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El aciago circo amarillo

Los gustos se dan en vida, dice un viejo refrán. Para Macri y su pandilla, es una ley y la cumplen a rajatabla. Primero, en el principado de la CABA y desde hace tres años y medio, en La Rosada SA. Gustos de todo tipo, desde llenar de inservibles el gabinete hasta gastar fortunas en una prensa cómplice; desde endeudar el país por cien años hasta hundir en la miseria a millones de argentinos; desde ostentar los peores números en décadas hasta exudar cinismo con las excusas de siempre. Todo lo hacen por el puro gusto de someter al país a la angurria internacional, congraciarse con el Imperio y, de paso, engrosar sus arcas personales.

El aciago circo amarillo

www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com // Domingo 26 de mayo de 2019 | 17:51

(Por Gustavo Rosa) Para concretar tantos deleites, los amarillos tuvieron que bombardear mentes con lemas odiadores hacia todo. Alimentar tantos prejuicios como sea posible y después, disfrutar de los resultados. Si un uniformado balea a alguien por la espalda, explican que actúa en legítima defensa, cumple con su deber o nos libera de los delincuentes. Total, las presiones a los jueces pueden convertir las causas en una pelota de tenis, como hacen el Tribunal Oral 7 y la Fiscalía de Menores 2 tratando de desprenderse del Caso Chocobar. Si el desprecio a los morochos que destilan sin piedad provoca que un conductor incendie a dos personas en situación de calle, sólo balbucearán algunas frases de poster para disimular la satisfacción por el buen resultado de tanta prédica. ¿Con cuánto veneno debe haber cargado su corazón para realizar, filmar y difundir una atrocidad así? ¿Qué le habrá hecho pensar que merece una medalla por este ‘exterminio patriótico’? ¿Qué le hará sentirse tan impune?

Los PRO se dan el gusto de hacer del desprecio una norma de convivencia. Ellos, que dejaron de distribuir netbooks a los estudiantes ahora dicen que eso es “como repartir asado y no tener parrilla”. Un desprecio que está en la manera en que banalizan lo que nunca necesitaron y les importa un bledo. Como la verdad, a la que pisotean sin pudor. También desprecian y pisotean la inteligencia de sus destinatarios. La ministra Bullrich siempre hace gala de eso. Alarma pensar que no disimula y es verdaderamente así. En un intento de eludir la conexión demostrada entre su celular y el del espía ilegal y falso abogado Marcelo D’Alessio, explicó que su “nieto lo usa para jugar”. ¿En qué país del mundo duraría un funcionario de Seguridad cuyo teléfono es juguete de un chico? Y ni hablar de Oscar Aguad, que para destacar su inoperancia al frente del ministerio de Defensa cuestionó la formación de los 44 tripulantes del ARA San Juan. Por supuesto, cosechó el repudio de los familiares, que exhibieron currículums y certificados para demostrar que el incapaz es el propio funcionario. También cosechó denuncias judiciales, pero sigue en su cargo ostentando su inutilidad todo terreno, el deporte favorito de los PRO.

Encaprichados y peligrosos

Como todos son niños ricos, están habituados a que sus caprichos se hagan realidad, como aplicar un plan de despojo como si fuera un programa de gobierno. Los PRO son la cara visible de una clase parasitaria con la que jamás se podrá consensuar nada. ¿Qué se puede acordar con la Sociedad Rural de Entre Ríos que, ante un fallo judicial que impide fumigar en la proximidad de las escuelas, responden que trasladarlas es más conveniente que abandonar los dañinos agronegocios? ¿O con los grandes empresarios, que sostienen que la solución a todo es quitar impuestos y bajar salarios, pero nunca reducir sus monstruosas ganancias?

También se dan el gusto de poner y sacar jueces de acuerdo a las necesidades de sus trapisondas. Para eso, convierten los tribunales en maquetas que arman y desarman a su antojo, a mucha distancia de la independencia que tanto proclaman. Lo que en algún momento se le escapó al empresidente Macri: “queremos jueces que nos representen”, un eufemismo de “nos obedezcan”. Algo de eso hay: desesperados hacen lo imposible para incautar la causa que lleva adelante el juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla, ratificado muchas veces por la Cámara de Mar del Plata. Tan preocupados están, que mandaron a una de las involucradas, Mariana Zuvic para que denuncie a Alberto Fernández como armador de esta causa, una manera poco sutil de invitar a los jueces cómplices de Comodoro Py para que la absorban y neutralicen.

Para que no queden dudas, los PRO son los exponentes del Poder Real y tienen como objetivo refundar la República a la medida de sus apetencias, no sólo económicas sino también simbólicas. Con todas sus herramientas, quieren reescribir nuestras conciencias para que aceptemos que éste es el camino, aunque el destino sea horroroso. Como no la están teniendo tan fácil y no hay logros para ostentar, articulan la campaña con la corrupción K, el mejor argumento para conquistar desprevenidos. Por eso el martes, Cristina se volvió a convertir en Cadena Nacional.

Aunque no estén las pruebas, la acusación debía leerse y generar la foto más buscada: la ex presidenta sentada en el banquillo, con Madres y Abuelas como ángeles custodios. La causa “Vialidad” ya fue juzgada en los tribunales provinciales de Santa Cruz y todos los involucrados fueron absueltos: no hay sobre precios, sub ejecuciones, demoras ni desvíos. Las auditorías de Vialidad Nacional no registraron nada irregular pero el juicio arrancó igual, sólo para obtener la foto. Un juicio que tiene como testigos a Leonardo Fariña, Daniel Santoro, Mariana Zuvic y Paula Oliveto, todos involucrados con D’Alessio por armar causas falsas. También estará Federico Elaskar, ablandado por Luis Barrionuevo en su departamento para que declare contra Cristina. Un juicio que busca tildar de culpables a los que no pueden serlo, porque la obra pública es ejecutada por las autoridades provinciales y no por las nacionales. Un juicio con embargos calculados a ojo pero sin fundamento que está condenado a la nulidad, porque no se respetan las garantías procesales mínimas, como el derecho a la defensa y las pruebas que funden la acusación.

Un circo, no más que eso. Una metáfora poco original pero bastante precisa. Un circo de muchas pistas, con maquillaje espectacular para disimular su mediocridad, destinado a un público poco exigente y fácil de encantar. Avejentadas fieras salvajes, antipáticos payasos y pésimos magos hacen las delicias de los menguantes cautivos. El 51 por ciento que optó por este engendro se está reduciendo a la mitad. Aunque esto es auspicioso, no es indicativo de que hayan aprendido la lección: apoyar a los poderosos nos pone a merced de la pulsión predatoria con que incrementan sus fortunas. Capaz que en unos años, vuelvan a comprar entradas para ver el mismo espectáculo.

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