, el desempleo, la destrucción del medio ambiente; somos los que — en el centro del neoliberalismo— hemos encarnado las luchas contra el racismo y el supremacismo.

Somos los pueblos del mundo que reivindicamos nuestra soberanía y el derecho a la autodeterminación, que nos defendemos del imperialismo y sus estrategias de agresión, aislamiento y bloqueo, del saqueo de nuestras riquezas básicas, de la destrucción de nuestra biodiversidad, de la ocupación y usurpación de nuestros territorios.

Somos los pueblos originarios y ancestrales que luchamos y reclamamos el derecho a la libre determinación, a nuestro territorio, a decidir políticamente sobre nuestra cultura y gobierno.

Somos los movimientos y pueblos de naciones y estados sin territorio, los desplazados, que luchamos por el derecho a la tierra para nuestra existencia, a los que se les niega ciudadanía y persiguen.

Somos los que luchamos contra toda forma de discriminación y exclusión que genera el capitalismo y su ideología en las relaciones humanas, los que buscamos poner fin a la histórica desigualdad de hombres y mujeres, a la de género, a la diversidad sexual; también nos oponemos a la segregación, la que levanta muros y persigue a los que migran por el planeta en busca de mejor vida.

Somos los movimientos sociales y partidos populares que nos hacemos parte de las causas por mayor justicia social, del derecho a la organización, por el derecho al agua, por garantías y derechos fundamentales esenciales para una mejor calidad de vida, que elimine la miseria y pobreza y profundice la democracia, para lograr que nuestros pueblos puedan decidir sobre sus propios destinos.

¡Ya aprendimos y no descansaremos hasta unirnos, organizarnos y alcanzar más victorias! ¡Hemos resistido por siglos y es en la solidaridad internacional de los pueblos donde radica parte de nuestra fuerza y capacidad para emanciparnos de quien nos oprime!

Una Fuerza para la Liberación de los Pueblos

Diversas organizaciones, intelectuales y líderes han solicitado la creación de la Internacional Antiimperialista de los Pueblos, comprometida orgánicamente con las luchas de la clase trabajadora, ahora más amplia e inspirada en la fuerza popular manifiesta de los jóvenes por el mundo, para saldar la deuda con la Humanidad y en contra de la artillería política, militar e ideológica/mediática de la derecha mundial contrapuesta a nuestro internacionalismo. Samir Amin lo señaló con brillantez y fuerza intelectual el año 2007 y el presidente venezolano Hugo Chávez lo reiteró con fuerza política y moral en 2009, en el Encuentro Internacional de Partidos Políticos de Izquierda.

Toda la grandeza y generosidad que fue desplegada por hombres y mujeres en anteriores Internacionales nos acompañe hoy, y no cabe duda de que en este esfuerzo internacionalista estarán presentes los precursores de la Primera Internacional, Ernest Jones y Julian Hamey, sus líderes emblemáticos, Karl Marx y Friedrich Engels, y luego la incorporación de Mijaíl Bakunin y todo el movimiento obrero internacional. A todos ellos, a los mártires caídos en la defensa de los derechos de la vida y la libertad, de la clase obrera, campesinos e indígenas, y de las luchas territoriales y ambientalistas, nuestro homenaje sincero y fiel.

Toda la inteligencia, el coraje y el tesón de millones de seres humanos constituirán la fuerza para la liberación anunciada que involucra a todos los pueblos del mundo, y sólo se logrará con la solidaridad internacional.

Las agresiones del imperio saltan a la vista en América Latina: lawfare, golpes de Estado, represión, escuadrones de la muerte, presos políticos y militarismo; debemos combatir el oportunismo dentro de nuestras organizaciones, todo es el resultado de la incapacidad política y social de defender los procesos de transformación y cambio frente al enemigo.

Es imperativo recordar que la contraofensiva imperialista en América Latina se inicia con el Golpe de Estado Militar del 28 de junio de 2009 en Honduras. Desde Inazio Lula da Silva, pasando por Manuel Zelaya Rosales, Rafael Correa, Fernando Lugo, Dilma Rousef, Cristina Fernández, enfrentamos la guerra jurídica inventada y montada sin ningún empacho por una derecha a la que no le importa lucir antediluviana o primitiva. Qué decir del Golpe de Estado en Bolivia en 2019, en el que no sucedió nada lógico, y lo que privó fue la frialdad criminal del imperio y la ignominiosa perfidia de la OEA.

La estrategia de agresión imperial, creo un férreo cinturón de miseria en el llamado triángulo norte de Centroamérica, Honduras, Guatemala y El Salvador, que ha generado un flujo intensivo de migración de miles de personas que huyen de las condiciones de violencia y miseria que producen las políticas criminales de los regímenes serviles a Washington, en un momento en el que la Doctrina Monroe retoma fuerza, en virtud del inevitable tránsito a la multipolaridad y el equilibrio estratégico en el mundo.

Las revoluciones son fruto de la historia, pero también lo son de la voluntad de poder de los líderes populares, voluntad que no debe perder de vista la capacidad del enemigo en la construcción de estrategias y convergencias pertinentes para defender lo que nos pertenece. No podemos conformarnos con aquello de que los procesos históricos son avances y retrocesos.

En estos momentos de la Historia necesitamos ser decididos antiimperialistas, pero generosos luchadores políticos y sociales que permitan revivir el espíritu internacionalista de la clase trabajadora, de los partidos políticos de vanguardia en el mundo y de la gente, que está en las calles reclamando sus derechos, y abrir paso así a una cooperación internacional entre los pueblos.

En unos días, la hermana República Bolivariana de Venezuela enfrentará un proceso electoral que sirve para consolidar la revolución bolivariana, y el liderazgo democrático del compañero presidente Nicolás Maduro Moros. Este proceso refleja el enfrentamiento entre dos conceptos del mundo y de la humanidad. Las fuerzas imperialistas y coloniales, sabiéndose perdidas, han tratado de desfigurar y deslegitimar la realidad del pueblo heroico de Bolívar, Zamora y Chávez. Hoy la misión más grande de nuestros pueblos es solidarizarnos con el pueblo de Venezuela agredido por el imperio, y que él es el ejemplo mayor de resistencia antiimperialista en el siglo XXI. Así como lo fue y sigue siendo Cuba y Nicaragua en el siglo XX.

En 2021 nos enfrentamos a procesos electorales cruciales en Ecuador, donde la victoria contra la traición está confirmada y recuperar lo perdido en estos aciagos años. En Nicaragua, tendremos elecciones, donde también se consolida la Revolución Sandinista, siempre bajo el asedio del imperio que no perdona la victoria revolucionaria del pueblo de Sandino en 1979. En Honduras, donde hemos mantenido nuestra dignidad y tenacidad, después de haber derrotado al golpismo lacayo en dos oportunidades, y sufrido dos públicos y escandalosos fraudes electorales en 2013 y 2017 avalados por los Estados Unidos, nos preparamos para el próximo noviembre como lo dijo AMLO para revencer en la tercera y continuar el camino de la liberación. Hoy en nuestro continente se respira antiimperialismo.

Por todo lo anterior, es que convocamos a que se constituya la Internacional Antiimperialista de los Pueblos, inspirada y comprometida con la lucha por la defensa de la Humanidad y la Naturaleza.

“Ser antiimperialista y defensor del capitalismo es una contradicción ideológica”. Mel Zelaya.

Ciudad de México, veintiocho de noviembre de dos mil veinte.

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