violencia de género

Monzón, el ídolo de los machos

El lunes se emitió el último capítulo de la serie «Monzón», la historia de lo que se conoce como el primer femicidio mediático: de ídolo popular a asesino.

Monzón, el ídolo de los machos

escriturafeminista.com // Domingo 08 de septiembre de 2019 | 22:08

Admirado por el pueblo, un tipo de barrio que se hizo desde abajo, proveniente del interior pero que triunfó en la gran ciudad. Una de esas historias de esfuerzo meritocrático que tanto gustan a la sociedad argentina. «El más grande de todos» para muchos, que tomaron su imagen como icono y muchas veces olvidan que Carlos Monzón fue un femicida.

A pesar de los avances en la conciencia social sobre los casos de violencia machista e incluso luego de las multitudinarias manifestaciones de #NiUnaMenos en la ciudad de Santa Fe, el exboxeador tiene un monumento en su nombre y «una gran cantidad de defensores que insisten en separar lo personal de lo político», tal como cuenta Victoria Rodríguez, Comunicadora Social santafesina.

El listado de exitosos deportistas que han sido denunciados por violencia de género es extenso: en Argentina, futbolistas como Ricardo Centurión, Hernán Tifner y Alexis Zárate y boxeadores como Carlos «Tata» Baldomir y Fabio «La Mole» Moli (por nombrar algunos) han tenido que declarar ante la justicia por este tipo de delitos. En el mundo, tenemos más casos como los de Neymar y Cristiano Ronaldo.

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A pesar de que es innegable que existe una cuestión sistemática de violencia patriarcal, muchas veces, las maneras de abordar este tipo de situaciones en los medios de comunicación recaen en la individualización. Por ejemplo, «Atraviesa uno de los peores momentos», tituló Infobae en una clara postura desde la mirada del victimario, cuando Centurión fue denunciado por violencia por su exnovia.

Cualquier parecido con la realidad es pura misoginia

El caso Monzón no fue ni el primero ni el último en el que un personaje popular ejerce violencia machista sobre su pareja pero quedó explícito el rol del periodismo al revictimizar a Alicia Muñiz: «Mostraron su cuerpo desnudo, tirado y desechado. Hablaron de sus parejas anteriores, de cómo estar con Monzón le había dado fama», asegura Rodríguez.

La imagen de «mala víctima» suele ser acompañada con la del «pobre hombre», que intenta desligar al violento de la responsabilidad de sus actos. Hoy muchas de las denuncias que llegan a hacerse públicas son desestimadas, cuestionadas o difamadas y se encuentran excusas como las que se escuchaban en el año 88, adjudicadas al consumo de drogas, al alcoholismo, al origen humilde del victimario, a su fama o al dinero.

«El único problema que tuvo Carlos es el alcohol, eso lo llevó al desastre total», dijo en su programa del prime time Susana Giménez, expareja del boxeador. Este tipo de afirmaciones son tan comunes como peligrosas, porque exculpan al violento de sus acciones vinculándolas a sus consumos y normalizan la situación. No, Susana, no fue el alcohol lo que lo llevó a matar. Fue la violencia patriarcal.

«El sometimiento a las mujeres víctimas de violencia de género en contextos en los que están presentes el alcohol y otras drogas ejerce una doble victimización. De una parte, la propia violencia que sufren; de la otra, las dificultades para el reconocimiento de su condición de víctima por la propia persona», explica el informe «Consumo de alcohol y violencia de género. Perspectiva de los y las profesionales del ámbito de las drogodependencias, jurídico y social».

«Vos, ¿qué hiciste para que te pegue?»

«Lo personal es político», rezaban las feministas de la segunda ola en los años 60 cuando exigían derechos reproductivos, se interpelaban a sí mismas en el afán de llevar la lucha a sus casas, sus camas y sus vínculos y ponían en crisis todas esas construcciones. Pero un femicida ¿también se construye?

La decisión de ponderar la habilidad deportiva a los valores humanos es puramente ideológica. En el Consejo Municipal de Santa Fe hubo propuestas para mejorar los monumentos que el femicida tiene en la ciudad pero fueron las mujeres las que se resistieron a dar continuidad a esos proyectos: «Me dijeron de todo cuando me opuse. La pasé mal», recordó Marta Fassino, exconcejala y periodista.

«Consideramos que ningún femicida, tenga el oficio o la profesión que sea, puede tener un monumento en un espacio público. Si un científico descubriese la cura del cáncer y fuera un femicida el cuestionamiento sería el mismo», señalan desde el colectivo Ni Una Menos pero las justificaciones no tardan en llegar cuando de deportistas exitosos se trata.

Galanes al ataque

En los años 80, la violencia contra la mujer solía ser tipificada como «crimen pasional», «drama pasional» o «familiar», reservado a lo privado y al «puertas adentro». El concepto de «femicidio» no existía en el código penal y la gente reía con los sketchs humillantes y cosificadores de Olmedo y Porcel. Los galanes de novela tenían permitidas varias conductas hoy entendidas como machistas.

Susana Gimenez recuerda el día que conoció a Monzón y cuenta que la saludó con un beso en la boca. Ella, sorprendida, preguntó a quien la acompañaba: «¿Viste que me dio un beso en la boca?». La otra persona le respondió: «Bueno, dejalo, es así». Mientras cuenta esta anécdota en televisión abierta, se escuchan risas desde el estudio y del público: otra vez la impunidad del «caballero exitoso».

La violencia de pasar por alto el consentimiento al «encajar» un beso desprevenidamente es invisible en el sillón de Susana, pero los tiempos de la TV no son los de las calles, las escuelas y las redes. Cada vez en más ámbitos se empiezan a cuestionar las viejas estructuras desde donde se protegían a los machos de la farándula y este tipo de situaciones ya no son toleradas. Los galanes ya no parten corazones, se cuidan.

«En tiempos donde repensamos cómo nos representan en los medios, en las películas y en las artes, los héroes deportivos no escapan al revisionismo», reflexiona la comunicadora Rodríguez. Las coberturas mediáticas tampoco deben escapar a esa reconstrucción de hechos. Hoy las herramientas para no crear «ídolos femicidas» están ahí, solo hay que querer y saber utilizarlas.

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